menu
search
Deportes Monzón | Carlos Monzón | Boxeo

Carlos Monzón: la preparación rumbo a la conquista del mundo

Este sábado se cumplen 50 años del inicio del fantástico reinado entre los medianos de Carlos Monzón, el más grande boxeador profesional de la historia argentina, y uno de los más reconocidos y respetados del mundo.

Para mantenerse en ritmo –y ganarse unos pesos–, el 18 de julio Monzón le GPP 10 al estadounidense Eddie Pace y, a partir del 1 de agosto, según un nuevo acuerdo celebrado el lunes 20 de julio entre Carlos y Lectoure, éste –en carácter de préstamo– le pagaría a Escopeta 80.000 pesos por mes a fin de que no tuviera problemas para mantener a su familia y se dedicara de lleno al entrenamiento de cara al combate con Benvenuti.

A principios de septiembre, Tito recibió la comunicación de que la pelea mundialista se realizaría en la primera quincena de noviembre. Y, el 19 de septiembre, en su último combate antes de enfrentarse con Nino, el oriundo de San Javier le GKO 4 al dominicano Santiago Candy Rosa.

carlos monzon nota 2 foto 1
La pelea tuvo un solo dueño: Carlos Monzón, quien dominó la misma de principio a fin. Escopeta asumió siempre la iniciativa y, especialmente a partir del 3º round, fue minando la resistencia física, boxística y pugilística de Benvenuti.

La pelea tuvo un solo dueño: Carlos Monzón, quien dominó la misma de principio a fin. Escopeta asumió siempre la iniciativa y, especialmente a partir del 3º round, fue minando la resistencia física, boxística y pugilística de Benvenuti.

Brusa y su pupilo trabajaban muy duro en Santa Fe, donde la ciudad –desde que se conoció la noticia– vivía con gran expectativa la chance que tendría Carlos. El 5 de octubre y, tras una gran despedida que se organizó y tuvo lugar en las instalaciones del Club Atlético Unión –un asado para más de 200 personas–, Brusa y Monzón partieron a Buenos Aires, donde se alojaron en el hotel Splendid Bouchard, en una habitación con balcón a Lavalle, y completaron la puesta a punto en el Luna Park.

Hasta que el sábado 24 de octubre –dos semanas antes de la pelea, cuya fecha había sido fijada para el sábado 7 de noviembre– y, en el vuelo 140 de Aerolíneas Argentinas que partió a las 16, Monzón, Brusa, Lectoure y José Humberto Menno (el sparring de Carlos, de casi 85 kilos, con los que practicó trabar, amarrar y palanquear, ya que Benvenuti lo hacía en sus peleas y los árbitros no solían observarlo por ello), todos con pasajes pagos que envió Rodolfo Sabbatini, emprendieron el viaje hacia Roma.

carlos monzon placa 1 nota 2

Completaron la delegación el profesor Oscar Patricio Russo, preparador físico, y otro sparring, Juan Aranda, quienes abonaron sus pasajes. La puesta a punto final se llevó a cabo sin problemas. Escopeta hacía footing todas las mañanas durante 40 minutos en el parque Villa Gloria, a cuatro cuadras del hotel Sporting, donde se alojaron –Carlos ocupó la habitación 666, en el 6º piso, junto al profesor Russo– y, por la tarde, trabajaba en el gimnasio, siempre bajo la atenta mirada de Brusa.

Casi nadie asistía a ver su entrenamiento pero, en cambio, los de Benvenuti, en el campamento montado en la localidad de Trani, en la región de Apulia, provincia de Bari, sobre el mar Adriático, eran casi una reunión social, con decenas de periodistas, cámaras y flashes para el monarca, quien se encontraba en el pináculo de su carrera.

carlos monzon nota 2 foto 2
En el 10º asalto, una derecha del retador hizo flamear al campeón, y lo conmovió hasta los huesos. En el 11º round, Monzón salió a buscar la definición por la vía categórica, pero Benvenuti se las arregló a duras penas para escapar del asedio del oriundo de San Javier.

En el 10º asalto, una derecha del retador hizo flamear al campeón, y lo conmovió hasta los huesos. En el 11º round, Monzón salió a buscar la definición por la vía categórica, pero Benvenuti se las arregló a duras penas para escapar del asedio del oriundo de San Javier.

Tal era la confianza de los italianos que, incluso, en los días previos a la pelea, el Corriere dello Sport y la Gazzetta dello Sport llegaron a titular, a cinco y cuatro columnas, respectivamente: "¿Quién eres, Monzón?" y "Carlos qué?", en dos muestras más de la seguridad que tenían todos en que el campeón conservaría su corona.

Pero se habían olvidado de alguien: el otro protagonista de la historia y, la noche de la pelea, quienes aún tenían dudas sabrían –y para siempre– quién era Carlos Monzón.

Debió infiltrarse antes de pelear

El pesaje para la pelea Benvenuti-Monzón se realizó en el teatro Cambra Iovanelli el mismo día del combate. Esa mañana, tanto el campeón como su retador –el que subió a la báscula completamente desnudo–, acusaron 72,500 kilos.

Es bien sabido que la alimentación de Monzón en su niñez y adolescencia no fue la mejor y, por eso, la calcificación de sus huesos no había sido óptima. Uno de los mayores problemas que Carlos tuvo durante gran parte de su carrera profesional fue una dolorosa lesión en su mano derecha y, por ello, debió ser infiltrado antes de cada combate (NdeR: el 27 de mayo de 1971, cuando ya era campeón mundial, Escopeta fue operado en nuestra ciudad por el doctor Juan Carlos Abraham, asistido por su colega Luis Serrano y, por fin, superó este inconveniente).

carlos monzon nota 2 foto 3
Increíblemente, a esa altura del combate, tanto los jueces como el árbitro tenían en sus tarjetas ventajas para Benvenuti. En las del suizo Aimé Leschot y el francés George Condre era de dos puntos y, en la del alemán Rudolf Durst, uno, todas para el italiano.

Increíblemente, a esa altura del combate, tanto los jueces como el árbitro tenían en sus tarjetas ventajas para Benvenuti. En las del suizo Aimé Leschot y el francés George Condre era de dos puntos y, en la del alemán Rudolf Durst, uno, todas para el italiano.

Por eso, horas antes de la pelea Monzón debía ser infiltrado con novocaína. Juan Carlos Lorenzo, el por entonces director técnico de la Lazio, equipo de la capital italiana, llegó al hotel Sporting junto con el médico del plantel pero, el mismo, se negó enfáticamente a inyectar a Monzón.

Una honda preocupación envolvió a todos. Pero el Toto, quien les había prometido que solucionaría el problema, cumplió su palabra. Cuando faltaban menos de dos horas para la pelea y, en la puerta del hotel, el remisero que había enviado Rodolfo Sabbatini para llevarlos al estadio tocaba bocina insistentemente para que bajaran, Lorenzo volvió al hotel con dos médicos argentinos radicados en Roma y, en menos de diez minutos y trabajando uno en cada mano, infiltraron a Escopeta, quien ya se había puesto la coquilla, el pantalón, las medias y las botas –por idea de Brusa– para ganar tiempo mientras aguardaba el regreso del Toto, que hasta había comprado las jeringas, anestésico, agujas y alcohol.

carlos monzon placa 2 nota 2.jpg

El efecto de la infiltración sería de una hora, que era la duración de la pelea –pactada a 15 rounds, incluyendo los descansos entre los mismos–, por lo que transcurrido ese lapso, los dolores y molestias en la mano del sanjavierino darían el presente otra vez.

Esa lluviosa e inolvidable noche romana, el Palazzo dello Sport estaba colmado por 18.000 espectadores –de los cuales 200 eran santafesinos que acompañaron a su coterráneo a la capital italiana– que dejaron en las boleterías una recaudación de 110 millones de liras (unos 176.000 dólares de la época).