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Los desafíos de ser una docente por la inclusión en Santa Fe

La santafesina Verónica Rinaudo, quien trabaja desde hace 18 años en educación especial, cuenta cuáles son los cambios de paradigma y los retos de la escuela actual.

En 2008, Argentina adhirió a la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad mediante la Ley 26.378. Seis años después, en 2014, el marco social que se comprometió a asegurar un modelo de educación inclusiva en todos los niveles adquirió garantía constitucional.

De esta manera se amplió la relación histórica de los docentes de educación especial con los estudiantes y estos cambios aún se están procesando.

A partir de ese momento, se dispuso el derecho a la educación obligatoria de las personas, imponiendo a la educación especial el rol de acompañamiento, garantizando una trayectoria única, continua y completa. Estas modificaciones cambiaron el proceso educativo tanto dentro como fuera de las aulas.

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El principal cambio que se manifestó fue el lugar de estudiantes y docentes, las escuelas especiales se refuncionalizaron pasando a ser un centro de recurso para el acompañamiento de las trayectorias de los estudiantes en las escuelas de nivel obligatorio donde concurren los niños, niñas o adolescentes con discapacidad.

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El trabajo de Verónica es detectar todas las barreras que impiden que la persona pueda convivir con otros, para derribarlas o para minimizarlas.

El trabajo de Verónica es detectar todas las barreras que impiden que la persona pueda convivir con otros, para derribarlas o para minimizarlas.

Verónica Rinaudo, una docente santafesina de educación especial de 18 años de carrera, recibió a AIRE en las aulas anexas de la Escuela Nuestra Señora de Itatí del barrio Varadero Sarsotti de la capital provincial donde de lunes a viernes trabaja como docente de apoyo a la inclusión (DAI). Allí nos contó cómo es su día a día desde este cambio de paradigma.

Los cambios son muchos, se trabaja desde una integralidad. Ya no nos llamamos docentes integradoras como se nos denominaba antes, sino que somos docentes de apoyo a la inclusión (DAI). Al estar el niño, niña o adolescente conviviendo en un entorno de escolaridad obligatoria (en nivel inicial, primario y secundario), con otras personas que no tienen su misma condición y, en general, cercanos a lo que es la realidad de su barrio y familia, el abordaje es totalmente diferente”, comenzó a explicar.

“Nuestro trabajo -siguió- está basado en lo que dice la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, en donde se contempla al sujeto, a la persona, en interacción con su entorno y las barreras que el entorno presenta. Entonces, lo que nosotros hacemos, es detectar todas las barreras que impiden que la persona pueda convivir con otros, para derribarlas o para minimizarlas”.

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La profesional detalló que constantemente están planificando diversas formas de intervención en el proceso escolar.

La profesional detalló que constantemente están planificando diversas formas de intervención en el proceso escolar.

En esa línea –destacando que su rol es de “acompañamiento corresponsable" y aclarando que “los acuerdos son establecidos con sus docentes de grado, porque son estudiantes del nivel obligatorio y la autoridad pedagógica es del docente del nivel y no de la modalidad especial”–, la profesional detalló que constantemente están planificando diversas formas de intervención en el proceso escolar.

“Siempre, nuestro lugar es de asesoramiento, orientación y corresponsabilidad. A veces el trabajo se hace con ajustes individuales, y otras, y es a la que aspiramos siempre, se propone una diversificación de las propuestas para realizar en grupo o priorizando la socialización, todo depende de lo que el niño, niña o adolescente necesite, atendiendo a sus particularidades”.

Diversidad de realidades

Verónica, que además de tener una participación activa diaria en la escuela de gestión privada donde nos recibió, cumple horas en la gestión pública acompañando diversas trayectorias en varias escuelas del nivel inicial y primario, mencionó que forma parte de un equipo de colegas que pertenecen a una escuela especial que hoy tienen a cargo el acompañamiento de las trayectorias escolares de estudiantes de todos los niveles en toda la ciudad de Santa Fe.

“El número de estudiantes se puede modificar a lo largo del ciclo lectivo, atendiendo a la demanda. Las intervenciones varían de acuerdo a cada niño, niña o adolescente. Teniendo en cuenta que el diagnóstico no es la única variable posible a tener, sino también porque hablamos de distintas situaciones sociales complejas que condicionan a los sujetos”, sentenció.

“No es lo mismo un niño que va a una escuela del centro, que quien asiste a una en un barrio de la periferia. Muchas veces la situación económica de las familias en casos de atención a la discapacidad es determinante de lo que puede lograr ese estudiante, porque hablamos de situaciones complejas donde no se cubren las demandas básicas, y eso dificulta la periodicidad de asistencia, sostenibilidad de los tratamientos médicos, entre otras cosas”, agregó.

Al respecto, la docente hizo alusión a los desafíos que enfrenta desde su lugar como herramienta de inclusión social de cada estudiante. “Las realidades son diversas y el trabajo interdisciplinario es fundamental. En algunas escuelas contamos con el equipo psicopedagógico, en otras con asistentes sociales y todas las decisiones que tomamos se hacen siempre en equipo".

"El trabajo es en red -enfatizó-, porque la mirada de todos ellos respecto de lo que ven en el hogar del estudiante, en entrevistas con las familias, sobre lo que necesitan o pueden aportar, va a repercutir mucho en lo que son sus posibilidades y logros”. “Las familias son un pilar fundamental en la escolarización de los niños”, puntualizó.

Por último, la profesional se refirió a la responsabilidad de la sociedad toda que todavía no termina de apropiarse y comprometerse en el cambio de paradigma. “Podemos estar de acuerdo o no con los nuevos modelos, pero en lo personal adhiero a la inclusión. Trabajo a diario por ello, y considero que falta recorrer mucho como sociedad toda".

A su criterio, "tenemos a disposición todas las normativas, convenciones y leyes, pero necesitamos más recursos y compromiso político para que no haya diferencias de oportunidades para con los estudiantes, porque con diagnóstico o no, hablamos de sujetos que son diversos a la hora de cómo aprender”, enfatizó.

Y cerró: “Estoy esperanzada en que justamente con educación y el compromiso criterioso de todas las partes intervinientes podremos cambiar la mirada sobre la educación inclusiva, para que sea verdaderamente equitativa y con igualdad de oportunidades. Falta mucho, pero estamos en marcha”.