Este 27 de septiembre se celebró el Día del Cine Santafesino en homenaje a dos figuras fundamentales: Juan Carlos Arch –crítico, director y expresidente del Cine Club Santa Fe– y Fernando Birri, cineasta y actor.
Gracias a la escuela que formó este último en la ciudad, las producciones audiovisuales de la región adquirieron relevancia con el paso del tiempo. Y detrás de cada film hay un gran esfuerzo.
La realidad actual del cine es muy compleja y esto se debe a múltiples factores. Luciano Giardino, cineasta de la ciudad que produjo documentales, describió algunos de los inconvenientes que presenta el cine santafesino.
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A su vez, Alberto Gieco, director de cortos y largometrajes desde 1970, aportó su mirada actual tras cinco décadas de carrera.
Inconvenientes en el antes y el después
En 1956, Fernando Birri fundó el Instituto de Cinematografía de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y dejó una huella importante en el cine santafesino, el cual se destaca por mostrar rincones de nuestro territorio.
Sin embargo, la producción de cada película tiene un costo elevado y muy pocas consiguen financiamiento en Santa Fe a través del Ministerio de Cultura. Es así como algunos directores reciben entre 500 mil y un millón de pesos para realizar producciones audiovisuales, los cuales se consideran números pequeños.
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Por esta razón, una gran cantidad de cineastas opta por hacer cine de una manera independiente, demorando años en concretar los proyectos. “Los costos están muy altos y el cambio permanente de los mismos hace que cualquier productor se muera de estrés porque los presupuestos van quedando desactualizados día a día”, opina Gieco.
A nivel país se encuentra el Fondo Nacional de las Artes, una agencia gubernamental que otorga becas para impulsar los proyectos en mente. Sin embargo, el organismo más fuerte es el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), el cual ofrece un presupuesto medio de 70 millones de pesos para hacer documentales y ficciones.
Una vez que se consiguieron los fondos y se concretó la pieza cinematográfica, aparece otro problema: la difusión del contenido. Por lo general, muchos de los films santafesinos se transmiten en festivales. Son contados los casos que llegan a las pantallas internacionales, tal como lo hizo la película “Una escuela en Cerro Hueso”, dirigida por Betania Cappato.
Según Francisco Bitar, escritor y director de “La superfinal de Julián Bejarano”, los cineastas de la región “tratan de sobrevivir con lo que tienen a mano”. En este sentido, Luciano Giardino mencionó que YouTube es una alternativa viable para arrancar y que las piezas audiovisuales sean públicas.
Nuevos rumbos
Pero no todo está perdido, ya que desde fines de 2021 circula un proyecto de Ley de Cine en la provincia. Hace casi dos años que se busca un marco legal regulatorio para producciones que se realicen en territorio santafesino.
El objetivo de la ley es que se potencie el desarrollo pleno de la industria cinematográfica y audiovisual, como también la difusión y conservación de las obras regionales. “Necesitamos más apoyo oficial, una Ley del Cine provincial que potencien a los proyectos independientes”, asegura Gieco.
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Cabe destacar la importancia de los films nacionales, aquellos que presentan problemáticas, deseos y preocupaciones, consiguiendo así que la gente tome consciencia, tal como pasó con “Argentina 1985”. Además, es necesario recordar una de las frases que Fernando Martín Peña, crítico y divulgador de cine, dice en el documental “La vida a oscuras”: “Cuando uno ama algo es mejor que no se termine”.






