Un viejo dicho en el ámbito del boxeo reza que, quien cae de cara a la lona, no se levanta más. Y, en el combate del que este sábado se cumplen 50 años, fue así. Tras recibir una devastadora derecha –la que aún hoy, cada vez que la vemos, sigue emocionándonos y nos hace erizar la piel–, Giovanni Nino Benvenuti quedó en un rincón neutral como un títere al que le habían cortado los hilos. Uno de sus segundos ingresó al ring para detener la cuenta de Rudolf Durst, pero fue inútil: la misma llegó a 10 al 1'57" del 12º round y, a partir del out del árbitro alemán, Carlos Monzón –con 28 años y tres meses exactos de edad– consumó su obra maestra y, la Argentina, coronó al cuarto campeón mundial de su historia, el primero en Europa, y el pionero de los 11, que a la fecha, consagró nuestra provincia.
Escopeta era el flamante rey AMB-CMB de los 72,574 kilos o 160 libras y, hasta su retiro, escribiría inolvidables páginas de gloria para el pugilismo nacional y mundial. La Pelea del Año, consagrada posteriormente así por la prestigiosa revista especializada estadounidense Ring Magazine, había terminado.
Gestiones por aquí y por allá
La oportunidad mundialista para Carlos –campeón argentino mediano desde 1966, y sudamericano desde 1967– llegó por las incansables gestiones que Juan Carlos Lectoure llevó adelante. El primer sondeo de Tito ante Bruno Amaduzzi –el manager de Benvenuti– había sido en el Hotel Hilton de Nueva York en julio de 1968: le ofreció 30.000 dólares para que enfrentara a Monzón, lo que era un dineral para la época y que ni el titular del Luna Park sabía cómo haría para pagarlos.
A mediados de 1969, Escopeta –bautizado así por el periodista, árbitro, juez y estadígrafo santafesino Julio Juan Cantero– ya se ubicaba 1º en el ranking mediano de la AMB y, en julio de ese año, en Panamá, en una reunión de dicha entidad, Lectoure insistió por la chance mundialista ante el estadounidense Emile Bruneau, el mismísimo presidente del organismo entre 1968 y 1970, quien le prometió que, luego de ciertos compromisos que Nino tenía agendados, la posibilidad de ir por la corona estaría cerca de cristalizarse para el nacido en San Javier.
No obstante, debió seguir insistiendo. En agosto de 1969, en Salt Lake City, la capital del estado de Utah, el promotor argentino sostendría reuniones con dos estadounidenses: Bill Brennan, del Consejo Directivo de la AMB y, desde 1970, titular de la entidad, que realizaba en esa ciudad su Convención Anual, y Abe Green, Comisionado Internacional vitalicio del organismo y que había ayudado mucho a Tito para que consiguiera la chance para el mendocino Nicolino Locche –quien, el 12 de diciembre del año anterior, en Tokio y ante Paul Fujii, se había coronado monarca welter junior AMB–, quienes le aseguraron que Monzón tendría su oportunidad.
El 12 de febrero de 1970, Amílcar Brusa y su pupilo firmaron un poder para que Lectoure los representara en todo lo relacionado con acuerdos y contratos para una pelea mundialista. Hasta que a fines de junio, casi dos años después de haber iniciado las gestiones, Tito recibió un llamado de Amaduzzi: éste llegaría el miércoles 1 de julio siguiente a Buenos Aires, acompañado del promotor Rodolfo Sabbatini, "para hablar" con él. Cuando arribaron, ambos italianos se alojaron en el Hotel Continental, en Diagonal Norte y Maipú y, por la noche, fueron a cenar con Lectoure al restaurante Nápoli, frente al Luna Park. Degustando la exquisita carne argentina, Tito escuchó por fin lo que tanto esperaba: "Aceptamos la pelea con Monzón".
A la mañana siguiente –jueves 2 de julio–, Lectoure llamó por teléfono a Brusa al Banco Español de nuestra ciudad, donde trabajaba el Maestro, y le comunicó la buena nueva. Esa misma tarde, Tito, Monzón y Brusa firmaron el compromiso: Benvenuti, campeón mundial mediano unificado AMB-CMB, le daría la chance a Carlos según la obligación formal rubricada 24 horas antes por Amaduzzi y Sabbatini quienes, según contaría años después Lectoure, se inclinaron por el por entonces campeón argentino, sudamericano y 1º en el escalafón mundial de la AMB, antes que chocar con Emile Griffith, quien encabezaba el ranking CMB.
Si este combate se hubiera realizado –lo que nunca ocurrió–, sería el cuarto entre ambos y, la serie, quedó 2-1 para Nino ante el oriundo de Islas Vírgenes, incluido el choque del 4 de marzo de 1968, cuando inauguraron el nuevo Madison Square Garden neoyorquino. "Obvio, optaron por el que les pareció menos riesgoso para su boxeador", recordó Lectoure. El viernes 3 de julio, a las 15, se anunció en conferencia de prensa el choque con los títulos en juego –el que aún no tenía fecha pero sí lugar, porque sería en Roma– y, al día siguiente, Amaduzzi y Sabbatini regresaron a la Ciudad Eterna.
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