El estadista y escritor francés Jean de Boufflers nos dice que "El placer es la flor que florece; el recuerdo es el perfume que perdura". Esta frase es más que aplicable en el fútbol. Mucho más si hablamos de personas que marcaron a fuego la historia de sus instituciones. Los números pueden crecer, los nombres pueden caer, pero los recuerdos no se borran jamás.
Edgardo Roberto di Meola nació el 23 de septiembre de 1950. A 14 años de su fallecimiento, su memoria sigue grabada a fuego entre los hinchas más longevos de Colón, el lugar que lo vio brillar en su máximo esplendor. Se inició en el Club San Cristóbal de la capital santafesina y por diez pares de botines, no jugó en Unión. En el conjunto sabalero jugó 242 partidos y marcó 70 goles, ubicándose como uno de los máximos goleadores de la institución.
Su vida en Colón
Alto y flaco, de buen toque y veloz, Di Meola creció de manera exponencial. Tanto fue así que Menotti lo tuvo en cuenta en sus primeros encuentros: fue el centrodelantero en el debut ante España el 12 de octubre de 1974, con empate 1 a 1 en cancha de River.
Además, jugó en River, Gimnasia y Esgrima La Plata, Tigre, Huracán; The Strongest de Bolivia y luego se dedicó al futsal.
El día que convirtió en el clásico y su madre no lo dejó entrar a la casa
En la calurosa tarde de domingo 30 de octubre de 1977, Unión y Colón se enfrentaban en el 15 de Abril por la 38° fecha del Torneo Metropolitano. Unión formó con Pérez; Hugo López, Mazzoni, Merlo y Bottaniz; Trullet, Telch y Bongiovanni; Ortega, D’Alessandro y Marasco; mientras que Colón lo hizo con Andrada; Araoz, Di Plácido, Zimmerman y Fernández; Villarruel, Roldán y Di Meola; Vega, Luñiz y Aricó.
Faltando cuatro minutos de un encuentro absolutamente insípido sin situaciones claras, Ricardo Aniceto Roldán envió un centro para que La Chiva reviente de un zurdazo a José “Perico” Pérez, dándole al sabalero uno de los clásicos más recordados de aquella década. Un dato para destacar, es que Colón jamás pudo volver a ganar dos clásicos consecutivos en Primera División, luego de este partido.
Al llegar a su casa, su madre -fanática del Tate- no lo dejó entrar, considerando una ofensa aquel gol con la camiseta de su más acérrimo rival.
Di Meola falleció el 16 de noviembre de 2005, a la edad de 55 años; producto de una infección en la muela que le afectó la médula y tras serias complicaciones, no logró superar. De esta manera pasó a la eternidad uno de los grandes goleadores que tuvo la Ciudad de Santa Fe, y que aún resuenan los gritos de sus goles en el Brigadier.








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