En tan solo una semana, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) le giró al menos 110.000 millones de pesos al Tesoro para financiar parte de la expansión del gasto público que se está generando para contrarrestar el impacto de la pandemia de coronavirus en la economía.
Según la serie histórica del informe monetario diario, la autoridad monetaria le giró al Tesoro unos $ 60.000 millones en concepto de "Transferencia de Utilidades" el 26 de marzo.
Unos días antes, el 19, el Banco Central le había girado otros 50.000 millones de pesos al Tesoro, en concepto de Adelantos Transitorios.
Sólo en marzo la asistencia al Tesoro Nacional alcanzó los 185.000 millones de pesos.
Desde que asumió el presidente Alberto Fernández, el Banco Central le giró al Tesoro unos $ 452.000 millones.
En paralelo, el BCRA fue desarmando Letras de Liquidez y le inyectó a los bancos públicos y privados fondos por unos $ 485.109 millones de pesos en lo que va del año.
Presión en los precios
El enorme crecimiento de la cantidad de pesos que circularán en la economía tendría una consecuencia ya conocida: un fuerte repunte de la inflación.
Las tres etapas y el efecto maquinita
Cómo si fuera sencillo, al difícil contexto global, en Argentina hay que sumarle los problemas adicionales de una economía que venía con serias dificultades.
Por un lado, las restricciones presupuestarias, la falta de acceso al crédito genuino, un dólar anestesiado producto de un estricto control de cambios, tarifas y precios de servicios congelados, con reestructuraciones de deuda en el medio, plantean un complejo escenario que acota el margen de maniobra con el que cuenta el Gobierno.
Sin embargo, la estrategia desde un principio fue aplicar medidas similares a las que adoptaron otros países para enfrentar los efectos del coronavirus en la economía.
Con transferencias directas de dinero, proteger el empleo a través de subsidios al trabajo y ampliar planes de seguro de desempleo, en síntesis, utilizar la caja completa de herramientas de políticas económicas para proveer liquidez a la economía.
Para financiar los programas de estímulo, el Banco Central tendrá que imprimir una cantidad industrial de billetes, donde el rebrote inflacionario será casi inevitable.
Según los analistas, este experimento sin precedentes en la era moderna, genera un escenario con final abierto, que se puede dividir en tres etapas:
La primera, es el efecto cuarentena extendida, dónde por ahora, no hay certeza en cuánto al tiempo que se pueda prolongar.
La segunda fase, se dará una vez superada la pandemia; enfrentar la peor parte de la crisis. Atravesar y atenuar un periodo de recesión como resultado del freno en el nivel de actividad por el aislamiento obligatorio.
La tercera y última etapa, será lo que suceda con la dinámica de precios y los niveles de inflación que deberá enfrentar la economía doméstica.
Financiar los programas de estímulo demandará mayor grado de gasto público y por ende mayor nivel de emisión monetaria, el rebrote inflacionario de esa emisión será casi inevitable, advierten los economistas, que se encuentran en plena revisión de sus pronósticos para lo que resta del 2020.
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