Con una dinámica insostenible, el Banco Central (BCRA) enfrenta el peor arranque en 20 años. Con la liquidación del agro en niveles mínimos y la demanda por parte de privados que continúa presionando, la entidad monetaria ya tuvo que sacrificar arriba de US$ 2.800 millones de reservas en ventas netas de divisas durante los primeros tres meses del año, lo que significó el peor inicio desde el 2003, tras la salida de la convertibilidad.
“Hoy la dificultad principal que enfrenta el BCRA ya no solo es cómo generar los dólares, sino cómo retenerlos”, advierten los analistas.
Es que, desde mediados de enero se agravó la racha vendedora por parte del Central que se encamina a terminar marzo con un rojo de US$1.800 millones mensuales para sostener las cotizaciones.
Las alarmas se encendieron en las últimas semanas, dónde la entidad que conduce Miguel Ángel Pesce, tuvo que enfrentar un ritmo de ventas netas diario de entre 80 y 100 millones de dólares para atender la demanda. Obligándolo a convalidar “microdevaluaciones” diarias en el mercado oficial, a un ritmo del 6% mensual, para no atrasar la cotización del dólar respecto de la inflación.
Las decisiones que tome el Banco Central en cuanto al dólar será clave para la economía en un año electoral, que históricamente suelen coincidir con períodos de tensión cambiaria en la plaza marginal.
La sangría, que comenzó en la segunda quincena de enero, se agudizó en marzo, en un mes donde se sintió el impacto de la sequía en los ingresos del agro.
Desde el equipo económico señalan que en medio de fuertes presiones sobre la demanda de divisas, a causa del desplome en la liquidación de agro, la plaza se secó y la autoridad monetaria se vio forzada a una intervención récord.
En medio de la turbulencia financiera global que generó una intensa volatilidad en los mercados y luego de ajustar la tasa de interés tras el preocupante dato de inflación que superó el 100% interanual, hoy todas las miradas se posan sobre la evolución del dólar y siguen de cerca la brecha cambiaria entre las diferentes cotizaciones, que supera el 90%.
Las reservas internacionales retrocedieron a los 36.850 millones de dólares, y las netas rondarían apenas los 1.000 millones de la moneda estadounidense.
Como resultado, según las proyecciones que hacen las consultoras, las reservas internacionales netas, (según metodología del FMI) rozan actualmente los US$ 1.000 millones, cayendo casi US$7.000 millones durante el 2023, un nivel muy preocupante que expone el pequeño poder de fuego que posee el Central, cómo alternativa para evitar un salto abrupto del tipo de cambio, el “mal mayor” que el Gobierno busca evitar a toda costa.
El soporte del FMI
El Gobierno argentino obtuvo en las últimas horas el visto bueno de los Estados Unidos ante el pedido de apoyo que realizó para fortalecer las reservas y así poder cumplir con las metas fijadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Este año Argentina debe reducir su déficit fiscal al 1,9% del PBI en medio de la peor sequía de la historia que le quitará recursos por unos US$ 20.000, (cerca de 4 meses completos de importaciones).
Alberto Fernández través de Biden, busca obtener el apoyo político para aceitar los mecanismos de aprobación en las próximas revisiones, mientras que Sergio Massa continúa en la búsqueda de oportunidades que pueden surgir de organismos multilaterales o privados para lograr nuevos fondos frescos para el país.
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En las próximas semanas, el Gobierno argentino tendrá que afrontar vencimientos de deuda clave que fueron postergados con el FMI por US$ 2.700 millones, mientras aguarda la aprobación formal de la revisión que ya tuvo el visto bueno del staff técnico, y que le permitirá al país recibir unos US$ 5.300 millones, para recomponer las agotadas reservas y asumir las futuras erogaciones.
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