Argentina sangra dólares y las cuentas externas se tiñen de rojo
El frente externo –comercio exterior, deuda externa, tipo de cambio, reservas del Banco Central– sigue condicionando la política económica. Y muestran un desequilibrio no menor.
El frente externo –comercio exterior, deuda externa, tipo de cambio, reservas del Banco Central– sigue condicionando la política económica. Y muestran un desequilibrio no menor.
“El contexto para esto es claro: las exportaciones muestran una tracción limitada que depende fuertemente de factores sectoriales, mientras que las importaciones están creciendo fuertemente gracias a la normalización del comercio y apertura de flujos comerciales, y el rebote de la actividad económica”, según la consultora Abeceb.
También incide el tipo de cambio que favorece las compras del exterior, estimula los tours de compras y el turismo externo y que el Gobierno de Javier Milei impulsa como un elemento adicional para “controlar” la inflación.
La Consultora LCG estima que “en los meses siguientes, la balanza comercial se deteriorará aún más por la estacionalidad histórica del segundo semestre. Aunque la situación se mitiga parcialmente por el cambio favorable en la balanza energética”.
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“Incluso con la corrección del tipo de cambio real de 10% entre junio y julio, todo apunta a una reducción del superávit comercial esperado para 2025 al entorno de los USD 6.000 millones aproximadamente para este año, un tercio de lo registrado el año pasado (cuando llegó a USD 18.928 millones)”, pronostica Abeceb.
En tanto, en junio, la deuda pública bruta aumentó en el equivalente a US$ 4.336 millones, totalizando U$S 465.355 millones, según los datos de la Secretaría de Finanzas.
El aumento del endeudamiento público (no incluye el de las Provincias ni del Banco Central) se explica porque si bien se efectuaron pagos netos por el equivalente a US$ 4.538 millones, por otro lado, hubo un incremento de US$ 8.338 millones que se explica por los ajustes de los bonos por inflación (CER) y por la capitalización de bonos y letras.
La Fundación Mediterránea explica que “la deuda que ajusta por CER representa un 24% del total, mientras que las letras con intereses capitalizables significan un 6,0%, por lo que en forma conjunta estamos hablando de un 30% de la deuda total de la Administración Central”.
Se trata de títulos de deuda con intereses capitalizables, que pagan la cuenta de intereses junto al capital de la deuda, en un único pago a su vencimiento y que no se consideran para el cálculo del resultado fiscal.
Si bien el superávit fiscal primario limitó el crecimiento de la deuda, el endeudamiento medido en dólares “aumentó por el impacto de la apreciación real del peso sobre las obligaciones en moneda local ajustable por CER y ARS con capitalización de la tasa de interés. En el período, la variación acumulada del CER fue de 39,2%, mientras que el tipo de cambio oficial subió el 28,3%. Téngase en cuenta que la deuda ajustable por CER equivalía a USD 112.572 millones, el 24% del total”. (Quantum Finanzas).
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Por eso “algunos analistas insisten en que los intereses contabilizados en la ejecución presupuestaria subestiman los intereses objetivamente pagados. Si así fuera, podría ocurrir que los intereses pagados superen en realidad al superávit primario obtenido, que el resultado financiero resulte negativo y, por ende, la deuda nominal siga creciendo”, plantea al Informe de la Fundación Mediterránea.
Por otra parte, las reservas internacionales propias del Banco Central siguen en terreno negativo. “Si a las reservas brutas se les restan los encajes, las asignaciones de DEG, el swap con China, las obligaciones con organismos internacionales y el nuevo crédito con el FMI, las reservas netas se ubican en julio en -5.365 millones de dólares, y en -9.575 millones dólares si, conforme a la metodología del FMI, se le sustrae también la deuda en moneda extranjera (BOPREAL y Tesoro) que vence en menos de 1 año”, de acuerdo a los números de CIFRA ( Centro de Investigación y Formación de la República Argentina).
Todo este cuadro de situación explica el alza del dólar oficial –en torno de los $ 1.300, pese a que Economía le pegó un fuerte empuje a la tasa de interés en pesos– con el consiguiente mayor costo e incidencia sobre las cuentas fiscales, lo que obliga a mayores ajustes en el gasto público para que los bancos no se pasen al dólar.