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Deportes Club Atlético Colón | Colón |

Ser hincha de Colón: una herencia sin razones

La periodista de AIRE Luciana Trinchieri recuerda su infancia en la cancha de Colón.

Cuando nos preguntó “¿quién quiere ir a la cancha?”, me anoté primera. Seguro mi vieja nunca supo que él no tenía idea qué hacía yo mientras se ponía los auriculares de la radio y entraba en ese ritual de abstracción que se repetía cada partido.

Yo corría feliz por el estadio, entre la gente que miraba, gritaba, cantaba y puteaba.

Primero no miraba el partido, la iniciación venía por otro lado, sin saber que duraba para toda la vida.

Puedo acordarme de mi viejo subiendo las escaleras con la radio, los chicles y los puchos en la mano. Solo fumaba en la cancha.

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Fue al mismo lugar siempre. Su lugar. Le pedía para choripán, me daba. Gaseosa también. Respetaba todas las cábalas. Aprendí ahí lo que era eso.

Fue el primer recuerdo que tengo de compartir algo con mi papá (tipo que almorzaba con nosotros con los auriculares puestos para escuchar el deportivo casi como religión).

Si ganaba Colón, era un buen lunes y sino una semana eterna, hasta la revancha.

Eran tiempos en donde, como decía mi mamá, “las nenas no íbamos a la cancha”, cosa a la que mi viejo nunca le hizo caso. Codo de mujeres había.

Mi mamá se pasó gran parte de su vida despotricando contra Colón: “Otra vez perdieron?”, “Vivo sufriendo por Colón”, “Nunca una buena con este club de miércole!!!!”.

Claro que después no se perdió un festejo en el balcón cuando llegaba. Colón es familia.

Y después tuve amigos.

Tuve hijos.

Y conocidos.

Y la familia se agrandó.

Ojalá mi mamá hoy no putee. Y, si no, será parte de la historia.