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Cuando Muhammad Ali le dio un rotundo "no" a la guerra de Vietnam

El viernes 28 de abril de 1967, el más grande rechazó sumarse a las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos para servir en el conflicto del sudeste asiático y, aunque alegó ser objetor de conciencia por motivos religiosos, lo despojaron de su título mundial, le revocaron su licencia de boxeador, lo condenaron a cinco años de prisión y le fijaron una multa de 10.000 dólares. Tras una prologada inactividad, la Corte Suprema de su país le daría la razón en 1971.

Fue la figura deportiva más carismática y controversial del siglo XX. Amén de haber sido el primer tricampeón mundial pesado, a sus extraordinarias condiciones atléticas le sumó una mente que trabajaba a la velocidad de la luz, una personalidad avasallante, una infinita confianza en sí mismo, un amor propio gigantesco y un magnetismo del que muy pocos pudieron presumir.

Pero no solo maravilló a propios y extraños sobre un ring: también fue conocido por sus férreas posturas religiosas, políticas y sociales, al punto tal de renunciar a millones de dólares y más de tres años de su plenitud en el boxeo por mantenerse fiel a sus principios en contra de la guerra, cuyo hito fundamental erigió el 28 de abril de 1967, al negarse a servir en las Fuerzas Armadas de su país y no ir a la de Vietnam.

Ese día, Muhammad Ali desafió nuevamente al hipócrita stablishment conservador estadounidense y, además, dio otro paso hacia su inmortalidad, la que la Historia –esa con mayúsculas, que El Más Grande bien supo escribir– atesoraría para todos los tiempos.

Un destino de absoluta grandeza

Cassius Marcellus Clay nació en el seno de una familia de clase media baja en el Hospital General de Louisville, Kentucky, Estados Unidos, el sábado 17 de enero de 1942. Descendiente de seis generaciones de esclavos, fue el primogénito del matrimonio conformado por Cassius Marcellus Clay, Sr., un pintor de carteles y letrista, y Odessa Lee Grady, una empleada doméstica.

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Ali cultivó una amistad con Malcom X –un influyente y radical defensor de los derechos de los afroamericanos, cuyo verdadero nombre era Malcom Little, y que fue asesinado el 21 de febrero de 1965, en Manhattan– y, posteriormente, se sumaría a la organización política y religiosa Nación del Islam, cuyo líder era Elijah Muhammad.

Ali cultivó una amistad con Malcom X –un influyente y radical defensor de los derechos de los afroamericanos, cuyo verdadero nombre era Malcom Little, y que fue asesinado el 21 de febrero de 1965, en Manhattan– y, posteriormente, se sumaría a la organización política y religiosa Nación del Islam, cuyo líder era Elijah Muhammad.

Cuando tenía 12 años, le robaron su bicicleta y, al ir a denunciar el hecho, el policía Joe Martin –quien era el encargado del gimnasio Columbia de Louisville, y que sería su primer entrenador– le recomendó que practicara boxeo, disciplina en la que su innato talento y, especialmente, su gran velocidad de desplazamientos en el ring, no tardaron en aparecer.

En los Juegos Olímpicos de Roma 1960, se alzó con la medalla de oro en mediopesado (hasta 81 kilos) y, con 18 años, cerró su excelente etapa amateur con un récord de 161-6.

Apenas regresó a su país, al flamante campeón lo echaron de un bar de Louisville “porque no era para negros”, y furioso, arrojó su medalla de oro al río Ohio.

Más de tres décadas después, en 1996, en los Juegos de Atlanta –cuyo pebetero encendió el viernes 19 de julio en el Centennial Olympic Stadium, e hizo llorar al mundo de la emoción por el avanzado Parkinson que lo consumía– el por entonces presidente del COI, el catalán Juan Antonio Samaranch, le entregaría una réplica de la misma y le pediría disculpas “en nombre del deporte”.

El sábado 29 de octubre de 1960 debutó como profesional y, en Louisville, le GPP 6 (unánime) a Tunney Morgan Hunsaker. Dos meses después se puso a las órdenes de Angelo Dundee –nacido en 1921 y fallecido en 2012, cuyo verdadero nombre era Angelo Mirena– y, rápidamente, se convirtió en la nueva sensación de los pesados.

Con una inédita desenvoltura, un enorme desparpajo, y con una autoestima infinita (en toda su trayectoria, predijo 17 veces en qué round vencería a sus rivales, y acertó en 13), se autoproclamó El Más Grande y, en vez de imitar la conducta de las mayorías –es decir, volcarse por la comodidad y la indiferencia–, optó por convertirse en un durísimo juez contra cualquier tipo de discriminación racial.

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En esta foto, tomada el 28 de marzo de 1966 en Toronto, Canadá, Muhammad Ali (que era campeón mundial desde el 25 de febrero de 1964) señala el título principal del diario local Sunday News (“30.000 marchan en protesta contra Vietnam”), y mostró que no era el único que se oponía a esta guerra. Ese mismo año, el Ejército de Estados Unidos modificó sus tests de admisión, lo declaró “apto” y lo llamó a las filas.

En esta foto, tomada el 28 de marzo de 1966 en Toronto, Canadá, Muhammad Ali (que era campeón mundial desde el 25 de febrero de 1964) señala el título principal del diario local Sunday News (“30.000 marchan en protesta contra Vietnam”), y mostró que no era el único que se oponía a esta guerra. Ese mismo año, el Ejército de Estados Unidos modificó sus tests de admisión, lo declaró “apto” y lo llamó a las filas.

Con notable capacidad de expresión, siempre se comprometió y hundió el bisturí hasta el hueso al referirse a la histórica explotación del blanco sobre el negro, lo que irritaba de sobremanera a gran parte de la hipócrita sociedad estadounidense y mundial de entonces.

Cultivó una amistad con Malcom X –un influyente y radical defensor de los derechos de los afroamericanos, cuyo verdadero nombre era Malcom Little, y que fue asesinado el 21 de febrero de 1965, en Manhattan– y, posteriormente, se sumaría a la organización política y religiosa Nación del Islam, cuyo líder era Elijah Muhammad.

El martes 25 de febrero de 1964 y, en el Convention Center de Miami, aplastó a Charles Sonny Liston y, con 22 años, un mes y ocho días, se ciñó las coronas pesadas AMB-CMB. Pero no solo eso: al día siguiente anunció que cambiaba su “nombre de esclavo” por el de Cassius X y, poco después, por el de Muhammad Ali, El más altamente digno, en musulmán, fe religiosa que abrazó oficialmente partir de ese momento.

Entre el martes 25 de mayo de 1965, cuando noqueó a Liston en la revancha, disputada en Lewinston, Maine, y miércoles 22 de marzo de 1967, cuando le GKO 7 a Zora Folley en el Madison Square Garden neoyorquino, Ali retuvo exitosamente nueve veces sus coronas. Estaba en la cima del mundo, pero…

De convicciones irrenunciables

Negro en un país con mayoría blanca, y musulmán en una nación con preeminencia de católicos y protestantes, Ali sabía perfectamente que le harían la vida imposible por su defensa de los derechos de los afroamericanos pero, absolutamente jamás, traicionó sus principios. Ni siquiera cuando comenzó a recibir muchos pases de facturas por su firme compromiso político y social.

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En una de las imágenes más icónicas de la vida de Muhammad Ali –y que fue tomada el viernes 28 de abril de 1967–, el teniente coronel J. Edwin McKee, comandante del Centro de Reclutamiento del Ejército en Houston, Texas, escolta al por entonces campeón mundial pesado (que tenía 24 años) en calidad de “detenido” tras negarse tres veces a ser incorporado. El Más Grande alegó ser objetor de conciencia para no sumarse a las filas de un país que trataba a los miembros de la raza negra como ciudadanos de segunda clase.

En una de las imágenes más icónicas de la vida de Muhammad Ali –y que fue tomada el viernes 28 de abril de 1967–, el teniente coronel J. Edwin McKee, comandante del Centro de Reclutamiento del Ejército en Houston, Texas, escolta al por entonces campeón mundial pesado (que tenía 24 años) en calidad de “detenido” tras negarse tres veces a ser incorporado. El Más Grande alegó ser objetor de conciencia para no sumarse a las filas de un país que trataba a los miembros de la raza negra como ciudadanos de segunda clase.

Por caso, había sido exceptuado de prestar servicios en Vietnam debido a que no aprobó los tests de inteligencia (su calificación había sido 1-Y) pero, en 1966, el Ejército modificó las mismas, pasó a ser 1-A (declarándolo apto) y lo llamó a las filas, en un claro ajuste de cuentas del stablishment blanco.

Pero Ali adujo ante la justicia que no podía ser reclutado por ser ministro de los Musulmanes Negros. “¿Acaso ustedes alistarían a un obispo católico o un pastor protestante? ¡Ustedes quieren ir a hacerme pelear contra gente de la que no sé nada! ¡Quieren hacerme ir a liberar a otro pueblo cuando mi propio pueblo no tiene libertad en casa! ¡Nadie del Vietcong –la guerrilla que combatió contra Vietnam del Sur y los Estados Unidos en este conflicto– me dijo nigger!” (el agravio más duro e hiriente para referirse a un negro), disparó.

“¿Por qué iban a pedirme que me pusiera un uniforme y me fuera a 10.000 millas (casi 16.000 kilómetros) de casa y arrojara bombas y balas sobre la gente en Vietnam, mientras que los negros en Louisville son tratados como perros y se les niegan simples derechos humanos?", completó.

Hasta ese momento, ninguna personalidad del país –ya sea política, deportiva o artística– se había pronunciado tan duramente en contra de la guerra de Vietnam.

Sin embargo, uno de los apoyos más significativos provino del otro lado del Atlántico: John Lennon y Paul McCartney, comprometidos con la paz en el mundo, le manifestaron una profunda admiración por su lucha.

La sociedad estadounidense estaba dividida: aunque una parte consideraba que, al enfrentar abiertamente al gobierno, su actitud era “valiente”, muchos más lo tildaron de “cobarde” y “traidor”, pero a Ali no le importó.

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Por su desobediencia, inicialmente fue “retenido” en el Centro de Reclutamiento de Houston, para luego ser “detenido” y, tras estar un par de horas en esa condición, se retiró del lugar en compañía de un abogado, quien logró que lo dejaran en libertad. Al salir y, ante numerosos periodistas que lo aguardaban –además de muchos ciudadanos negros que le manifestaron su firme apoyo–, ratificó que no se sumaría a las Fuerzas Armadas para servir en Vietnam.

Por su desobediencia, inicialmente fue “retenido” en el Centro de Reclutamiento de Houston, para luego ser “detenido” y, tras estar un par de horas en esa condición, se retiró del lugar en compañía de un abogado, quien logró que lo dejaran en libertad. Al salir y, ante numerosos periodistas que lo aguardaban –además de muchos ciudadanos negros que le manifestaron su firme apoyo–, ratificó que no se sumaría a las Fuerzas Armadas para servir en Vietnam.

Hasta que el viernes 28 de abril de 1967, se presentó en el Centro de Reclutamiento del Ejército en Houston, Texas. Otros diez ciudadanos que habían sido convocados junto con él dieron el paso al frente –tal era la formalidad requerida al ser nombrados– pero, cuando el monarca pesado escuchó “Clay, Cassius Marcellus”, se quedó en su lugar.

Un profundo e incómodo silencio dio el presente en la sala. Al ser llamado por segunda vez, tampoco se movió. Entonces le advirtieron que, de mantener su postura, podría ser condenado por desertor pero, al rechazar por tercera vez su reclutamiento, ocasión en la que lo nombraron como “Muhammad Ali”, firmó una declaración donde manifestaba los motivos de su negativa.

Por su desobediencia, inicialmente fue “retenido” en el lugar, para luego ser “detenido” y, tras estar un par de horas en esa condición, se retiró del Centro de Reclutamiento en compañía de un abogado, quien logró que lo dejaran en libertad.

Al salir y, ante numerosos periodistas que lo aguardaban –además de muchos ciudadanos negros que le manifestaron su firme apoyo–, ratificó que no se sumaría a las Fuerzas Armadas para servir en Vietnam.

La primera consecuencia de la histórica decisión que Ali había tomado, llegó ese mismo día: “La Comisión Atlética de Nueva York y la AMB (Asociación Mundial de Boxeo) le quitan reconocimiento (como campeón) por negarse a dar el paso adelante para incorporarse al ejército de Estados Unidos”, decía la notificación.

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Uno de los múltiples respaldos que Ali recibió fue el del doctor Martin Luther King, Jr., incansable luchador contra la segregación racial y por los derechos civiles de los afroamericanos, y Premio Nobel de la Paz en 1964. “Él (por Ali) está haciendo lo que está haciendo sobre la base de la conciencia”, dijo en una conferencia de prensa. “Es absolutamente sincero. Respaldo firmemente sus acciones”, agregó King, quien sería asesinado el 4 de abril de 1968 en Memphis.

Uno de los múltiples respaldos que Ali recibió fue el del doctor Martin Luther King, Jr., incansable luchador contra la segregación racial y por los derechos civiles de los afroamericanos, y Premio Nobel de la Paz en 1964. “Él (por Ali) está haciendo lo que está haciendo sobre la base de la conciencia”, dijo en una conferencia de prensa. “Es absolutamente sincero. Respaldo firmemente sus acciones”, agregó King, quien sería asesinado el 4 de abril de 1968 en Memphis.

El domingo 4 de junio siguiente, El Más Grande y un grupo de destacados atletas y políticos afroamericanos se reunieron en la sede del Sindicato Económico Industrial Negro de Cleveland.

Los basquetbolistas Ferdinand Lewis (Lew) Alcindor (tras convertirse al islamismo en 1971, pasaría a llamarse Kareem Abdul-Jabbar, “Noble servidor del Todopoderoso”) y Bill Russell, y Carl Stokes –quien, en noviembre del mismo año, se convertiría en el primer alcalde negro de esta ciudad– fueron algunos de los que participaron de la reunión, que se conoció como la Muhammad Ali Summit (La Cumbre de Muhammad Ali).

Tras la misma, brindaron una conferencia de prensa. "No hay nada nuevo que decir", señaló Ali, ante la decepción de quienes esperaban que anunciara su marcha atrás en su postura contra la guerra.

Pero este encuentro significó un gran apoyo para él: fue una clara muestra la solidaridad, ya que todos lo acompañaron en su lucha contra el poder, que restringía y negaba derechos para la comunidad afroamericana.

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El domingo 4 de junio de 1967, El Más Grande y un grupo de destacados atletas y políticos afroamericanos se reunieron en la sede del Sindicato Económico Industrial Negro de Cleveland, en la que se conoció como la Muhammad Ali Summit (La Cumbre de Muhammad Ali), donde todos le manifestaron un decidido apoyo a su causa. En la foto, abajo, de izquierda a derecha, Bill Russell, Ali, Jim Brown y Lew Alcindor (tras convertirse al islamismo, se llamaría Kareem Abdul-Jabbar); de pie, de izquierda a derecha, Carl Stokes, Walter Beach, Bobby Mitchell, Sid Williams, Curtis McClinton, Willie Davis, Jim Shorter y John Wooten.

El domingo 4 de junio de 1967, El Más Grande y un grupo de destacados atletas y políticos afroamericanos se reunieron en la sede del Sindicato Económico Industrial Negro de Cleveland, en la que se conoció como la Muhammad Ali Summit (La Cumbre de Muhammad Ali), donde todos le manifestaron un decidido apoyo a su causa. En la foto, abajo, de izquierda a derecha, Bill Russell, Ali, Jim Brown y Lew Alcindor (tras convertirse al islamismo, se llamaría Kareem Abdul-Jabbar); de pie, de izquierda a derecha, Carl Stokes, Walter Beach, Bobby Mitchell, Sid Williams, Curtis McClinton, Willie Davis, Jim Shorter y John Wooten.

La condena que recibió

El martes 20 de junio de 1967 y, tras el veredicto al que arribó un jurado compuesto exclusivamente por blancos luego de deliberar solo 20 minutos, el juez Joe Ingraham declaró a Cassius Clay –como insistieron en llamarlo en el juicio, desarrollado en Houston– culpable de evadir el reclutamiento, lo condenó a cinco años de cárcel en una prisión federal, lo multó con 10.000 dólares y, encima, le retiraron la licencia de boxeador (temperamento que luego adoptarían muchos otros estados de la Unión) y el título mundial de los pesados, y hasta le retuvieron su pasaporte.

En abril de 1968 y, en medio de su lucha contra la guerra de Vietnam, Ali fue la portada del afamado magazine Esquire. La imagen –una de las más famosas de todos los tiempos– fue tomada por el fotógrafo Carl Fischer, y lo muestra como San Sebastián, el mártir cristiano del siglo III. Al momento de la sesión de fotos, Ali ya había sido despojado de su título de peso pesado después de negarse a ser reclutado en el Ejército y, sin licencia de boxeador, tampoco podía pelear en ninguna parte de Estados Unidos.

La pena fue inusualmente dura y buscó asegurar de que Ali no se convirtiera en un símbolo de la resistencia contra la guerra: al momento de recibir su condena, un centenar de soldados estadounidenses morían por día en Vietnam y, este conflicto, le costaba al país unos 2000 millones de dólares por mes.

El sentimiento contra la guerra estaba creciendo y, en ese momento, muchos creyeron que una “ejemplar” condena contra Ali ayudaría a apagar el fuego. Pero, de hecho, ocurrió lo contrario: la innegociable postura de El Más Grande avivó las llamas.

Ali obtuvo su libertad condicional bajo fianza y, al elevar la apelación de su condena, dijo: “Me opongo enérgicamente al hecho de que tantos periódicos le hayan dado al público estadounidense y al mundo la impresión de que solo tengo dos alternativas en esta posición: o voy a la cárcel o voy al Ejército. Hay otra alternativa y, esa alternativa, es la justicia. Si prevalece la justicia, si se respetan mis derechos constitucionales, no me veré obligado a ir al Ejército ni a la cárcel. Al final, estoy seguro de que la justicia vendrá en mi camino, porque la verdad debe finalmente prevalecer”.

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En abril de 1968 y, en medio de su lucha contra la guerra de Vietnam, Ali fue la portada del afamado magazine Esquire. La imagen –una de las más famosas de todos los tiempos– fue tomada por el fotógrafo Carl Fischer, y lo muestra como San Sebastián, el mártir cristiano del siglo III. Al momento de la sesión de fotos, Ali ya había sido despojado de su título de peso pesado después de negarse a ser reclutado en el Ejército y, sin licencia de boxeador, tampoco podía pelear en ninguna parte de Estados Unidos.

En abril de 1968 y, en medio de su lucha contra la guerra de Vietnam, Ali fue la portada del afamado magazine Esquire. La imagen –una de las más famosas de todos los tiempos– fue tomada por el fotógrafo Carl Fischer, y lo muestra como San Sebastián, el mártir cristiano del siglo III. Al momento de la sesión de fotos, Ali ya había sido despojado de su título de peso pesado después de negarse a ser reclutado en el Ejército y, sin licencia de boxeador, tampoco podía pelear en ninguna parte de Estados Unidos.

Su mensaje antibelicista se replicó en todo el mundo: en muchos países –algunos tan disímiles como Guyana, Pakistán, Egipto, Ghana o el propio Reino Unido–, comenzaron a ver a Muhammad Ali como a alguien más que un deportista famoso.

Incluso, durante los siguientes tres años se reunirían decenas de miles de firmas para que le restituyeran el título mundial pesado.

Sin boxear y, ni siquiera, poder salir del país, comenzó a dar conferencias en distintas escuelas y universidades (que le permitían disponer de un ingreso para ayudar a mantener a su familia), donde explicaba su postura en contra de la guerra y ratificaba su lucha por los derechos civiles de su raza y de otras minorías.

En diciembre de 1968, pasó diez días en la cárcel de Dade, Miami, debido a una vieja infracción de tránsito y, metiendo el dedo en la llaga, tiró: “Será un buen entrenamiento si tengo que cumplir prisión por haber evadido el servicio militar”.

Tres años después, una Corte Federal le dio la razón y, todos los cargos, fueron levantados, ya que la misma admitió a las creencias religiosas como objeción para servir en las Fuerzas Armadas.

En total, el oriundo de Louisville pasaría 43 meses sin pelear y, el lunes 28 de junio de 1971, la Suprema Corte estadounidense anuló definitivamente su condena por desertor al considerarla “arbitraria” y “no razonable”.

¿Y cuál fue la reacción de El Más Grande tras tomar conocimiento de este fallo histórico? “Ya celebré. Le recé a Alá", recordaría años después.

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La Suprema Corte de Estados Unidos anuló su condena en 1971 y, al volver al boxeo, Ali y se convertiría en el primer tricampeón pesado de la historia. Tras su retiro en 1981, se dedicó a labores humanitarias y, absolutamente siempre, su mensaje fue de paz. El viernes 19 de julio de 1996, en el Centennial Olympic Stadium –y a pesar de lucir muy afectado por el Mal de Parkinson, que se le había diagnosticado en 1984–, encendió el pebetero de los Juegos Olímpicos de Atlanta.

La Suprema Corte de Estados Unidos anuló su condena en 1971 y, al volver al boxeo, Ali y se convertiría en el primer tricampeón pesado de la historia. Tras su retiro en 1981, se dedicó a labores humanitarias y, absolutamente siempre, su mensaje fue de paz. El viernes 19 de julio de 1996, en el Centennial Olympic Stadium –y a pesar de lucir muy afectado por el Mal de Parkinson, que se le había diagnosticado en 1984–, encendió el pebetero de los Juegos Olímpicos de Atlanta.

Al referirse a todo lo que debió sortear tras su negativa a enrolarse, Ali expresó: “Algunas personas pensaron que era un héroe. Algunas personas dijeron que lo que hice estuvo mal. Pero todo lo que hice fue de acuerdo con mi conciencia. No estaba tratando de ser un líder. Solo quería ser libre”, manifestó.

Y, sin anestesia, abundó: “Hice lo que todas las personas, no solo los negros, deberían haber pensado en hacer, porque (en esa época) no solo se reclutaba a los negros. El gobierno tenía un sistema en el que el hijo del rico iba a la universidad y, el hijo del pobre, iba a la guerra. Luego, después de que el hijo del rico salió de la universidad, (el gobierno) hizo otras cosas para mantenerlo fuera del Ejército hasta que fuera demasiado mayor para ser reclutado”.

Su vuelta al boxeo, y otra vez campeón

Volvió a los rings el lunes 26 de octubre de 1970 (le GKOT 3 a Jerry Quarry, en Atlanta) y, de ahí en más, en medio de un profundo proceso de transformaciones políticas y sociales en los Estados Unidos –la guerra de Vietnam era cada vez más impopular–, su figura se posicionó firmemente en la cima del mundo otra vez.

El lunes 7 de diciembre de 1970, le GKOT 15 al valiente Oscar Natalio Bonavena en el Madison neoyorquino y, el lunes 8 de marzo de 1971, en el mismo escenario, resignó su invicto ante un duro en serio: Joe Frazier, medalla de oro en pesado en los Juegos de Tokio 1964, quien le GPP 15 –hasta lo derribó en el 15° round– y retuvo sus coronas AMB-CMB.

Pero su rivalidad con Smokin’ Joe tendría dos capítulos más: el lunes 28 de enero de 1974, Ali le GPP 12 en el Madison y, el martes 30 de septiembre de 1975, en Manila, Filipinas, le GKOT 14, en la famosa batalla en la que ambos, agotados al extremo, no querían salir a combatir en el último asalto.

“Con vos nunca más, Joe. Es lo más parecido a la muerte”, le dijo El Más Grande a Frazier en el hospital, donde ambos terminaron ese día, tras cerrar esta trilogía 2 a 1 a su favor.

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Al anochecer del viernes 3 de junio de 2016, El Más Grande falleció a los 74 años en el Scottsdale Osborn Medical Center, de Scottsdale, en el Gran Phoenix, Arizona. Su multitudinario funeral se realizó una semana después y, entre quienes portaron su féretro en el Cave Hill Cemetery de Louisville –su ciudad natal, donde descansan sus restos–, se encontraban los ex campeones pesados Lennox Lewis y Mike Tyson, y el actor Will Smith, quien lo personificó en la película biográfica Ali, de 2001.

Al anochecer del viernes 3 de junio de 2016, El Más Grande falleció a los 74 años en el Scottsdale Osborn Medical Center, de Scottsdale, en el Gran Phoenix, Arizona. Su multitudinario funeral se realizó una semana después y, entre quienes portaron su féretro en el Cave Hill Cemetery de Louisville –su ciudad natal, donde descansan sus restos–, se encontraban los ex campeones pesados Lennox Lewis y Mike Tyson, y el actor Will Smith, quien lo personificó en la película biográfica Ali, de 2001.

El miércoles 30 de octubre de 1974, a los 32 años, recuperó en el ring lo que le quitaron en un escritorio más de siete años antes: en una de sus obras maestras, le GKO 8 (2’58”) a su compatriota George Foreman en Kinshasa, Zaire, y volvió a asombrar al mundo.

"Africa es el hogar del hombre negro. Vuelvo a mis raíces, el verdadero hogar de todos nosotros, el del pueblo negro, del que nos fuimos esclavos y al que volvimos como héroes", dijo apenas arribó a la capital del ex Congo Belga.

En el recordado choque donde empleó la estrategia del "rope-a-dope" (cuya finalidad era cansar a Big George mientras este lanzaba sus devastadores golpes, aunque también requirió una gran capacidad de asimilación), El Más Grande se ciñó nuevamente las coronas pesadas AMB-CMB en medio del ensordecedor “¡Ali, boma ye!” (que en swahili, una lengua del grupo de las bantúes, significa “¡Ali, mátalo!”) de los zaireños (sus “hermanos”, como los llamó), que lo alentaron en todo momento.

Sin dudas, ya era una leyenda viviente.

Tras diez defensas exitosas en su segundo reinado, Ali perdió sus títulos ante su compatriota Leon Spinks quien, el miércoles 15 de febrero de 1978, le GPP 15 (dividido) en Las Vegas.

Pero no le importó, porque sabía muy bien que ya tenía reservado su lugar en la eternidad.

Tal es así que, el viernes 15 de septiembre, en New Orleans, recuperó sus coronas ante el mismo rival (le GPP 15 en fallo unánime) y se convirtió en el primer tricampeón pesado de la historia.

No combatió hasta 1980, cuando intentó lograr el tetracampeonato pero, el jueves 2 de octubre de ese año, en Las Vegas, PKOT 10 (en la que fue su única derrota antes del límite) ante su compatriota Larry Holmes –quien había sido su sparring entre 1973 y 1975–, el por entonces monarca pesado AMB.

Pero siguió desafiando al dios Cronos y, con 39 años, el viernes 11 de diciembre de 1981, PPP 10 (unánime) ante el jamaiquino Trevor Berbick en Nassau, Bahamas. Fue su último choque profesional.

Anunció su retiro y, tras 61 combates, su récord, fue de 56-5 (37 ko). Disputó 25 peleas con la corona mundial pesada en juego: 23 por la absoluta, una por la de la AMB y otra por la del Consejo Mundial de Boxeo (CMB). Además, realizó otras nueve peleas por el título NABF (estadounidense) de la máxima división.

En 1984, cuando tenía 42 años, le diagnosticaron Mal de Parkinson. “Soy prisionero de mi cuerpo. Es la materia la que se dañó, no mi cerebro. Me desespero viendo cómo la gente se apiada de mí. Y sufro, porque los músculos no me responden. Pero, mentalmente, sigo siendo el mismo Ali que todos conocieron”, afirmaría con crudeza.

Su infinito y ejemplar legado

Ali recibió premios y distinciones por doquier y, entre ellos, se destacan: Premio Martin Luther King, Jr. (1970); miembro del Hall de la Fama del Olimpismo de los Estados Unidos (1983); ingresó al Hall de la Fama del Boxeo Internacional de Canastota, Nueva York (1990); Medalla Presidencial de la Libertad (2005); reconocido como “Rey del Boxeo” por el CMB (2012), y Deportista del Siglo XX por la revista Sports Illustrated, de los Estados Unidos, y la BBC británica.

Como siempre, su mensaje fue de paz. Y, muy a su pesar, se supo de las innumerables obras de beneficencia y filantrópicas que realizó.

“Fue con la condición de que ningún medio se enterara, porque la caridad debe ser silenciosa. Yo conozco la pobreza y los problemas de las mayorías. De allí que fue mi deseo que, lo que pudiera aportar, no llenara de vergüenza a los beneficiados”, expresó con genuina humildad.

Se dedicó a labores humanitarias, y no hubo líder mundial que no se entrevistara con él. Es más: su popularidad e influencia eran tan grandes que, el domingo 2 de diciembre de 1990, tras 11 días de negociaciones en Bagdad, el ex rey pesado abordó un avión de Iraqi Airways junto con 15 estadounidenses y otros 18 extranjeros que habían recuperado su libertad entre ellos seis británicos y dos canadienses tras haber sido rehenes del dictador Saddam Hussein en plena crisis previa a la Primera Guerra del Golfo, cuyas acciones militares se desencadenaron el miércoles 16 de enero de 1991, y se extenderían hasta el jueves 28 de febrero del mismo año.

Ali siempre defendió los ideales de la libertad, la paz y la fraternidad entre los hombres. Por eso, tras los atentados terroristas del martes 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos, perpetrados por la radical organización yihadista Al Qaeda, subrayó que el Islam era una religión “de paz” y participó en una campaña a favor de las víctimas.

Con una infinita entereza, Ali convivió con el Parkinson durante 32 años hasta que, al anochecer del viernes 3 de junio de 2016, El Más Grande falleció en el Scottsdale Osborn Medical Center, de Scottsdale, en el Gran Phoenix, Arizona.

Su multitudinario funeral se realizó una semana después y, entre quienes portaron su féretro en el Cave Hill Cemetery de Louisville –donde descansan sus restos–, se encontraban los ex campeones pesados Lennox Lewis y Mike Tyson, y el actor Will Smith, quien lo personificó en la película biográfica Ali, de 2001. Tenía 74 años.

El Más Grande fue un irrepetible bailarín de ballet de 1,88 metro y 95 kilos (promedio) que, por su velocidad, elegancia y plasticidad sobre los rings, parecía un welter –de casi 30 kilos menos–, y hacía que sus oponentes parecieran torpes mastodontes.

El que –valga reiterarlo una y mil veces– “volaba como una mariposa y picaba como una abeja”. Y el que, con su talento, demostró que el boxeo puede ser una suprema expresión estética, y no la lucha entre dos hombres que tratan de escapar del hambre y la miseria a los golpes.

Todo eso fue y será Ali. El que aspiraba a ser recordado “como un negro que ganó el título pesado, fue ocurrente y trató bien a todos”. Y el que recalcó: “Si mi salud fuera perfecta, todos creerían que soy Superman pero, ahora, dicen «es humano, igual que nosotros». ¡Ah! Y recuerden lo hermoso y genial que fui”.

Descansá en paz, irrepetible y fenomenal campeón, que jamás serás olvidado.

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