Más allá de la sequía que impacta en los alimentos básicos, buena parte de las divisiones o capítulos del Índice de Precios registraron en los últimos meses aumentos superiores a los de alimentos y bebidas no alcohólicas.
Prendas de vestir subieron 120,7% versus 115% de alimentos. Restaurantes y Hoteles 126,6%, Equipamiento y mantenimiento del hogar 111.3%, Recreación y cultura 105,2%, todos rubros sin impacto de la sequía.
Tampoco se puede atribuir la inflación a los salarios o al costo laboral por cuanto los salarios registrados acumulan una pérdida real de más del 20% en los últimos 5 años y los salarios no registrados superan una caída del 30%.
La sequía está afectando el ingreso de dólares del comercio exterior, pérdida que se calcula en el orden de los U$S 20.000 millones, en un contexto de fuerte crecimiento del endeudamiento externo y pérdida de reservas.
Con este escenario, el acuerdo con el FMI prevé una mayor devaluación del tipo de cambio oficial y el Gobierno viene aplicando el pago de dólares extraordinarios (ahora a $300, $70 superior a la cotización oficial) a las liquidaciones de soja y de productos de economías regionales que se traslada a los precios internos.
Con las reservas del Banco Central por el piso, la actividad económica está sintiendo las dificultades de importación de insumos y piezas para la producción. Esto llevaría a que 2023 combine estancamiento con altísima inflación y dolarización.
La expectativa devaluatoria está inscripta en el programa de las fuerzas políticas que resultarían ganadoras de las próximas elecciones nacionales, incluso en el actual oficialismo y sobre todo la más extrema, la llamada dolarización.
La mayor inflación y la dolarización de ahorros fueron llevando al Banco Central a subir la tasa de interés hasta el 91% anual con el objetivo de que los ahorristas en pesos no se pasen al dólar en las distintas variantes permitidas y no permitidas.
Ahora, con el 8,4% de inflación de abril, el 91% se quedó corto porque representa un 7,6% mensual, lo que debería llevar al BCRA a elevar la tasa en torno del 100%, encareciendo el crédito y la refinanciación de las tarjetas de crédito.
Pero la inflación no muestra signos de desacelerarse. En lo inmediato, mayo podría repetir el índice de abril por arrastre estadístico (los mayores aumentos fueron en la última semana de abril) a lo que se agregan los aumentos de los servicios públicos, prepagas, telefonía celular e internet y los nuevos incrementos de los precios de los alimentos básicos.
Inevitablemente, las paritarias ya cerradas y las que aún no acordaron tendrán que negociar los convenios colectivos de trabajo con estas pautas e índices inflacionarios. Y además el Gobierno debería instrumentar algún refuerzo de ingresos. De lo contrario, los índices de indigencia y pobreza pegarán un salto mayor al 8/9 y 40% con el agravante político que la medición del INDEC se conocerá en pleno proceso electoral.
Todo lleva a que 2023 concluya con una inflación piso del 150%. Y un 2024 incierto según el resultado electoral.
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