Hay muchos hechos –ya sean políticos, sociales, culturales, religiosos o deportivos– que quedan atesorados en la memoria colectiva y, por su enorme trascendencia, son trasmitidos de una generación a otra. No solo eso: se agigantan con el paso del tiempo y, en ciertos casos, merced al recuerdo popular, se convierten en leyenda.
Era una noche fría, desapacible y lluviosa. Vélez recibía River por la 3ª fecha del Torneo Clausura 1996 y, promediando el segundo tiempo, igualaban 1 a 1. Pero alguien rompería esa paridad. Tras una infracción en la mitad de la cancha, un ropero de 1,88 metro y 93 kilos –resuelto, decidido y ganador nato– no esperó que sus compañeros ni, mucho menos sus rivales, se acomodaran en el campo antes de ejecutar el tiro libre a favor de su equipo.
No. En su mente vio la película –y su final, claro– un instante antes que todos y, con mucha potencia y precisión, impactó el balón con su pie izquierdo. La pelota se elevó, se hizo luna en el cielo de Liniers y, cuando descendió tras volar 60 metros, ingresó en el arco que da a la avenida Álvarez Jonte –donde habitualmente se ubicaban los hinchas visitantes– ante el asombro de todos.
Sí, Chila lo había hecho de nuevo: agregó a su brillante colección un golazo de antología que, a 25 años del mismo –que se cumplen hoy–, continúa provocando una enorme admiración aquí y en todo el mundo. Fue su obra maestra, la joya más preciada entre los 62 tantos, tanto en clubes como en su Selección, que anotó en su extensa carrera.
Nada mal para un arquero…
Destino de grandeza
José Luis Félix Chilavert González nació en Luque, Paraguay, el 27 de julio de 1965. En 1983, con solo 15 años debutó en Primera en Sportivo Luqueño, y fue subcampeón. Al año siguiente lograría su primer título, al conquistar el certamen paraguayo con Guaraní.
En 1985 se incorporó a San Lorenzo, en la que fue su primera etapa en el fútbol argentino, donde comenzó a ejecutar tiros libres –aunque no marcaría ningún tanto con el Cuervo– y, además, dejó la imagen de duro en el campo de juego, y de sin pelos en la lengua y difícil de tratar fuera del mismo, que lo acompañaría en toda su trayectoria.
En 1988 fue transferido al Real Zaragoza español, en el que militaría hasta 1991 y, al primer gol de su carrera, lo marcó con su Selección, en las Eliminatorias Sudamericanas rumbo al Mundial de Italia 1990, que Paraguay no disputaría: fue de penal, en el triunfo ante Colombia por 2 a 1, en Asunción.
Al año siguiente, anotaría el primero en un club. Fue el 27 de enero de 1990, por la Liga Española, en la victoria por 2 a 1 del Zaragoza, como local, ante la Real Sociedad, y también desde los 12 pasos.
En 1992 se incorporó a Vélez Sarsfield y, si bien ese año el club de Villa Luro fue subcampeón del Torneo Clausura, el arquero guaraní –y la propia entidad capitalina, por supuesto– viviría su época más gloriosa a partir de 1993, con la llegada de Carlos Bianchi como director técnico.
En esos recordados equipos, Chila no solo fue clave por bajar la persiana de su arco sino, también, por ser uno de los máximos referentes y líderes del plantel. Al primer gol con Vélez lo convirtió el 8 de junio de 1993, en La Plata, de penal y, con el 1 a 1 ante Estudiantes, el Fortín conquistó el Clausura de ese año.
A este tanto lo seguirían 47 más –35 en torneos locales y 12 en certámenes internacionales–, para un total de 48 en su paso por esta institución entre 1992 y 2000, y su corto ciclo de 2004.
Y no solo eso: haciendo historia. Chilavert es el primer arquero del mundo en haber convertido un gol de tiro libre ya que, el 2 de octubre de 1994, marcó el tanto sobre la hora con el que Vélez, como local, derrotó por 1 a 0 a Deportivo Español (hoy llamado Social Español). ¿Su víctima? Marcelo Pontiroli, quien defendía el arco del Gallego.
La bomba frente al Millonario
Pero si hay un gol que la memoria colectiva atesora para todos los tiempos, es el que Chilavert convirtió el viernes 22 de marzo de 1996 porque, un arquero que hace rato venía rompiendo el molde del puesto, dejó atónitos a propios y extraños con algo nunca antes visto. Esta vez, el que sufriría su tremenda pegada y justeza sería el marplatense Germán Adrián Ramón Burgos, hoy entrenador de Newell's Old Boys de Rosario.
Vélez y River, los dos equipos más dominantes de esta década futbolística en nuestro país, se enfrentaron esa noche por el Torneo Clausura. El Millonario –dirigido por Ramón Díaz– se había puesto en ventaja a los 28 minutos del primer tiempo con el tanto de Juan Gómez y, a los 3 del complemento, Fernando Pandolfi, de cabeza, igualó para los conducidos por Carlos Bianchi. Hasta que llegaría un gol de otro planeta, que quedaría en la historia del fútbol argentino y mundial…
A los 21 del segundo tiempo, Enzo Francescoli derribó a Raúl Cardozo en la mitad de la cancha. El árbitro, Carlos Mastrángelo, marcó la infracción; Christian Bassedas acomodó la pelota para ejecutar la falta y, mientras el uruguayo ayudaba al Pacha a levantarse, el guaraní salió disparado desde su arco dispuesto a hacer historia.
Mauricio Pellegrino y el propio Bassedas le hicieron señas con sus palmas hacia abajo para que Chilavert no se apurara en reanudar el juego pero, a partir de ahí, ya nada volvería a ser como antes.
“Francescoli le hace una falta a Cardozo –recordaría Chilavert–, y le digo a Mastrángelo: «¡Échelo! ¿Porque es Francescoli no lo echa?» Este me dijo: «¡Eh, me mandás en cana! ¿Qué te pasa?» Y yo le respondí: «¡Pero tomátelas! De todo le decía…»
Y continuó: “Pero lo que yo buscaba era que se desentendieran de la jugada. Yo veía que Burgos estaba adelantado, y hablaba con su marcador central, que era Gómez. Estaba a la derecha del punto del penal, y ni miraba qué pasaba, porque Cardozo estaba en el piso. El futbolista debe estar un segundo adelantado al rival. Yo veía que Burgos estaba desentendido de la jugada, charlando con sus defensores”.
El misil teledirigido estaba a punto de dispararse. “Cuando estaba cerca del balón –siguió Chilavert–, acelero el ritmo, se dan vuelta Bassedas y Pellegrino y me dicen: «¡Pará, pará!» Y yo les respondí: «¡Córranse!» Pasé por el medio y, cuando voy a impactar a la pelota, le dije al árbitro: «¡Agáchese o lo mato!». El tipo se agachó y se ve en las imágenes que la pelota le pasa muy cerca. Y la pelota vuela...”
El ejecutor del histórico remate agregó: “Ese balón se iba por encima del travesaño, del lado izquierdo pero, de repente, se frena y sale para el otro lado. Por eso Burgos se cae del lado derecho y, la pelota, fue para el otro lado. Era la película que uno ya había hecho en los entrenamientos: del mismo, lugar, probando todo… En este gol me ayudó Dios y, por eso, yo digo que Dios es mi amigo”, enfatizó el paraguayo.
Cuando Burgos se dio cuenta lo que estaba pasando, ya era demasiado tarde. Corriendo para atrás vio cómo la pelota caía velozmente desde el cielo y picaba directamente dentro de su arco, mientras él se resbalaba y caía de espaldas en el mismo.
Tal fue la conmoción que provocó este bombazo que, el propio Chilavert, en un momento no sabía cómo festejarlo pero, poco después, corrió hacia los bancos de suplentes, se zambulló en el césped y fue cubierto por todos sus compañeros, quienes se arrojaron sobre él. Un golazo de 60 metros, y anotado por un arquero, había entrado en la historia…
Tan extraordinario fue este gol –el 2 a 1 parcial para Vélez– que terminaría quitándole el protagonismo al marcador final. A los 41, Hernán Crespo le daba el empate a River pero, a los 45 y, de cabeza, Marcelo Herrera selló la agónica victoria para el Fortín.
Carlos Bianchi dio su opinión sobre la conquista del arquero guaraní: “Él (Chilavert) estaba fuera del área grande y, cuando veo que arranca, decidido, ahí me di cuenta de que le iba a pegar. José le pegó tan fuerte, y con el viento en contra, que la pelota subió, pareció pararse en el aire, y cayó rápidamente, dentro del arco, con Burgos que cayó dentro del arco también. Una cosa extraordinaria… Hasta me causó risa, porque cuando uno lo ve festejar a José, lo ve riéndose porque, para él, era una cosa graciosa”, reseñó el Virrey.
"Hoy la gente de Vélez vio otra vez un gol histórico", tiró Chilavert sobre su misil frente a River. Pero iría por más. El 16 de junio siguiente, anotó dos tantos, uno de penal y otro de tiro libre, en la goleada por 5 a 1 de Vélez sobre Boca, en Liniers. ¿Su nueva víctima? Carlos Fernando Navarro Montoya.
Por su parte, Burgos volvería a sufrir la pegada de Chila. El 1 de septiembre del mismo año, en el Monumental de Núñez, en un partido por las Eliminatorias entre la Argentina y Paraguay para Francia 1998, el guaraní le marcaría un tanto –y de tiro libre– al ex ayudante de Diego Simeone en el Atlético de Madrid, y actual DT de Newell’s: de yapa, con el 1 a 1 final, Paraguay se clasificó a un Mundial luego de 12 años.
La síntesis del partido
Vélez (3): José Luis Chilavert; Flavio Zandoná, Roberto Trotta, Mauricio Pellegrino y Raúl Cardozo; Marcelo Herrera, Marcelo Gómez, Christian Bassedas y Patricio Camps (ST 25’ Carlos Compagnucci); Fernando Pandolfi (ST 7’ Martín Posse) y José Flores (ST 44’ Sebastián Méndez).
DT: Carlos Bianchi.
River (2): Germán Burgos; Gustavo Lombardi, Celso Ayala, Juan Gómez y Guillermo Rivarola; Matías Almeyda, Leonardo Astrada (ST 35’ Hernán Crespo), Néstor Cedrés (ST 28’ Marcelo Gallardo) y Ariel Ortega; Enzo Francescoli y Gabriel Amato.
DT: Ramón Díaz.
Goles: PT 28 Juan Gómez (R); ST 3’ Fernando Pandolfi, de cabeza (V); 21’ José Luis Chilavert (V); 41’ Hernán Crespo (R), y 45' Marcelo Herrera, de cabeza (V).
Estadio: José Amalfitani.
Árbitro: Carlos Mastrángelo.
Una carrera brillante
Chilavert es el primer arquero que convirtió tres tantos en un partido: con sendos penales, logró este hat-trick (a la fecha, único en la historia) el 28 de noviembre de 1999, en la goleada de Vélez por 6 a 1 ante Ferro, y con el que ingresó al Récord Guinness.
El total, disputó 347 partidos (locales e internacionales) con el Fortín, marcó 48 goles, y ganó todo: en 1994 obtuvo la Copa Libertadores de América y la Copa Intercontinental (con un 2 a 0 ante el Milan, con goles de Roberto Trotta, de penal, y Omar Asad); en la temporada 1995/96 conquistó los Torneos Apertura y Clausura; en 1996, la Copas Interamericana y Sudamericana; en 1997, la Recopa Sudamericana (en Kobe, Japón, ante River) y, en 1998, el Torneo Clausura.
En noviembre de 2000 fue transferido al Racing de Estrasburgo, con el que ganó la Copa de Francia y, en 2003, con Peñarol de Montevideo, Uruguay, conquistó su último título. En 2004 regresó a Vélez para disputar solamente la Copa Libertadores y, el 22 de abril del mismo año, disputó su último partido: fue derrota del Fortín, por 4 a 2, ante el Atlético Maracaibo, en Venezuela. Su extraordinaria carrera había terminado.
Por su parte, con la Selección paraguaya –en la que debutó en 1989, y se retiró en 2003– jugó 78 partidos, marcó ocho goles, y disputó los Mundiales de Francia 1998 y Corea-Japón 2002, en ambos casos llegando hasta los octavos de final.
Entre clubes y su Selección, convirtió 62 tantos (48 con Vélez, ocho con la Albirroja, cuatro en Peñarol, uno en el Racing de Estrasburgo, y uno el Real Zaragoza) y, su récord como arquero goleador, solo es superado por el su par brasileño Rogério Ceni, con 129.
Asimismo, la IFFHS (International Federation of Football History and Statistics, o Federación Internacional de Historia y Estadísticas del Fútbol), lo distinguió como Mejor Arquero del Mundo en 1995, 1997 y 1998.
Pero, entre tantos logros y reconocimientos, el misil teledirigido con el que hace 25 años dejó boquiabierto al mundo, se destaca nítidamente ya que, esa pelota, jamás dejará de volar en la memoria de todos.








