Todas las empresas que se autodenominen a sí mismas como modernas deben tener una visión innovadora. Sin embargo, muchas no saben cómo empezar a encarar ese proceso creativo y en ese sentido, comenzar por tomar en cuenta la necesidad del cliente puede ser un gran punto de partida. Lo primero que hay que preguntarse, entonces, es ¿quién es nuestro cliente? Y aunque parezca una obviedad, saber reconocerlo y describirlo es un excelente punto de partida.
Para el caso de las compañías que ofrecen servicios tecnológicos, por ejemplo, sus propios clientes -que a la vez son otras compañías- “suelen tener una mirada muy asertiva sobre su negocio y un conocimiento muy profundo del mismo”, dice Leonardo Bracco, gerente general de operaciones de Latam de CloudHesive. Y es a través de ese conocimiento que las compañías de servicios deben enfocarse en brindar soluciones tecnológicas que se adapten a ese modelo de negocio y le permitan darles a industrias más tradicionales los beneficios centrales de la industria de la tecnología como la escalabilidad, la velocidad, y la economía, para que potencien su negocio.
Si hablamos de bienes y productos diseñados para el consumidor final, las empresas deberán medir la satisfacción de sus clientes, conocer sus necesidades, identificar las carencias y trabajar en procesos creativos que cubran esas demandas con nuevos productos. Aquellas compañías que tienen productos propios deben poner mucha atención y tener cercanía con las necesidades de sus clientes y en la mejora continua de un producto.
Cuando se trata de servicios, cuentan desde CloudHesive, hay que desarrollar capas de interacción con el cliente que los acerquen y les permitan entender las necesidades actuales, y aquellas potenciales, para brindar soluciones que a su vez les permitan a sus clientes enfocarse en el negocio. Una de las maneras en las que la innovación puede lograrse con éxito es a través de la alianza con socios estratégicos.
“Los socios estratégicos son aquellos que nos potencian y nos permiten enfocarnos en los servicios core de nuestra compañía”, explica Bracco. Esos partners aportan valor desde su experiencia y su conocimiento y cuando se conjuga la potencia de una pequeña empresa con la vasta experiencia en negocios de los socios, las soluciones se brindan de forma más asertiva y en menor tiempo.
Donde hay un cliente, hay una necesidad
Innovar pensando en los usuarios implica hacer el bien “mirando a quién” porque todo el diseño de una nueva solución o producto parte inexorablemente de los clientes como centro de toda la estrategia de creación. Algunas preguntas iniciales que pueden servir para que el proceso tenga éxito pueden ser: ¿qué problema está intentando resolver?; ¿qué necesidad desea cubrir?; ¿cómo quiere sentirse utilizando este nuevo producto?; ¿lo utiliza solo o con su familia?; ¿para qué momento de su vida diaria lo necesita?.
Todos estos interrogantes pueden agruparse en lo que se llama un mapa de trayectoria, donde el equipo de innovación va a volcar hasta los más pequeños detalles que se conocen de los clientes, identificando no solo la usabilidad de un producto sino la emocionalidad que ponen los consumidores en el mismo. “Desarrollando soluciones para nuestros clientes, luego podemos adaptarlos como servicios permanentes”, cuentan desde CloudHesive. De esa forma, el desarrollo de una solución que tuvo como punto de partida una necesidad pasa a formar parte del negocio y llega incluso a convertirse en un nuevo producto para futuros clientes.
Las compañías y organizaciones deben poder entender que volcarse a la innovación no es un capricho sino más bien amoldarse al nuevo contexto que necesita nuevas habilidades, herramientas y sobre todo, prioridades. La competencia de la innovación, se vuelve cada vez más relevante porque el contexto cambió y en consecuencia los clientes. Pero así como las unidades de negocios nuevas son disruptivas y por ende creativas, ya que vienen a mostrar una nueva forma de hacer las cosas, es válido preguntarse ¿realmente estamos innovando o es más de lo mismo “con otro color”?. La respuesta se encuentra en la materialización de la innovación, desde las pequeñas hasta las grandes iniciativas.
La innovación debe ser “una forma de hacer las cosas” para que sea cierto y no solo un concepto. Innovar es salir de la zona de confort, lo que significa inevitablemente crecer, adaptarse y progresar. Afortunadamente, son cada vez más las empresas que se animan a desafiar el statu-quo, para expandirse hacia otras formas de hacer las cosas, generando nuevos servicios y productos que fidelicen a sus clientes y que atraigan a nuevos consumidores a sus unidades de negocios.
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