En las últimas horas, el equipo económico que comanda, Sergio Massa, se encuentra ultimando los detalles de una nueva edición del “ dólar soja”, lo que definiría un nuevo esquema cambiario para agilizar las exportaciones del agro, que se extenderá temporariamente a otros productos de economía regionales. El paquete de medidas serían anunciada este miércoles en la previa del fin de Semana Santa.
Con el objetivo de apuntalar las escasas reservas para cumplir con las metas que la Argentina se comprometió con el Fondo Monetario Internacional (FMI), también se buscará simplificar los diversos tipos de cotizaciones para no tener tantas variedades de dólar, como "Tarjeta", “Qatar”, “Tecno” o "Ahorro".
Las principales medidas que llegan para el dólar
Se aplicará un nuevo esquema cambiario, con un tipo de cambio diferenciar cercano a los $300, para un puñado de exportaciones del agro.
- La medida constará de un cambio diferencial más alto por 30 días para el complejo sojero y de 90 días para las exportaciones de bienes de las economías regionales.
- Con el objetivo de unificar criterios, se buscará simplificar las cotizaciones con las que se importan productos y servicios como el turismo.
El ministro adelantó que la puesta en marcha de este nuevo esquema permitirá simplificar el régimen impositivo para la importación de bienes y servicios y unificar diferentes tipos de cambios vigentes, cómo el dólar Tarjeta, Qatar y Ahorro.
Durante la primera edición, que se llevó a cabo en septiembre del año pasado, el sector exportador liquidó un total de US$ 8.120.315.975 en base a una comercialización de casi 14 millones de toneladas. En esa oportunidad, el tipo de cambio diferencial se ubicó que $200 por dólar.
En la segunda etapa, llevada adelante en diciembre pasado, el tipo de cambio fue de $230 por dólar y los productores se desprendieron de 6 millones de toneladas de soja, mientras que el monto liquidado se situó apenas por encima de los US$ 3.000 millones.
La nueva medida se pondrá en marcha en un contexto de una fuerte caída productiva en el agro como consecuencia de la sequía, cuya mayor intensidad se dio entre mediados de julio del año pasado y mediados del corriente mes de marzo.
Durante dicho período, la falta de lluvias, heladas tardías y tempranas y una ola de intensos calor impactaron en la producción de trigo, soja y maíz, con mermas en los volúmenes del 35% en conjunto respecto al ciclo anterior.
Según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA), se espera que la producción total de granos se ubique para la presente campaña en 84 millones de toneladas, frente a los 130 millones producidos en el ciclo 2021/22, lo que dejará como consecuencia una merma del 48% en las exportaciones, equivalentes a US$ 20.811 millones.
A la caída que se percibirá en el ingreso de dólares por parte del agro, se suma el alto nivel de ventas de dólares por parte del Banco Central (BCRA), que en lo que va del año ya se desprendió de casi US$ 3.000 millones en el mercado de cambio.
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Las exigencias del FMI a la Argentina
En su último informe, el Fondo Monetario Internacional (FMI) le pidió a la Argentina que apure la quita de subsidios a las tarifas energéticas para los sectores de mayor poder adquisitivo, al tiempo que exigió "limitar el impacto fiscal" de la moratoria previsional recientemente aprobada por el Congreso mediante "regulaciones estrictas" para que ingresen solo "aquellos de necesidad".
Así figura en el comunicado del organismo conocido este sábado, tras las reuniones que mantuvo en Washington el ministro de Economía, Sergio Massa, con la número dos Gita Gopinath y con la secretaria del Tesoro, Janet Yellen.
El texto reconoce que la sequía produjo un desajuste de los planes previstos en el acuerdo original para el 2023, por lo que reconocer la necesidad de reducir las metas de acumulación de reservas, que este año eran de US$ 12.400 millones, y que se reducirían en US$ 2000 millones.
Pero advierte sobre la necesidad de redoblar el ajuste para conseguir que el déficit fiscal se mantenga en el 1,9% del PBI, algo que en términos nominales seguramente va a subir debido al efecto de la inflación. Es decir, el número final podría ser más alto al previsto, pero siempre representando el 1,9% del PBI.
Gopinath señaló que "políticas macroeconómicas más prudentes en la segunda mitad de 2022 respaldaron una moderación de la inflación y mejoras en los saldos fiscal y externo, lo que ayudó a asegurar las metas del programa para fines de 2022".
Por ello, desde el FMI indicaron que "será fundamental garantizar que las tarifas de energía para usuarios residenciales y comerciales de altos ingresos avancen para alinearse completamente con los costos, incluyendo para reducir la regresividad del sistema".
Está claro, que al FMI no le cayó bien la noticia de la nueva moratoria para que 800.000 personas sin aportes previsionales ingresen al sistema.
La número dos del Fondo advirtió que "el costo fiscal de la nueva moratoria de pensiones debe mitigarse a través de regulaciones estrictas para apuntar la entrada solo a aquellos con mayor necesidad".
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Por otro lado, la funcionaria asegura que "las tasas de interés deben ser los suficientemente positivas" para favorecer la demanda de pesos, y que eventualmente será necesario incrementarse aún más para evitar shocks inflacionarios o cambiarios.
Sobre el dólar, Gopinath sostiene que la tasa de devaluación diaria del peso, denominada Crawling peg, "debería continuar apoyando la competitividad" con acciones que permitan "agilizar las exportaciones".
"A medida que las condiciones lo permitan y se aborden los desequilibrios, las medidas de gestión de flujos de capital, las prácticas de moneda múltiple y las restricciones cambiarias también deberían eliminarse, ya que no sustituyen a una política macroeconómica sólida", precisó.
Respecto del financiamiento en pesos, Gopinath advierte que "se necesitarán esfuerzos prudentes" para evitar "vulnerabilidades de corto plazo" y asegurar el financiamiento neto para el Tesoro.
En ese sentido, señala el organismo que "las intervenciones del Banco Central en los mercados secundarios de bonos deberían limitarse a abordar los riesgos de estabilidad financiera".
En tanto, Gopinath sostiene que "es posible que se requiera un endurecimiento adicional de la política macroeconómica y modificaciones adicionales a la política cambiaria para salvaguardar la estabilidad macroeconómica" y que "el apoyo político a las políticas del programa sigue siendo fundamental en el período venidero.
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