miércoles 21 de abril de 2021
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Roberto "Tito" Agrafogo, el hombre que le enseñó a Carlos Monzón el ABC del boxeo

Roberto Oscar Agrafogo, hijo del recordado técnico santafesino, contó que en 1959 un adolescente llamado Carlos Monzón se sumó al gimnasio de su padre –en el Club Social y Deportivo Cochabamba, en el barrio de Barranquitas– y aprendió los conocimientos básicos del boxeo, que lo llevarían a lo más alto de la consideración mundial.

A lo largo de la historia, el boxeo fue (y es) el único medio para poder escaparle a la pobreza –esa que duele, lastima, y lacera hasta el alma– del que se valieron miles y miles de púgiles en todo el mundo, quienes se encontraban (y encuentran) en el último lugar de la fila a la hora del reparto de oportunidades de ser alguien en la vida.

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Carlos Monzón, nuestro más grande boxeador profesional de todos los tiempos –y, por lejos, el púgil argentino más reconocido y admirado en el mundo–, no fue la excepción. Vino al mundo en San Javier, en el seno de una familia con múltiples carencias y, ya afincado en nuestra ciudad, compartió su tiempo entre la escuela –la que abandonó a los 12 años, y no llegó a completar el 3° grado– y los diversos trabajos y changas que realizó para ayudar a llenar la olla en su casa.

Y si bien es muy bien conocido que Escopeta alcanzó la gloria eterna con Amílcar Oreste Brusa en su rincón, antes de ponerse a las órdenes del Maestro hubo un entrenador con el que tomó las primeras lecciones, que le enseñó los rudimentos del boxeo y, la historia, lo recuerda con justicia como el primero con el que Carlos aprendió a pararse, mantener la izquierda extendida –ya que era de guardia diestra–, hacer cintura, avanzar y retroceder, junto con sesiones de bolsa, sombra, soga y punchings.

Lo hizo en el ya desaparecido Club Social y Deportivo Cochabamba, sito en Cochabamba 4549, en el barrio de Barranquitas de esta capital: era una casona vieja, con piso de ladrillos, dos bolsas en el fondo y un ring con piso de madera, sin lona y de solo dos cuerdas. Estaba a cargo de Roberto Tito Agrafogo y, su hijo, Roberto Oscar Agrafogo, habló con Aire Digital y contó lo que muchos aún desconocen: cómo fueron los primeros pasos de Monzón dentro de un gimnasio.

Boxeador y entrenador

Roberto Tito Agrafogo nació en la ciudad de Santa Fe el 29 de diciembre de 1924. “Como todo chico de la época, mi padre fue lechero, canillita, hizo un poco de todo… Fueron tres hermanos boxeadores: Eduardo Hipólito Agrafogo, el mayor; mi padre, Tito, y Raúl Héctor Agrafogo. Además, el hermano de mi madre, José Calixto Gómez, también fue boxeador. A mi padre le gustaba el fútbol, pero se peleaba muy seguido (se ríe) y, por eso, mi tío, Eduardo Hipólito, que fue campeón santafesino liviano, le dijo: «¿Por qué no te venís al gimnasio, y te descargás acá?» Así empezó, en el Boxing Blas Parera y, después, también lo hizo Raúl Héctor, el menor”, evocó Agrafogo (h), de 67 años (nació en esta capital el 18 de septiembre de 1953), a su progenitor y sus tíos.

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Roberto Tito Agrafogo nació en la ciudad de Santa Fe el 29 de diciembre de 1924. Con sus hermanos, Eduardo Hipólito –que fue campeón santafesino liviano– y Raúl Héctor, comenzó a practicar boxeo en el Boxing Blas Parera.

Roberto Tito Agrafogo nació en la ciudad de Santa Fe el 29 de diciembre de 1924. Con sus hermanos, Eduardo Hipólito –que fue campeón santafesino liviano– y Raúl Héctor, comenzó a practicar boxeo en el Boxing Blas Parera.

Y prosiguió: “Entre amateur y profesional, mi padre hizo unas 180 peleas; fue campeón santafesino y también rafaelino, donde se consagró al vencer a Ernesto Giovannini (NdeR: padre de Néstor Hipólito Tito Giovannini, campeón mundial crucero OMB entre 1993 y 1994 y que, el 6 de febrero de 1963, arbitró la primera pelea profesional de Monzón, en el Club Ben Hur de la Perla del Oeste provincial, cuando Carlos le GKO 2 al entrerriano Ramón Montenegro) y, representando a Boca en Buenos Aires, fue campeón de los Barrios. Y hasta tuvo posibilidades de ir a (los Juegos Olímpicos de) Helsinki 1952. Comenzó a pelear en pluma y, como era grandote, fue subiendo y llegó hasta pesado… A su última pelea la hizo en 1959, en la vieja cancha de básquet de Unión, donde hoy está el estacionamiento”, contó.

“Su estilo de pelea –siguió rememorando– era aguerrido. Era aguantador. De las 180 peleas, perdió solo dos antes del límite. Una fue en Añatuya, Santiago del Estero: como el festival se había suspendido, con otros boxeadores se fueron de parranda pero, cuando volvieron, le dijeron que peleaba esa noche… Imaginate cómo subió al ring (se ríe). Y, la otra, fue en Paraná, cuando recibió un gancho al hígado. Por eso, mirá sus fotos y fijate cómo se paraba; él se protegía, armaba bien su guardia. Y luego lo enseñó siempre: a estar bien armado, protegiendo el hígado, que es un golpe tremendo, bien afirmado, y a sacar la mano de contra cuando tu rival lanza un golpe”, detalló.

“Mi padre era un loco y un apasionado por el boxeo –continuó– y, mientras seguía su carrera como profesional, empezó la de entrenador. Entre otros, lo hizo en el Club Newell’s Old Boys, en el Club Oro, en El Porvenir del Oeste, en (el barrio) Santa Rosa de Lima, y trabajó en varios gimnasios más. Y en 1959, cuando dejó de pelear, abrió el gimnasio en el Club Cochabamba, junto con su amigo y ex boxeador Rafael Araujo –que peleó en mosca y gallo–, y en donde lo tendría como pupilo a Carlos Monzón”, destacó.

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Entre amateur y profesional, Tito Agrafogo disputó unas 180 peleas. Fue campeón santafesino y también rafaelino. Combatió en pluma y llegó hasta pesado. A su última pelea la realizó en 1959, en la vieja cancha de básquet de Unión, donde hoy está el estacionamiento.

Entre amateur y profesional, Tito Agrafogo disputó unas 180 peleas. Fue campeón santafesino y también rafaelino. Combatió en pluma y llegó hasta pesado. A su última pelea la realizó en 1959, en la vieja cancha de básquet de Unión, donde hoy está el estacionamiento.

Le enseñó lo que era el boxeo

Entre otros trabajos, quien se convertiría en el indiscutido rey mediano en 1970 vendía diarios y lustraba zapatos en la esquina de López y Planes y Boulevard Pellegrini, frente al Club Atlético Unión. Allí también se encontraba el Pabellón de Industrias de la Sociedad Rural, donde periódicamente se organizaban festivales de boxeo, por lo que Carlos fue conociendo a muchos que practicaban este deporte –quienes le contaban innumerables anécdotas del mismo– y, junto con la curiosidad y el entusiasmo que iban creciendo en él, estimó que sería el camino por el que lograría dejar de pasar hambre.

“Sin saber hasta dónde llegaría, mi padre comenzó a atenderlo en el Club Cochabamba, el primero donde Monzón se entrenó en su vida”, recordó Agrafogo (h). “Le enseñó lo básico del boxeo. Sus primeros conocimientos los recibió de él. Yo siempre digo que, cuando plantás un árbol, tenés que hacerlo bien y, cuando ves que se te desvía para un costado, tenés que apuntalarlo. Lo fue llevando, corrigiendo y él (Monzón), aceptó lo que se le enseñaba. Tenía que organizar sus horarios por los trabajos y changas que tenía y, mi padre, recordaba que le hacía caso. Con él fue obediente. Claro, como todo chico con una infancia difícil, al igual que el árbol, tenés que «plantarlo» bien, tanto en lo deportivo como en lo social. Y eso hizo mi padre porque, además de transmitirle sus conocimientos boxísticos, siempre lo aconsejaba para sea responsable, trabajador, que evitara ciertas compañías, y muchas cosas más”, reveló.

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Mientras seguía su carrera como profesional, empezó la de entrenador. Entre otros, lo hizo en el Club Newell’s Old Boys, y en El Porvenir del Oeste, en el barrio Santa Rosa de Lima. En 1959, cuando dejó de pelear, abrió el gimnasio en el Club Cochabamba, junto con su amigo y ex boxeador Rafael Araujo –que peleó en mosca y gallo–, y en donde lo tendría como pupilo a Carlos Monzón.

Mientras seguía su carrera como profesional, empezó la de entrenador. Entre otros, lo hizo en el Club Newell’s Old Boys, y en El Porvenir del Oeste, en el barrio Santa Rosa de Lima. En 1959, cuando dejó de pelear, abrió el gimnasio en el Club Cochabamba, junto con su amigo y ex boxeador Rafael Araujo –que peleó en mosca y gallo–, y en donde lo tendría como pupilo a Carlos Monzón.

El debut como amateur

El viernes 2 de octubre de 1959, cuando tenía 17 años, un mes y 25 días, Monzón disputó su primer combate como aficionado. El rival fue Raúl Cardozo, con quien empató en 3 asaltos en el Pabellón de Industrias y, su primer viático, fue de 50 pesos.

“Mi padre no pudo estar en el rincón y, quienes lo atendieron, fueron Rafael Araujo y Marcelino Mono Martínez, quien se había sumado tiempo después al gimnasio y, también, era amigo de Monzón. Lo que pasó era que, por los horarios que mi padre tenía en su trabajo particular, fue dejando de ir al boxing. Trabajaba cuatro horas a la mañana, y otras tantas a la tarde, en la Cooperativa de los empleados públicos de la provincia, que estaba en 9 de Julio al 2100, donde años después se jubilaría. Por eso, a las tardes no podía ir a los entrenamientos. Se superponían los horarios. Cuando finalmente mi padre se fue del Club Cochabamba, Araujo quedó a cargo del gimnasio, secundado por el Mono Martínez. Mi padre siguió yendo cuando podía y, eso sí, siempre asistía a todos los festivales”, expresó Agrafogo (h).

Su paso a otros gimnasios

Tiempo después de que Tito Agrafogo se fuera del Club Cochabamba, el oriundo de San Javier recaló en el Minella Boxing Club, cuyo titular era Ricardo Ceferino Minella, ubicado en Paraguay 3082, frente al Parque Juan de Garay de nuestra ciudad donde, por entonces, los profesionales que representaban al mismo eran Américo El Inglés Bonetti y Ramón Perelló. Este gimnasio, más grande que el anterior, era un galpón de casi 30 por 15 metros, con dos rings, bolsas y punchings.

“A principios de 1960 y, tras su paso por el Minella, Monzón terminó con Amílcar Brusa, en el gimnasio de Unión. Inicialmente, lo atendió Oscar Méndez, íntimo amigo y ayudante de mi padre en varios boxings de la ciudad”, señaló Agrafogo (h).

A partir de allí, Monzón y Brusa no se separaron jamás. Fueron casi 17 años –hasta que Carlos anunció su retiro el 29 de agosto de 1977 como campeón unificado AMB-CMB reinante– en los que transitaron todos los rings de la ciudad, la región, la provincia, el país y el mundo.

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Representando a Boca en Buenos Aires, Tito Agrafogo (segundo desde la derecha), fue campeón de los Barrios.

Representando a Boca en Buenos Aires, Tito Agrafogo (segundo desde la derecha), fue campeón de los Barrios.

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Los recuerdos del primer maestro de Escopeta

Monzón jamás había pisado un gimnasio y, los primeros conocimientos que tuvo de este deporte, “los aprendió de mi padre”, enfatizó Agrafogo (h). El «parate como te muestro», «esto es una bolsa y se le pega así», «armá la guardia», «lanzá el golpe de esta manera», «cubrite acá», o sea, al ABC del pugilismo, se lo enseñó Tito Agrafogo”, abundó.

Asimismo, Agrafogo (h) siguió los pasos de su padre, y también es técnico de boxeo. “En mi caso, yo tuve un gimnasio hasta 2008. A cada chico le explicaba que iba a prender lo que le enseñara, y que pelearía cuando yo considerara que estaba en condiciones de hacerlo. “En 1982 abrimos con mi padre un boxing en la vecinal Sáenz Peña donde, el que recibió los conocimientos básicos del boxeo, fue el (santafesino Julio César) Zurdo Vásquez. Él nació en el barrio Santa Rosa de Lima, y ahí vivía mi padre, en Pasaje Liniers 4459. El Zurdo hizo siete peleas amateurs cuando estaba en nuestro gimnasio y, la historia, nos dice que los dos primeros campeones mundiales santafesinos fueron entrenados en sus inicios por Tito Agrafogo: uno por adopción, como Monzón, en 1959, y el Zurdo, en 1982”, afirmó.

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Ya como entrenador, uno de los boxings donde transmitió sus conocimientos fue el del Club Oro, de nuestra ciudad. Tito Agrafogo (primero desde la izquierda) era secundado en su labor por Oscar Méndez.

Ya como entrenador, uno de los boxings donde transmitió sus conocimientos fue el del Club Oro, de nuestra ciudad. Tito Agrafogo (primero desde la izquierda) era secundado en su labor por Oscar Méndez.

Con el correr de los años, el entrenador vio cómo Escopeta, su ex pupilo, fue subiendo cada vez más y más alto. “Monzón fue campeón santafesino, argentino y sudamericano, lo que lo enorgullecía mucho. Y ni hablar cuando se consagró campeón del mundo en 1970. En su momento, y hasta el último de sus días, la gente le reconoció a mi padre que haya sido su primer entrenador. Donde iba, ya sea acá, en la ciudad, o en cualquier lugar del país, destacaban esto. Carlos hasta ingresó al Hall de la Fama del Boxeo con mi padre en vida. Mirá si podía inflar el pecho de orgullo… Y no solo él, la familia también. Muchos le recordaban: «Mirá hasta dónde llegó este que agarraste de chiquito…» Incluso se reencontró con él varias veces, sobre todo cuando Monzón venía a Santa Fe. Cada vez que se cruzaban, Carlos lo recordaba con mucho cariño, y siempre tuvieron una muy buena relación. Pero, lo único que lamento, es que mi padre no lo haya podido ver campeón del mundo al Zurdo Vásquez”, acotó Agrafogo (h).

Un cáncer abdominal se llevó a Roberto Tito Agrafogo el 12 de febrero de 1991, a los 66 años y, el Zurdo, se coronó el 21 de diciembre de 1992 en el estadio Héctor Etchart del Club Ferro Carril Oeste, de la Capital Federal, cuando noqueó en apenas un round al japonés Hitoshi Kamiyama y se alzó con la corona superwelter AMB.

Por otra parte, Agrafogo (h) no ahorró elogios a la hora de referirse a la brillante campaña de Escopeta. “Solo Dios supo dónde llegaría Monzón. Él vino un día al gimnasio, como uno más, como tantos otros chicos que recibía mi padre. Y, por lo que logró, creo que no habrá otro como él. Fue el más grande boxeador argentino, lejos. Y mirá que hubo otros campeonazos, como Pascual Pérez, (Nicolino) Locche, (Santos Benigno) Falucho Laciar, (Gustavo) Ballas, (Víctor Emilio) Galíndez, (Ubaldo Néstor) Sacco… Hubo muchos, y muy buenos, pero Monzón es otra cosa. Yo siempre digo que Maradona y Monzón, junto con Fangio, hicieron conocer a la Argentina. Por eso no habrá otro como él pero, a nivel mundial, para mí, el más grande de todos fue (el estadounidense) Muhammad Ali. Te nace un Ali cada un millón de años, como un Monzón. Era un pesado que se desplazaba y bailaba como un welter, un auténtico fenómeno”, opinó.

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Tito Agrafogo (a la derecha en la foto) también fue presidente del Club El Porvenir del Oeste, del barrio Santa Rosa de Lima de esta capital. El recordado entrenador falleció el 12 de febrero de 1991, a los 66 años.

Tito Agrafogo (a la derecha en la foto) también fue presidente del Club El Porvenir del Oeste, del barrio Santa Rosa de Lima de esta capital. El recordado entrenador falleció el 12 de febrero de 1991, a los 66 años.

Amén de miles de personas que perdieron absolutamente todo, la catastrófica inundación de 2003, que arrasó con un tercio de la ciudad de Santa Fe, también se llevó cuatro álbumes de fotos y artículos periodísticos de Tito Agrafogo que conservaba su familia, por lo que quedan muy pocos registros de su trayectoria, tanto de boxeador como de técnico.

Y Agrafogo (h) recalcó: “Evocar a mi padre me provoca una enorme emoción, porque él respiraba boxeo. Se dedicaba mañana, tarde y noche al boxeo. Era su pasión. Desde chico lo acompañaba al gimnasio, me enseñó mucho también y, con los años, ya lo ayudaba en los rincones de sus pupilos. Y, otro motivo de orgullo, es que todos también recuerdan su don de persona, cómo enseñaba, cómo transmitía sus conocimientos, y el trato con sus boxeadores. Pero no solo eso: por los logros de Monzón, el apellido Agrafogo también quedó en la historia y, esto, no tiene precio”, concluyó.

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