Roberto “El Negro” Van Lacke es una de las glorias y leyendas vivas del Básquet Santafesino. Fue uno de los jugadores que brilló en las generaciones del 70 y del 80 en este deporte, época dorada del baloncesto local. Es recordado por su nombre junto a otros como Carmelo Mendoza, Carlos Verga, Fidel Gutiérrez, Roberto Monti -actual Presidente de la Asociación Santafesina de Básquet-, Felipe Fernández, Héctor Von Der Thusen, Eduardo Barati, Néstor Millén, Víctor Tacca y Domingo Patrone.
Jugó en Regatas durante gran parte de su vida, de los 14 hasta los 24 años. Luego se fue a Colón, luego Unión se lo quiso llevar pero él decidió esperar para no pasar de un club al otro. Entonces se volvió a Regatas en 1977 para que, al año siguiente, pase a jugar en Unión. En el Tatengue jugó hasta 1983. Luego de todos esos años en el básquet de la ciudad y de su gran carrera en los clubes más importantes, se dedicó a jugar en los pueblos. San Justo, Ceres, Gálvez, Concepción del Uruguay y dejó de jugar profesionalmente a las 43 años.
Roberto tiene toda una vida ligada al básquet y recuerda lo que le dio este deporte en su vida: “El básquet me enseñó a ser persona. Gracias al básquet soy lo que soy”.
Desde la Escuela Grilli al básquet
De pequeño fue a la Escuela Grilli sobre calle Balcarce en Santa Fe. La Institución tenía en el club Regatas el centro de educación física, ahí fue donde conoció a Jorge Rico. Un profesor que lo incursionó en el básquet: “Vos tenes que jugar al básquet, por tu altura lo tenes que hacer. Yo practicaba waterpolo y era arquero por la altura en ese momento. Lo hacía muy bien y me gustaba mucho. Pero esto fue la mejor decisión que pude hacer”.
Un día fue a entrenar con el equipo de básquet y coincidió que también esa misma tarde fueron algunos de los dirigentes más importantes de Regatas. En ese momento, lo conocían por el waterpolo, no por es básquet. Cuando lo vieron jugar le dijeron que decida que quería hacer. “Y bueno, decidí por esto”, recuerda Roberto. Y ahí empezó todo. Con tan solo 14 años empezó en el club a practicar y a los 15 ya vestía la camiseta de la primera división de Regatas.
Ruben González, Juan Alberto Barea, Héctor Von Der Thusen, Olando Peralta, entre otros fue con algunos de los nombres que se iniciaría Roberto Van Lacke. Al principio le costó. Pero “el esfuerzo te lleva a superarte”, esa frase fue lo que lo llevó a poder permanecer entre los mejores.
La época dorada y su paso por Colón
El 1974 comienza el semiprofesionalismo en el básquet. Ese año, Regatas se va a jugar un Torneo Argentino a La Rioja. Cuando vuelven, Roberto Van Lacke recibió un ofrecimiento de un club: “Fui a la casa del dirigente a buscarlo para arreglar, pero no lo encontré. Entonces al otro día Colón me vino a buscar y terminé firmando”. Roberto cuenta que el Sabalero lo marcó para toda su vida: “La gente tan pasional, tan fanática. Íbamos a jugar partidos amistosos a Santiago del Estero y nos seguía un colectivo de hinchas a verlos. Una locura pensar eso en este momento”.
No sólo era el básquet en Colón, sino que también tenía una gran relación con los jugadores de fútbol en ese momento como Cococho Álvarez, Chocolate Baley, el Bambi Araoz, Enzo Trossero, Carlos López. “Nos juntábamos a comer a menudo y después jugábamos al fútbol o al básquet. Una vez hicimos una gira todos juntos por el norte del país. Viajamos en el mismo colectivo. Sólo que ellos iban a jugar al fútbol y nosotros al básquet”.
Sus años en el básquet
De Colón volvió a Regatas y luego a Unión. Cuenta Roberto que en el Tatengue también la pasó muy bien pero “fue diferente. No teníamos tanta llegada a la gente”. Sin embargo, sus mejor recuerdos fueron en la cancha del lagunero cuando se disputaban partidos a estadio lleno donde la gente se quedaba afuera y no podía ingresar. Filas y filas de personas sobre la calle sin poder verlos. “En esta cancha”, señala Van Lacke, “jugamos partidos contra la Selección de China, el Palmeiras de Brasil, el Juventud de Badalona, el Barcelona de España. La cancha reventaba de gente. Fue lo más hermoso que vi. Todo esto ya no existe”.
Sin embargo, recuerda con algo de nostalgia una cuenta pendiente que le quedó en su enorme carrera como basquetbolista: "A mi me hubiera gustado jugar en la Selección Argentina. Creo que tenía todas las condiciones para hacerlo. Pero lamentablemente me encontré con técnicos capitalinos, llevan jugadores de Capital porque no insumen gastos, al menos en ese tiempo. Yo en ese momento me topé con otro jugador que tenía las mismas condiciones y no me eligieron".
Su mayor orgullo
Su hijo, el reconocido Federico Van Lacke, un enorme basquetbolista que estuvo en actividad durante más de 20 años es su mayor orgullo. Roberto con mucha emoción estalla de alegría al hablar de él: “Junto a mis dos hijas, por Federico siento un gran orgullo. De chiquito quería jugar al básquet”.
Pero más allá del deporte, lo que trató de dejarle como aprendizaje para la vida es el respeto y la educación. “Siempre vi eso en él. Siempre cuando viajaba a verlo jugar todos me destacaban eso. Sus entrenadores me decían la gran persona que es”. Una historia que guarda en su memoria es que un entrenador fue a felicitarlo. Roberto creyó que era por lo bien que había jugado ese partido. Pero no: “Me dio la mano y me dijo lo felicito por la clase de persona que educó”.
Roberto Van Lacke es sin dudas uno de los mejores bastbolistas que tuvo Santa Fe. Una persona que hasta hoy continúa yendo a Regatas a tirar al aro. Una persona que le entregó su vida al básquet.
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