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Deportes Monzón | Santa Fe | Carlos Monzón

Monzón mandó a dormir a Benvenuti e inmortalizó su nombre en la eternidad

Este sábado se cumplen 50 años del inicio del fantástico reinado entre los medianos de Carlos Monzón, el más grande boxeador profesional de la historia argentina, y uno de los más reconocidos y respetados del mundo.

Mientras el árbitro daba las instrucciones previas en el centro del cuadrilátero, la vida de Carlos –quien fue el primero en subir al mismo– pasó en un segundo ante sus ojos. Recordó sus humildísimas raíces, las mil y una que debió superar para haber llegado a ese momento largamente soñado, que debía ganar para asegurar su futuro y el de su familia y, mientras cerraba con fuerza sus puños, apretaba el protector bucal y le clavaba su fría mirada al campeón, pensó para sus adentros: "Te mato, gringo, hoy te mato".

Nino volvió a su rincón con la sensación de que esos ojos oscuros eran dos puñales que llegaban hasta lo más profundo de su alma. Y no se equivocó porque, menos de 45 minutos después, su reinado habría terminado para darle paso a otro, del que la Historia se encargaría de atesorar como uno de los más brillantes de todos los tiempos.

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Benvenuti quedó en un rincón neutral como un títere al que le habían cortado los hilos y, al recordar su consagración, Escopeta –que tenía 28 años y tres meses exactos de edad– dijo: “Cuando vi que se caía, me di cuenta de que no se levantaba más. Le podían haber contado mil”. En esa lluviosa noche romana comenzó su fantástico reinado en las 160 libras o 72,574 kilos, que se extendería hasta su retiro, en 1977.

Benvenuti quedó en un rincón neutral como un títere al que le habían cortado los hilos y, al recordar su consagración, Escopeta –que tenía 28 años y tres meses exactos de edad– dijo: “Cuando vi que se caía, me di cuenta de que no se levantaba más. Le podían haber contado mil”. En esa lluviosa noche romana comenzó su fantástico reinado en las 160 libras o 72,574 kilos, que se extendería hasta su retiro, en 1977.

Una obra maestra

La pelea tuvo un solo dueño: Carlos Monzón, quien dominó la misma de principio a fin. Escopeta asumió siempre la iniciativa y, especialmente a partir del 3º round, fue minando la resistencia física, boxística y pugilística de Benvenuti quien, promediando la misma, comenzó a evidenciar signos de cansancio y preocupación, ya que lo que todos los italianos creían –que ésta sería otra defensa fácil para el monarca–, se hacía cada vez más cuesta arriba.

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Brusa, Menno y Russo, quienes estaban en el rincón de Carlos (Lectoure no pudo hacerlo porque, días antes, sufrió un esguince de tobillo jugando al fútbol), le pedían en cada descanso que trabajara con tranquilidad, pero éste quería terminar con su tarea cuanto antes. En el 10º asalto, una derecha del retador hizo flamear al campeón, que sonrió como si no hubiera pasado nada pero que, en realidad, lo conmovió hasta los huesos. En el 11º round el visitante salió a buscar la definición por la vía categórica, pero Nino se las arregló a duras penas para escapar del asedio del sanjavierino.

Increíblemente, a esa altura del combate, tanto los jueces como el árbitro tenían en sus tarjetas ventajas para Benvenuti. En las del suizo Aimé Leschot y el francés George Condre era de dos puntos y, en la de Durst, uno, todas para el italiano.

Antes de salir al 12º asalto, Brusa le habló a Carlos y, en la que se convertiría en una de las decenas de frases célebres del Maestro a lo largo de su incomparable trayectoria, le dijo: "Ese hombre está muerto. Vaya y póngalo nocaut". Dicho y hecho. Cada vez que recordó su coronación, Escopeta señalaría que "lo dejé venir para que se confiara, hice cintura, le puse una derecha cruzada y, con la izquierda, lo fui llevando de un rincón a otro. Ahí bajé las manos para que se animara a sacar sus manos y, sobre su izquierda, que estaba baja, le metí la derecha a fondo. Cuando vi que se caía, me di cuenta de que no se levantaba más. Le podían haber contado mil. Benvenuti estaba muerto". Tal cual.

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La fantástica victoria de Monzón en Roma se reflejó en la edición N° 2666 de la revista El Gráfico, publicada el lunes 9 de noviembre siguiente. El nacido en San Javier  fue el primer boxeador argentino en coronarse en Europa.

La fantástica victoria de Monzón en Roma se reflejó en la edición N° 2666 de la revista El Gráfico, publicada el lunes 9 de noviembre siguiente. El nacido en San Javier fue el primer boxeador argentino en coronarse en Europa.

La corona del mundo se iba hacia Santa Fe, como en los casi siete años siguientes se repetiría en 14 oportunidades, las veces que sus retadores intentaron destronar a Escopeta y sucumbieron ante un monarca con mayúsculas, único e irrepetible.

Un regreso con toda la gloria

Monzón, Brusa y toda la comitiva aterrizaron en Ezeiza a las 11.22 del sábado 14 siguiente y, al otro día, viajaron hacia Santa Fe. Arribaron a las 19.24 al aeropuerto de Sauce Viejo y, sobre una autobomba, el rey de los medianos desandó, en una multitudinaria caravana, el camino hasta la Casa de Gobierno, a la que arribó a las 22.20. Tras ser recibido por el gobernador, general de división (RE) Guillermo Rubén Sánchez Almeyra –también se encontraba en doctor Conrado Puccio, intendente de la capital provincial–, pasada la medianoche Escopeta llegó a la sede del Club Atlético Unión, donde se entrenaba, y era esperado por otra multitud. Allí, Julio Baldi, el por entonces presidente Tatengue, ofició de anfitrión de sanjavierino quien, a esa altura, no veía la hora de llegar a su casa, lo que recién hizo cerca de la 1.30 del lunes 16.

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Monzón, Brusa y toda la comitiva aterrizaron en Ezeiza a las 11.22 del sábado 14 de noviembre y, al otro día, viajaron hacia Santa Fe. Arribaron a las 19.24 al aeropuerto de Sauce Viejo y, sobre una autobomba, el rey de los medianos –ovacionado por una multitud en todo el trayecto–, se dirigió a la Casa de Gobierno, donde llegó a las 22.20.

Monzón, Brusa y toda la comitiva aterrizaron en Ezeiza a las 11.22 del sábado 14 de noviembre y, al otro día, viajaron hacia Santa Fe. Arribaron a las 19.24 al aeropuerto de Sauce Viejo y, sobre una autobomba, el rey de los medianos –ovacionado por una multitud en todo el trayecto–, se dirigió a la Casa de Gobierno, donde llegó a las 22.20.

Su trayectoria es incomparable

Como boxeador rentado, desde que debutara el miércoles 6 de febrero de 1963 en el Club Ben Hur de Rafaela, hasta que le dijo oficialmente adiós a los rings el 29 de agosto de 1977, la campaña de Carlos Monzón duró 14 años, seis meses y 23 días, lapso en el que disputó 100 peleas, de las que ganó 87 (59 antes del límite, con un 67,82 % de eficacia), perdió solo tres, empató nueve y, una, fue sin decisión.

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Como datos curiosos de su carrera, Escopeta nunca ganó por nocaut en el 1º round ni, tampoco, peleó como profesional en su San Javier natal.

En total, fueron 97 las veces que Escopeta se bajó de un ring sin perder como profesional, sumando sus 87 victorias, nueve empates y la pelea sin decisión. Tras su última caída –el 9 de octubre de 1964, en Córdoba, en su 20º combate– y, hasta su retiro, realizó los 80 restantes y se mantuvo invicto durante 12 años, diez meses y 20 días, incluyendo ¡21 peleas! con una corona mediana en juego: una por el título de la provincia de Santa Fe (en 1966); dos por el cetro argentino (una en 1966 y, la restante, en 1970); tres por la faja sudamericana (una en 1967 y dos en 1969) y 15 por el mundial de los 72,574 kilos, incluyendo la inolvidable cuando se coronó (el 7 de noviembre de 1970, hecho del que hoy se cumplen 49 años), y las 14 defensas exitosas (entre mayo de 1971 y julio de 1977).

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Así, Carlos Monzón fue el campeón indiscutido de la división de las 160 libras durante seis años, nueve meses y 22 días.