La tecnología está cada día más disponible y reemplaza muchas posiciones laborales de tareas repetitivas o algorítmicas pero, lejos de ser un ente autónomo, está hecha por personas. Lo que sucede, dice el consultor español en talento digital, Joan Clotet, es que “tanta pantalla, inteligencia artificial y ruido de efectos perversos nos hacen, a veces, olvidar esa perspectiva”. Entonces, cuanto más digital sea el mundo, más tareas mecanizadas haya y más decisiones condicionadas por datos y algoritmos tengamos “más conscientes debemos ser de nuestro poder y singular aportación de valor no digitalizable; poder tomar distancia nos permite descubrir el poder que tenemos como usuarios, consumidores y ciudadanos”. Es también una manera de ejercer espíritu crítico y no perder la posición frente a una tecnología a la que “nosotros mismos regalamos datos, atención y en definitiva, poder”.
Nuevo mindset humano digital
Dentro de las empresas, llegó el tiempo de generar negocios desde un mindset humanista y digital que persiga el desarrollo individual y colectivo de los colaboradores, porque la digitalización no es un propósito en sí mismo como sí lo es la evolución de las personas. Y para no perder a sus mejores talentos tienen que seguir trabajando en fomentar la innovación, el trabajo en equipo, la creatividad y la autonomía y pensar la digitalización y el desarrollo de la tecnología mediante una conciencia personal del “porqué” incorporarlas al trabajo diario, de cómo una vez adquiridas van a permitir desempeñar nuevas funciones o de cómo pueden mejorar el vínculo con el entorno laboral.
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“Cuando se habla de transformación digital en una compañía, resulta fundamental entender que estamos hablando de un cambio cultural y de un ciclo de transformación positiva", dice Alfredo Terlizzi, CEO y founder de Workia. No se trata de “tecnificar o de robotizar las empresas, sino que, justamente, se trata de un cambio de modelos mentales y de poder agregar capacidades digitales a los procesos y activos de un área para básicamente lograr más y mejores resultados pero no sólo para la compañía sino también para sí mismos”.
Para Cecilia Giordano, especialista en transformación digital y presidente y CEO de Mercer, el mindset que se requiere “es de crecimiento, teniendo una mirada de que el negocio tiene que ser más grande para los accionistas, para los colaboradores en oportunidades de carreras, para los clientes en unidades de agregado de valor a los servicios y para los proveedores para mejorar su cadena de valor”.
Respecto a los trabajadores que ejecutan estas tecnologías, dice la CEO y founder de TALENTUM, Cristina Oneto, “vemos un fenómeno de autoexplotación; como si una especie de fuerza bruta los dominara transformándolos en personas agotadas y devastadas. También hay una potenciación de la exponencialidad de la tecnología que olvida que detrás de cada desarrollo fue necesario que un colaborador desplegara su talento y creatividad”. Lo que sucede, explica, “es que son áreas dónde la remuneración es muy alta con relación a otras, algo que no se corresponde con que quienes ocupan esos puestos realmente aman lo que hacen”.
Para revertir ese fenómeno, dice Gustavo Guaragna, CEO de Snoop Consulting, “hay que repensar las estructuras con un enfoque humanista dónde tiene que estar cada vez más claro el propósito de los procesos. Los colaboradores quieren saber para qué hacen lo que hacen y tener un fin útil”. Y en cuanto al impacto de transformación que generan los procesos de digitalización en las personas que componen las organizaciones, Cecilia Giordano explica que “cuando un proceso de transformación tecnológico no funciona es porque no se identificó bien el problema, porque los usuarios no se subieron al proceso, porque no se prototipó y porque no se llevó a la acción: básicamente porque la incomodidad del proceso hizo que las personas pusiera resistencia y no hubiera transformación”.
La tecnología no sólo está cada vez más disponible sino que es cada vez más alcanzable por millones de personas. “No así el talento”, señala Gustavo Guaragna. Sobre todo, los nuevos saberes “que no tienen que ver con acumular conocimiento sino con habilidades de conseguir el conocimiento just in time, la capacidad de adaptarse, de poder trabajar en equipos con otros y de adaptar las prácticas”.
Frente a este despliegue tecnológico y de datos, las empresas van a tener que comenzar a gestionar recursos financieros o tecnológicos, “algo que siempre es más fácil que invertir y gestionar talento y motivaciones humanas”, dice Clotet. Y esto es así porque la tecnología es cada vez más accesible pero “las personas y su talento, motivación, creatividad, inteligencia relacional, etc. son
cada vez más valiosos y escasos” El humanismo digital promovido en una empresa “le da ventaja competitiva porque las personas -tanto empleados como clientes- la prefieren”. El punto de partida, continúa, “es sensibilizar a sus líderes y desarrollar medidas para que las personas no sean meros “recursos humanos”, crezcan y hagan crecer a otras personas y a la organización.
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¿Se puede humanizar lo digital?
De manera contundente, Joan Clotet cree que “hay una “pausa ética que debería realizarse cuando se desarrollan algoritmos que secuestran nuestra atención pero también cuando se desarrolla tecnología que asigna camas de hospital u otorga hipotecas”. Y esta pausa ética “debería estar presente en forma de sensibilidad y formación en los que desarrollan tecnología. También en la consulta a grupos de trabajo suficientemente diversos sobre los efectos a medio plazo de la tecnología en las personas. Cada organización que delega en algoritmos para tomar decisiones debería asegurarse que ciertas preguntas se hagan a tiempo para prevenir los posibles efectos negativos”.
Los datos dicen mucho sobre las personas y a través de su análisis es posible predecir comportamientos. Algunas organizaciones pueden usar “ese poder para influir en nuestras decisiones a su favor -comprar, opinar, votar, etc.- pero también las personas necesitamos ser más conscientes sobre a quién regalamos nuestros datos -la traza de nuestra vida digital- y con qué intenciones se van a usar. La transparencia sería el primer paso: qué datos tienen sobre nosotros y cómo se van a usar.
El futuro le sigue perteneciendo a los humanos
“Uno de cada tres líderes cree que va a poder reducir parte de su plantilla y cerca de 1 de cada 4 supone que probablemente la inteligencia artificial tenga un efecto en la reducción del número de trabajadores”, explica Gustavo Guaragna. Pero hay otras empresas que plantean que los trabajadores sean 10 veces más productivos, “que una persona que hace atención a clientes lo haga mejor que antes o que lo haga 10 veces mejor que antes, lo mismo con una persona que hace redacción de textos”. Eso demuestra que el talento humano seguirá siendo necesario pero con “skills de reacción más rápida”.
Para Joan Clotet, “podemos temer a un mal futuro pero tendremos el futuro que entre todos decidamos construir. Personalmente, creo que seguiremos relacionándonos con las máquinas como hace ya años que lo hacemos. Qué éstas tengan también comportamientos y decisiones más adecuadas a las necesidades de las personas depende también de nuestra conciencia y comportamientos como consumidores y/o creadores de tecnología”.
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