Nada es fácil en la vida y más siendo ciego. Maxi Espinillo se remonta al principio de su historia y cree que los resultados son increíbles. “Soy el menor de tres hermanos. Mis padres se separaron y me crié un poco con cada uno de ellos. Mi mamá fue muy complaciente conmigo dentro de las posibilidades, priorizando lo esencial. Con frío, lluvia o calor, había que salir a trabajar”.
Atravesados por la ceguera
Maxi creció en un mundo sin imágenes, rodeado de personas no videntes. “Mi madre heredó de su mamá cataratas y a los 15 años comienza a perder la vista. Su familia la deja internada en el instituto para ciegos Hellen Keller, de Córdoba. Allí conoce a mi papá, quien había quedado ciego en un accidente automovilístico. El instituto nos albergó a todos los Espinillos. Mi hermano mayor es ciego porque cuando éramos chicos, jugando al fútbol, lo empujan contra un palo y el golpe le causa un glaucoma traumático. Mi hermana hereda de mi mamá cataratas y es disminuida visual. Por su propia experiencia de vida, mamá nunca nos sobreprotegió, ni tuvo miedo por nosotros. Siempre nos acompañó a todo lo que queríamos hacer y eso fue una gran ventaja para mí”.
De la ceguera propia y familiar nuestro campeón aprendió que no hay algo que no se pueda hacer, de hecho hoy en día vive con su novia en una ciudad que no es donde nació y tiene una vida normal como cualquier persona con sus 5 sentidos.
Un ganador en la vida
Desde niño Maxi sintió pasión por el fútbol, su primer regalo fueron botines; dormía con ellos puestos. Jugaba con sus primos poniéndole a la pelota bolsas o piedras dentro para escucharla. En el instituto para ciegos al que asistía jugaba todo el día, de ahí su práctica y habilidad.
Por sus vivencias pasadas Maxi se anima a dar un consejo a los padres de niños con alguna discapacidad. “Deben acompañarlos, sacarse el prejuicio de que no pueden y decirles: ¡vamos a intentarlo!. Si se tienen que golpear tampoco es un drama, se van a levantar fortalecidos”.
Maxi vive hoy del fútbol porque recibe una beca del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD). “Con su ayuda puedo dedicarme al deporte de manera profesional a nivel internacional. Tres veces a la semana entreno con los Búhos, el primer equipo santafesino de fútbol para ciegos. Participamos en una liga nacional. Dos días voy al gimnasio con un preparador físico y viajo a Buenos Aires 5 días al mes a entrenar con mis compañeros de la selección”.
El fútbol hoy es su forma de ganarse la vida, pero también es su gran maestro. “Me enseñó lo que es trabajar en equipo y no rendirme, tanto dentro como fuera de la cancha. Con el tiempo fui entendiendo que solo es un juego, que es importante ganar porque a nadie le gusta perder, pero ningún resultado es tan importante. He conocido otras historias de vida fuera de la mía y he aprendido de ellos también”.
Los Murciélagos tienen el talento, las ganas y la pasión, por lo tanto ser campeones del mundo no los sorprendió, era un título que esperaban.
“Con sacrificio, trabajo y esfuerzo pudimos llegar a la cima. El apoyo de nuestras parejas y familias es fundamental. Ellos te impulsan los días en los que no hay ganas de entrenar, te marcan que hay un objetivo y te debes levantar”.
Su compañera de ruta, su gran amor
Victoria Bossio es diabética desde los tres años. En la adolescencia tuvo una etapa de rebeldía y no se cuidó lo suficiente. No veía bien de lejos y debía usar lentes. Como en la escuela se le burlaban, no los usaba. En el año 2013, a los 24 años, por no llevar sus lentes puestos tuvo un accidente en moto que la dejó ciega.
Viky contacta a Maxi por las redes para conocer un poco más sobre el mundo de los ciegos. A los meses de empezar a charlar se pusieron de novios.
En el caso de Viky, a diferencia de Maxi, la mamá la sobreprotegió siempre. Si bien es lógico y son miedos naturales de los padres, a Viky le generaba mucha inseguridad. Decidió dejar atrás los miedos y mudarse con Maxi a Córdoba. Volvieron luego de unos años porque extrañaba a su mascota ya que cuando quedó ciega, fue su cable a tierra. En el 2019 se instalaron en Santa Fe donde Maxi se integra a los Búhos y logra tener un equipo estable.
“La vida me puso frente a un compañero ideal, Maxi me enseñó a manejarme en la calle, ya que viajaba solo desde muy chico por todo el país. Debía salir a disfrutar de esta ciudad que según él, no es tan grande y sus habitantes no viven tan acelerados como en otros sitios”.
La ayuda se agradece
En general los santafesinos no estamos acostumbrados a tratar en la calle a un discapacitado. Nos falta información para no temer acercarnos y preguntar si necesitan algo.
Maxi y Viky relatan que “muchos quieren ayudar y no saben cómo. Nos hablan de lejos o hay quienes nos toman del brazo para cruzarnos y sin querer nos asustan. Por otro lado, es importante educar a la población para que respeten las reglas, ya que nos hemos lastimado con veredas rotas, motos y bicicletas mal estacionadas”.
“En el medio de la peatonal colocaron guías para los bastones de los ciegos y los negocios ponen sobre ellas sus carteles. Lo mismo sucede con los rampas de las esquinas para las sillas de ruedas y estacionan ahí los autos. Que la gente tome conciencia de esta situación, nos ayudaría mucho”.
Siempre una dificultad en la vida trae un aprendizaje y para Victoria fue valorar la vida. “A partir del accidente todo cambió, comencé a cuidarme por mi enfermedad. Hoy tengo una segunda oportunidad. Me siento orgullosa de poder salir adelante. Actualmente me gustaría trabajar. Deseo que los gobiernos capaciten a las personas con discapacidad y que se cumpla la ley que garantiza el cupo laboral”.
Nada detiene a nuestro murciélago que avanza en la vida siguiendo sus sueños, su próximo objetivo es competir en Santa Fe en la liga nacional el 30 de septiembre y primero de octubre. Luego es el torneo Panamericano con la selección en noviembre. Y la gran cita el año que viene, son los paraolímpicos en Francia.
Para Maxi, más allá de los premios, “lo importante es contar con el apoyo de las personas que te bancan en las buenas, pero más en las malas. Cuando te lesionas, cuando te toca no estar en una lista para viajar. Las que te cuidan para que no comas de más. No están en la foto del campeón, pero son parte de la medalla”.
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