viernes 30 de octubre de 2020
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Raúl Strnad, el hacedor de campeones de natación y de la vida

El reconocido entrenador santafesino habló en exclusiva con Aire Digital, repasó su vasta trayectoria y contó que, su incansable labor, no solo apuntó a moldear a los deportistas de alta competencia que representaron al país en todo el mundo. "Formar una persona de bien es como ganar una medalla olímpica", resaltó.

Pudo haber sido futbolista, o director técnico pero, este Profesor Nacional de Educación Física, recibido en 1972 en el ISEF Nº 27 "Prof. César S. Vásquez" de nuestra ciudad, se convirtió en uno de los más brillantes entrenadores de natación de la historia argentina. Cual orfebre, moldeó a quienes representaron a nuestro país en múltiples competencias internacionales, incluidos Mundiales y Juegos Olímpicos y, los ingredientes de su infalible receta para el éxito, fueron, son y serán el trabajo duro, la disciplina, la constancia y la responsabilidad.

De ancestros europeos (checos por parte de su padre, Wenceslao, e italianos, por parte de su madre, Elda), nació en Santa Fe el martes 1 de enero de 1952. Durante casi 50 años de labor docente –que cumplirá en 2021–, la extraordinaria trayectoria de Raúl Néstor Strnad no se compone solo de formar a deportistas de elite sino, también, a personas de bien.

No tiene hijos (“es una decisión de vida”, aclaró) pero, por su inmensa labor formativa, cuanta con muchísimos “descendientes”. Y esto se reflejó en la charla exclusiva que mantuvo en su hogar con Aire Digital, donde resumió la esencia de su vida: "El éxito de un entrenador, de un profesor, se mide por la cantidad de vidas tocadas favorablemente, no de juegos o campeonatos ganados. Los trofeos se opacan y se llenan de polvo, o las medallas terminan en un cajón, olvidados con el tiempo. La vidas tocadas favorablemente, vuelven grandes a hombres y mujeres".

Raul Nestor Strnad

"Odio nadar (sic), pero amo entrenar, dar clases y capacitaciones, una paradoja total", reveló Strnad.

De “odiar” nadar, a maestro de nadadores

“En la primaria fui a la escuela Falucho, en López y Planes e Iturraspe y, en la secundaria, al colegio de la Inmaculada Concepción. Con 5, 6 o 7 años, no sabía bien qué era exactamente la natación, solo estaba en Unión aprendiendo a hacerlo. Entre los 11 y 12 años integré el equipo de natación del club, que dirigía el profesor Carlos Hurtado, mi entrenador, y nadé hasta los 15. Es una cosa que nunca me gustó, no me gusta nadar... Yo voy al mar de vacaciones, y no me meto al mar; tengo una pileta en el club donde trabajo, y en varios lugares donde también lo hice, y nunca me tiro a nadar. Odio nadar (sic), pero amo entrenar, dar clases y capacitaciones, una paradoja total”, contó entre risas.

“Mis padres me llevaron de muy chico a Unión para que aprendiera a nadar –continuó Strnad–, y no me metí en la actividad porque me gustara, sino porque se fue formando un grupo de amigos. Aparte, en mi niñez jugaba al fútbol. Era delantero, un wing derecho muy rápido y, desde chico, le pegaba a la pelota con ambos pies. Tal es así que, cuando tenía 12 años, me vinieron a buscar de Vélez Sarsfield, de Buenos Aires. Pero mi padre me dijo «¡qué te vas a ir a jugar allá, ni loco!» Yo jugaba mucho en los campeonatos que se desarrollaban a las canchas de básquet, donde se hacía fútbol 5. Parece que tenía condiciones, porque en un partido había un reclutador, de los que van observando chicos por todo el país, y hasta fue a mi casa a hablar con mis padres. Con 12 años, yo me quería ir a jugar al fútbol a Buenos Aires, y mi padre casi me mata”, señaló entre risas.

Y prosiguió: “Después, jugué cinco años en el colegio Inmaculada, de 1º a 5º, e integré el seleccionado del mismo, que siempre participaba de los Interjesuíticos, entre cinco colegios en el país. Se hacía una olimpíada de varios deportes, y yo jugué cinco años seguidos en la selección del colegio. Para mí, el fútbol era una locura total. Amé el fútbol. Más aún, cuando dejé de nadar y de jugar al waterpolo y al vóley –todo en Unión, porque soy Tatengue de alma–, y era asistente de Carlos Hurtado (NdeR: a quien reconoce como sus mentor, quien fue campeón argentino de los 1500 metros libre; preparador físico de Unión –en la campaña de 1966, donde logró el ascenso a la “A”–, y en Colón donde, además, fue el DT del primer equipo dos veces en la década de 1980), que también era entrenador de fútbol, un día le pregunté qué posibilidades tenía yo de serlo. «Mirá, deberías estudiar, pero sentate un ratito, y te voy a explicar lo que es el mundo del fútbol. Si te gusta, contestame mañana, y yo te formo, te inicio en esto y, después, te proyecto», me respondió. Como él fue mi mentor en todo y, después de todo lo que escuché de él, al otro día le dije que, por un montón de circunstancias, el fútbol no era para mí”, recordó.

Raul Nestor Strnad

"En mi niñez jugaba al fútbol. Era delantero, un wing derecho muy rápido y, desde chico, le pegaba a la pelota con ambos pies", contó el profesor.

No obstante, Strnad tenía muy claro qué sería de su vida. “Hurtado nunca mencionó para dónde yo debía ir, ni me sugirió qué hacer o qué estudiar. Desde que tuve uso de razón, sabía que iba a ser docente de Educación Física. Es la vocación que siempre supe que tenía. Aunque, con los años, no terminé siendo esto, sino un especialista en un deporte. Como docente de Educación Física, específicamente trabajé dos años en un colegio primario de Esperanza. Y, en 1971, tuve un ofrecimiento del Club Gimnasia y Esgrima de nuestra ciudad para trabajar como entrenador de natación, ya que el profesor (Jorge Otto Oscar) Drenkard (NdeR: otro histórico referente de este deporte) no iba a continuar en la institución. El primer ofrecimiento había sido para el profesor Hurtado y, como él ya estaba volcado a su trabajo en el fútbol, me recomendó. Así, a partir de ese año comencé a trabajar en Gimnasia, y fue uno antes de recibirme en el ISEF Nº 27 de Santa Fe, que antes se llamaba INEF, porque era nacional”, rememoró.

Así, Strnad comenzó a construir su camino en esta disciplina. “Fui aplicando lo que aprendí con el profesor Hurtado, más lo del profesorado. Eran épocas muy duras, porque no había la información que hay hoy, donde te saturan con lo que hay en las redes y distintas herramientas. En aquella época no existía ningún tipo de posibilidad, así que mi formación académica fue bastante dura. Carlos Hurtado era un gran profesional del deporte, pero no era un especialista de natación; tampoco tenía mucho material para dar, y lo que tenía, era muy viejo y desactualizado. Por eso, todo se hizo difícil. A partir de los 90, con Internet y la circulación masiva de información, uno ya tomó otro camino. Pero mi mejor momento fue en la década de 1980, fue mi mayor período de crecimiento y de proyectar trabajo, porque lo mío era todo muy doméstico. Hoy, uno hace muchas cosas «copiando» de otro lado. En aquella época, era lo que vos sabías y hacías. Por eso, mi mejor momento fue en la década de 1980, con la aparición de Conrado Porta, Alicia Boscatto…”, afirmó.

—¿Cómo detectaba, o qué veía, en los que consideraba que llegarían al máximo nivel?

—Hay entrenadores que tienen un toque mágico, que te lo da alguien, sin tener quizás la formación y la cantidad de herramientas que hay hoy para detectar talentos. En ese momento no había absolutamente nada, pero uno tenía ese don para evaluar y determinar “este va a ser bueno”, “este no”. Normalmente, vos lo veías bueno por el hecho de que si estaba bien en el agua, si estaba cómodo, si estaba natural y, sobre todo, por la predisposición del nadador, porque puede tener su talento, o no, porque puede no ser talentoso pero, por las ganas que le ponía, sabías si iba a llegar, o no.

No sé si será un acto de soberbia, pero puedo decir que tengo ese don y esa capacidad. Además, los nadadores manifiestan esto en el agua, en los trabajos que hacen, y se van mostrando al lado de otros que no se pueden mostrar porque no tienen ni muchas ganas de entrenarse, ni tampoco están cómodos en el agua. Por eso, para el que está en el deporte y es un especialista en el tema, es muy raro que se le escape la liebre en este sentido… Normalmente, el que está muchas horas en la piscina, o está muchas horas en cualquier lugar del deporte, adquiere esa capacidad de detección, que puede ser innata, o la podés adquirir con el tiempo y la experiencia.

Su mirada sobre el presente de nuestra natación

Con la franqueza que lo caracteriza, el profesor Strnad –palabra autorizada si las hay– se refirió a la actualidad de esta disciplina en la ciudad y la Argentina donde, amén de que la pandemia que restringió múltiples actividades –lo que es circunstancial–, la natación debe lidiar con varios problemas, muchos de ellos crónicos.

—¿Cómo ve a la natación en Santa Fe y en el país?

Al igual que en Santa Fe, la natación argentina, en general, está bastante caída. Es un deporte que tiene requerimientos económicos muy importantes y, al no tenerlos, es algo que debilita mucho cualquier proyecto. Por lo tanto, los clubes, y la actividad en los mismos, se resienten mucho. Otro problema que se presenta en Santa Fe es que el desarrollo de la natación se asienta en bases de las décadas de 1950 o 1960, donde creen que la natación la hacen los clubes. Hoy, ya no se hace la natación en los clubes, salvo que sean clubes muy poderosos, con gran respaldo o medios económicos. Hoy, los clubes están viviendo con lo justo y necesario para ofrecerte, o darte, una piscina durante dos o tres horas por día para que haya diez o 15 nadadores.

Económicamente, no es redituable para el club, por lo tanto te ofrecen menos espacio, lo que tampoco es beneficioso para el nadador, porque significa que el agua debe estar a 31 grados porque después vienen a hacer la clase de aquaerobics… Entonces, termina siendo un multiespacio donde hay muchas actividades, y donde hay chicos y demás y, en el mundo del alto rendimiento, no es así. La piscina de competencia, es la piscina de competencia y, ahí, se forman campeones. Nosotros queremos formar campeones en una pileta multiuso y, así, todo se resiente. Hoy, entrenar en la Argentina, o en Santa Fe, en un club que está viviendo con lo justo, y que a veces no tiene ni pagar los sueldos, y pensar en una natación de otro nivel, es una total locura.

—La mayores diferencias con las potencias de la natación mundial, ¿son solo económicas, o hay otros aspectos, como los educativos y culturales?

—De todo un poco. Por ejemplo, la natación, en Australia, es el deporte número 1. Entonces nos preguntamos en qué puesto está la natación en la Argentina, y no creo que esté entre los diez deportes más populares. Pensemos en el fútbol, básquet, vóley, hockey, rugby… En el ranking de popularidad, la natación tiene poco arraigo. Los países que tienen mayor poder económico, son los que tienen mayor desarrollo. Y, al tener mayor desarrollo, tienen mayor cantidad de vínculos entre entrenadores, información… Pensá que Japón tiene un presupuesto de más de 100 millones de dólares al año para desarrollar la natación y, en la actualidad, con el gran salto tecnológico que tiene, Japón es una potencia con unos petisos de 1,60 metro que ganan pruebas a nivel mundial… Ves todo esto, y significa que en el entrenador está bien pago; entrás al club, o el centro deportivo, y te caés de nuca… Acá hay veces que te piden plata en el club para que ayudés a pagar algo.

Raul Nestor Strnad

"Queremos formar campeones en una pileta multiuso y, así, todo se resiente. Pensar en una natación de otro nivel, es una total locura", reconoció Strnad.

La mayor satisfacción de su trayectoria

En casi 50 años de trabajo, a Strnad no solo lo conmovieron los grandes éxitos de sus nadadores –porque solo ellos saben muy bien lo que costaron esos logros– sino, también, los de centenares y centenares de personas que recibieron sus enseñanzas. “A la hora de definir las mayores satisfacciones en mi vida y, más allá de las medallas y distintos logros deportivos, pasa por las personas de bien que formé. Hoy puedo decir que, formar una persona de bien, es como ganar una medalla olímpica, y más cuando te llega el momento en que reflexionás sobre todo lo que pasó en tu vida… Al principio, uno está metido en el vértigo diario, en el entrenamiento, en la marca, en el campeonato importante, en la medalla… Por eso, si me preguntás qué pasó en gran parte de mi vida, te digo no sé. En la década de 1980 yo no me acuerdo haber vivido. Lo que sí me acuerdo, es haber vivido dentro de una pileta. A veces mi mujer me pregunta “¿te acordás de tal lugar, o del tal iglesia en Europa donde estuvimos?”, y ni idea. Me olvidé. Solo me acuerdo de la pileta y del certamen al que fui…”, rememoró.

Y continuó con su relato: “Cuando hacés un resumen de tu vida, pensás hasta dónde llegué. Y, la respuesta, es que llegué a tratar de formar buenas personas. ¿Medallas hubo? Sí, hubo. ¿Hubo una medalla olímpica? No, no la hubo. ¿Hubo nadadores participando en Juegos Olímpicos? Sí, hubo seis. ¿Y en Mundiales y Panamericanos? También. Son logros deportivos pero, si ves más allá, también hay un trabajo de formación de personas de bien. Años atrás, en una entrevista radial que me realizaron cuando dejé el entrenamiento e ingresé en la actividad privada, me preguntaron si, ya que iba a trabajar en una pileta de 12 metros, no iba a extrañar el alto rendimiento. Y les dije que no porque, en ese momento, enseñarle a nadar a un adulto que nunca tocó el agua, que tiene miedo, y que después de un tiempo en que le enseñé a nadar, se pueda manejar sin problemas en una pileta profunda, es tan valorable como ser campeón olímpico”, comparó.

Y abundó: “¿Vos sabés lo que es el abrazo de una persona que no sabía nadar, que te dice que lloró porque tenía miedo, y un día lo llevás a nadar al río? Es tremendamente motivador, te lo digo y se me pone la piel de gallina. Yo le enseñé a nadar a un hombre de 88 años... Mirá, antes de que se inaugurara el gimnasio donde yo trabajaba, que se llamaba Swimming, que estaba en San Luis, entre Suipacha y Crespo, durante dos años fui todos los días a ver la obra. Y, el que la hacía, me contó que todos los días venía un viejito y le preguntaba «¿cuándo van a inaugurar esto?» Cuando abrimos, apareció un viejito con un bolso, y me dice «hace rato que estoy esperando la pileta». Y le pregunté: «¿usted era el que venía todos los días?», y me respondió “«sí, era yo, y vi crecer la obra y la pileta, desde que era tierra, hasta el día que entró la excavadora». Y no solo eso: con 88 años, me dijo muy seriamente «quiero aprender a nadar»”, recordó Strnad.

Pero, lo mejor, vendría después. “Era un problema porque, por su edad, tenía artrosis y otros achaques. «¿Y sabe nadar?», le pregunté. «No sé absolutamente nada de nada, y le tengo temor al agua”, fue su respuesta. Con 88 años, el desafío era mayúsculo. Entonces, intenté convencerlo por el lado de las actividades acuáticas, de hacer aquaerobics, por ejemplo, así iba tomando contacto con el agua, todo mientras tomábamos un café. Y me miraba, me miraba, me miraba… Y, cuando se me terminaron los argumentos, tratando de convencerlo de no quería enseñarle a nadar, sino que se volcara a otras actividades físicas en la pileta, me dijo: «mire, mi amigo. Le voy a decir algo. Mientras a mí el Barba me dé tiempo, usted tendrá que buscar el tiempo para enseñarme a nadar. Así que ¿podemos empezar la clase?» A los 11 meses, hizo tres piletas sin parar. Y, si eso no te mueve… ¡Te mueve absolutamente todo! ¡Qué medalla olímpica ni ocho cuartos, le enseñé a nadar a un tipo de 88 años!”, concluyó Strnad entre lágrimas.