Para la Iglesia, la pobreza volvió a crecer

En los próximos días, el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) difundirá un documento sobre el período 2010-15 y la actual coyuntura. En el mismo, se reflejará un nuevo aumento de la pobreza en la Argentina.
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Un extracto del relevamiento señala que el mayor riesgo de subocupación y empobrecimiento no afecta por el momento al sector formal de la economía, es decir los empleados registrados. A quienes más perjudica es a los trabajadores informales.

Al respecto, Agustín Silva, director del observatorio de la UCA dijo: “Los incrementos en los precios y las tarifas y la menor actividad interna están generando un aumento de la pobreza. Estos nuevos pobres son, en general, familias de trabajadores de sectores populares no marginales o clase media baja que no cuentan con sistemas de protección social”.

En un informe anterior, el ente universitario católico estimó que en el primer trimestre de 2016 hubo 1,4 millón más de nuevos pobres en el país. Ahora expresa que todos aquellos que se suman día a día a la estadística “emergen de medidas ‘normalizadoras’ adoptadas por el actual gobierno”.

En un adelanto del informe, se indica que el avance de la pobreza afecta a “una amplia capa de trabajadores asalariados precarios, trabajadores independientes no profesionales, pequeños comerciantes y trabajadores eventuales (no menos de 3 millones de personas) los cuales, además de carecer de visibilidad y de representación política, o debido a ello, no han sido objeto de una especial protección social frente a la situación crítica generada por la caída del consumo, el aumento de los precios y el mayor riesgo de despido o caída de la actividad”.

En cuanto a la discusión sobre el empleo, el Observatorio de la Deuda Social considera que bien no hay todavía una crisis ocupacional. A la vez que destaca que para estos sectores “en nada habría ayudado la ley antidespidos” pero que sí habría significado “una más clara decisión política a proteger, subsidiar y promover más fuertemente el empleo, el consumo y el nivel de actividad en los mercados donde estos segmentos se desenvuelven”.

La evaluación de la UCA advierte, por su parte, sobre el riesgo de generar demasiadas expectativas en el supuesto derrame social que se generaría a partir de la llegada de las esperadas inversiones. Lo afirma porque considera que existe una serie de barreras estructurales que conspiran contra el desarrollo con inclusión social. Para la UCA en nada ayuda a la distribución de la riqueza la concentración económica, la inserción internacional a partir de una fuerte especialización productiva basada en recursos primeros y la extranjerización de las empresas líderes.

“Muy rápidamente pueden sumarse miles de nuevos pobres si el derrame o las medidas de protección social tardan más de lo previsto, resultan débiles o no llegan”, concluye el anticipo del informe que se dio a conocer.

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