Menos empleo registrado y pérdida del salario: el deterioro de las trabajadoras de casas particulares

El sector perdió 30.133 puestos de trabajo registrados entre noviembre de 2023 y mayo de 2026. A la caída del empleo formal se suma un fuerte deterioro del salario real y una elevada pérdida de derechos laborales.

PORTADA NOTA ISMAE empleadas domésticas casas particulares

Desde noviembre de 2023 y mayo de 2026 se perdieron 30.133 puestos de trabajo registrados en el sector de Casas Particulares: pasaron de 629.660 a 599.527 trabajadoras, según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT).

El último Informe de Informalidad Laboral del INDEC ubica al personal doméstico con un 78% de empleo no registrado, el porcentaje más alto entre todas las actividades, seguido con el 73,8% en la construcción.

El deterioro también se refleja en los ingresos. El relevamiento señala que la remuneración promedio mensual de las trabajadoras alcanza los $ 338.700, pero la mitad percibe menos de $300.000. El promedio del salario por hora es de $ 4.886, mientras que el 50% cobra menos de $ 4.278 por hora.

Hasta julio, el sueldo de las empleadas de tareas generales con retiro – la categoría más numerosa – era de $ 458.053,22 o $ 3.733,72 la hora. En noviembre de 2023 era de $ 160.791 o $ $ 1.311 la hora. Representa en 32 meses un aumento del 184,9 % versus una inflación, a julio 2026, del 328,8%. Es una pérdida del 33%.

Empleadas de casas particulares: deterioro del poder adquisitivo

Así, el personal doméstico -con 1,7 millón de trabajadoras, con 3 de cada 4 trabajadoras en la informalidad-acumuló durante la actual gestión de gobierno una caída equivalente a poco más de un tercio de su poder adquisitivo, por encima de las pérdidas con los gobiernos anteriores. Y esto a pesar que el empleador de personal de casas particulares puede deducir la remuneración abonada a los y las trabajadores y las contribuciones patronales ingresadas de la base imponible del Impuesto a las Ganancias.

“El límite anual del monto deducible es igual al de la ganancia no imponible”, aclara el ARCA/AFIP.

El personal de Casas Particulares es el sector laboral más numeroso, con mayor informalidad y una caída del salario real casi similar a la de los empleados del sector público nacional.

Así, la informalidad no solo implica menores ingresos, sino también la pérdida de derechos laborales y de protección social. Según un Informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), Personal de casas particulares, Ecofeminita, Oxfam, el 76,7% de las trabajadoras no cuenta con cobertura de obra social, el 74,1% no cobra los días correspondientes a licencias por enfermedad, el 73,3% no tiene vacaciones pagas y el 71,7% no percibe aguinaldo.

La precariedad se suma a una fuerte carga de trabajo doméstico y de cuidados. El 76% de las trabajadoras realiza, además, tareas de limpieza y cuidado en su propio hogar. A su vez, el 53,8% tiene una jornada laboral considerada plena, de entre 35 y 45 horas semanales, mientras que el 30,5% se encuentra subocupada y manifiesta disponibilidad para trabajar más horas. Otro 8,8% supera las 45 horas semanales.

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La situación económica de los hogares también resulta determinante. Casi cuatro de cada diez trabajadoras -el 39,8%- constituyen el principal sostén económico de sus familias, por lo que la pérdida de horas de trabajo o el deterioro salarial impactan directamente sobre los ingresos del hogar.

La caída del empleo como reflejo de la crisis

La reducción de puestos registrados también funciona como un indicador del deterioro del poder adquisitivo de los hogares que contratan estos servicios. La pérdida de ingresos de sectores medios y jubilados puede traducirse en una reducción de horas, la discontinuidad del vínculo laboral o el pasaje de relaciones registradas hacia la informalidad. En este sentido, el empleo en casas particulares constituye un sector particularmente sensible a las variaciones del ingreso disponible de los hogares.

Los salarios convenidos en esos acuerdos constituyen los mínimos establecidos legalmente, lo que permite que las partes del vínculo laboral puedan negociar mejores condiciones salariales.

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