“Procuraremos reducir la inflación en un rango de 38%/48% para fines de 2022 y en cinco puntos porcentuales adicionales por año hasta fines de 2024. La estrategia de desinflación se basará en un enfoque de varios frentes que abarcará políticas fiscales, monetarias y de precio-ingreso, adecuadamente calibradas. Se prevé que estas políticas ayuden a apuntalar la demanda de dinero, que, tras la caída registrada en 2021, se espera que en general se mantenga constante como proporción del PIB”.
Este pronóstico figura en el acuerdo de Argentina con el FMI. El margen de 10 puntos entre el piso y el techo inflacionario muestra el margen que se reserva el Gobierno en este dato clave de la economía. En 2021 la inflación fue del 50,9% con tarifas congelados y un dólar oficial que aumentó mucho menos que la suba de los precios.
Sin embargo, en los dos primeros meses de este año la inflación promedio aumentó en torno del 4% mensual, con una fuerte alza del precio de los alimentos. En tanto, marzo arrancó con aumentos más generalizados, en especial en el precio del pan y de los cortes de carne, de fuerte incidencia en Índice de Precios y en la Canasta de Indigencia. A eso se suma el 6% de las cuotas de las prepagas que se repite en abril, el reajuste de las cuotas de los colegios privados y aumentos en las tasas de varios servicios provinciales y municipales.
Mientras se formula este pronóstico, al mismo tiempo, el Gobierno se comprometió a incrementar las tarifas de los servicios públicos más allá de lo que tenía previsto, en tres rangos que en promedio podría rondar el 60%. Por otro lado, hay una suba muy fuerte de los costos de la energía, agravado por la invasión rusa de Ucrania.
También el Gobierno asumió el compromiso de acelerar la suba del dólar oficial por donde se canaliza todo el movimiento de exportaciones e importaciones, con su incidencia directa e indirecta sobre los insumos que provienen del exterior y sobre los precios internos de los bienes que la Argentina exporta, en especial los vinculados a los alimentos básicos.
Además, el Gobierno fijó una pauta salarial del 40%, con el compromiso de revisión si la inflación supera ese límite. Para mediados de marzo está convocado el Consejo del Salario Mínimo, que acumula un fuerte retraso con una caída del 30% del poder de compra con relación a fines de 2017, por lo que se espera que los aumentos que se aprueben busquen igualar o aventajar a la inflación. Esto implica que hacia mediados de mes debería reconvocarse al Consejo para que el salario mínimo no vuelva a sufrir una nueva caída.
Teniendo en cuenta que en 2021 la inflación fue del 50,9%, los gremios que firmaron sus paritarias con cláusulas de revisión están acordando ajustes en lo firmado el año pasado que incide sobre los costos de producción de este año.
Con base en estos y otros elementos, antes de difundirse el acuerdo con el FMI, las consultoras privadas que elevan sus pronósticos al Banco Central a fines de febrero de 2022, “proyectaron que la inflación minorista para el corriente año se ubicará en 55,0% interanual”
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