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Economía Deuda | reservas | déficit fiscal

Más deuda, menos reservas: los riesgos de tener déficits en las cuentas externas

La cuenta corriente cambiaria lleva seis meses al hilo en rojo. En noviembre de 2024, el déficit fue de 911 millones de dólares, según datos del Banco Central.

Por sexto mes consecutivo, la cuenta corriente cambiaria tuvo, en noviembre de 2024, un déficit de 911 millones de dólares, según el último informe del Banco Central. Pese a que la Argentina exporta más de lo que importa, este resultado negativo se debe fundamentalmente a los pagos de servicios, fletes, seguros, intereses de la deuda y turismo al exterior.

Estos déficits se cubren con préstamos o con pérdida de reservas. Mientras la cuenta corriente cambiaria continúa con déficit, la cuenta financiera registró el cuarto superávit mensual consecutivo.

Hasta ahora, el Gobierno apeló a estos dos recursos, pero este permanente desequilibrio refleja una distorsión que tiene varias patas: una de ellas es el fuerte endeudamiento con vencimientos de corto plazo y otra es el tipo de cambio que impulsa a los argentinos a importar bienes que se producen en el país, a “tours” de compras y al turismo en el exterior.

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Esto agravado porque el gobierno de Javier Milei está incentivando las importaciones como una herramienta de presión para reducir la inflación.

“La dinámica de los préstamos financieros es la principal causa detrás de este resultado”, dice la Consultora PxQ. Y agrega dos importantes datos: al incluir el 20% liquidado en el dólar financiero, la liquidación de divisas por parte del complejo agrícola alcanzó el tercer mayor monto desde 2003 en diciembre 2024. Y que si no rigiese el esquema del dólar exportador la cuenta corriente cambiaria sería superavitaria en + US$ 735 millones. Sin embargo, este esquema le es útil al gobierno para mantener la brecha cambiaria estable”.

De esta manera pese a los pagos de deuda, el endeudamiento público sigue creciendo y el cepo cambiario actúa como un limitante para la demanda de divisas y como un aliciente para la oferta que recibe un dólar-mezcla (80% dólar oficial, 20% dólar financiero).

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Pese a la caída de las reservas, el presidente Javier Milei sigue tratando de economistas “chantas” a quienes resaltan el atraso cambiario y asegura que el peso seguirá apreciándose.

Pese a la caída de las reservas, el presidente Javier Milei sigue tratando de economistas “chantas” a quienes resaltan el atraso cambiario y asegura que el peso seguirá apreciándose.

Se atribuye, con razón, que la avalancha importadora y del turismo externo se explican por el incentivo del atraso cambiario. Este atraso es evidente en las masivas salidas de argentinos al exterior por los precios más bajos en dólares en Brasil, Chile, Estados Unidos o la mayoría de los países europeos.

Sin embargo, el presidente Javier Milei califica de economistas “chantas” a quienes resaltan este atraso cambiario y asegura que el peso seguirá apreciándose. Por ejemplo, las consultoras y analistas privados pronostican para 2025 una inflación del 25,9% y un dólar con una variación inferior, del 18,1%.

Pero no escasean las advertencias, abonadas por la propia historia económica del país. Que el atraso cambiario y la avalancha importadora frenen la actividad económica, que bajen los precios internacionales de los bienes que la Argentina exporta, que el proteccionismo externo limite al alcance de nuestras exportaciones, que se acentúe el atraso cambiario por la suba de la tasa de interés internacional, etc... Como se puede apreciar, los imponderables abundan.

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Por ejemplo, Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) señala que “un equilibrio macroeconómico sustentable tiene varias patas, y una de ellas –particularmente en el caso de un país emergente relativamente aislado, como es el caso argentino- es la de ser capaz de mantener en equilibrio la cuenta corriente mientras no se tengan las garantías de que “lloverán” inversiones directas para financiar la diferencia entre ingresos y egresos”.

“Esto –continúa el informe de FIEL– es parte de la tarea de ganar reputación. Y mientras se está forjando reputación mejor no jugar con los instrumentos monetarios y cambiarios para satisfacer fines coyunturales, a riesgo de que un shock nos desvíe del camino trazado. No siempre las crisis son el resultado de la “mala suerte”, sino que muchas veces dependen de haber seleccionado estrategias riesgosas que solo pueden sostenerse por un tiempo limitado”.