Dos llaveros y una toalla de él y una campera de ella. Con estos elementos, dos fanáticos de Roger Federer se unieron para lograr algo que parecía imposible: acercarse a su ídolo que estaba a unos dos metros por debajo de ellos.
Alcanzarlo era imposible. La idea de acercarle una gorra y una camiseta para que las firme tenía más oportunidades que ellos que estaban ubicados en el “codo bajo B”, a unos dos metros por encima de la cabeza de Federer, sobre la puerta de ingreso y egreso de los tenistas a la cancha.
Es que la formación de las tribunas en el estadio Mary Terán de Weiss del Parque Roca, en Villa Soldati (Buenos Aires), tienen una particularidad: la primera platea está bastante lejos de la pista. Sobre el suelo, se colocan algunas sillas para quienes accedan a packs y promociones especiales y para la prensa. Este es el lugar preferencial para conseguir una foto o un autógrafo de un ídolo.
A las 20:20 de la noche del martes, el partido de exhibición entre Roger Federer y Alexander Zverev en Argentina, terminaba con la victoria del alemán en dos sets por tiebreak 7-6 y 7-6.
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Después de la ceremonia de premiación, Federer ofreció una entrevista cerca de la puerta de salida de la pista. Como en cada final de match, los fanáticos se acomodaban en las esquinas para pedirle un autógrafo. Ellos sabían que era la última oportunidad en la que verían a Federer jugar en el país, al menos mientras esté profesionalmente activo. Y él sabía que se estaba despidiendo –de alguna forma– de ellos. Por lo tanto, tras retirarse Zverev con la copa de la cancha –que quedó perdido tras la locura de los seguidores del suizo en ese momento final– Federer se quedó un rato inusual firmando pelotas gigantes, remeras, gorras y pósters.
Tener al mejor tenista de la historia a dos metros y volver a casa con las manos vacías no era una opción para los fans del “codo bajo B”. Así fue que abrieron sus mochilas, unieron todo lo que tenían a mano y lograron bajarle al grito de “¡Roger, Roger!” una gorra roja RF y una remera del merchandising de la exhibición. Algo bastante extraño para la seguridad del lugar.
Más de una década viendo por televisión o por distintas plataformas situaciones similares a la que se estaba viviendo en el Parque Roca a las 20:39 del miércoles 20 de noviembre, ocurriendo en distintas partes del mundo, acompañando el tour del suizo por Oceanía, Asia, Europa o Estados Unidos, y ahora ¡había una oportunidad de vivirlo en primera persona! Fue así como los fans se las ingeniaron para formar parte de este momento y llevarse un recuerdo para toda la vida.
Cuando terminó de firmar los objetos de los seguidores que estaban a nivel del suelo, Federer dio la vuelta y encontró sobre su cabeza la “piola” larga, que tenía que tener “unos dos metros por lo menos para llegar cómodamente a sus manos”, y fue a la búsqueda con un fibrón en la mano.
No es la primera vez que el suizo se encuentra con el humilde ingenio de sus fanáticos para poder tener un recuerdo suyo. De hecho, durante el partido cumplió los caprichos de la tribuna, como cuando le pidieron insistentemente una foto y les respondió realizando las poses de todos sus golpes. Fue una de las interacciones más simpáticas del suizo con su público durante la exhibición.
Federer dio la vuelta y encontró sobre su cabeza la “piola” larga, que tenía que tener “unos dos metros por lo menos para llegar cómodamente a sus manos”, y fue a la búsqueda con un fibrón en la mano.
Sucede que Roger Federer despierta inspiración, ganas, admiración y emociones. Un lugar que pisa el ganador de 20 Grand Slams o un objeto que pasa por sus manos, es un lugar o un objeto para tomarle una foto. Así, la gorra roja de RF tuvo su momento de fama. Después de conseguir la firma del suizo se volvió “invaluable” para algunos o “sin precio” para otros. La gorra de esta fan, que llevaba unos cuatro o cinco años siendo simplemente una gorra, ahora es un tesoro.
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