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Cultura | Picasso |

Picasso y "Las señoritas de Avignon", el inicio del cubismo

"Las señoritas de Avignon" de Pablo Picasso es un óleo sobre tela pintado en 1907. El cuadro es el resultado de años de estudio y el inicio de uno de los movimientos más influyentes del siglo XX.

Considerado uno de los grandes maestros de la pintura de todos los tiempos e incluso el artista más reconocido del entorno contemporáneo, Pablo Picasso es inventor de un estilo inconfundible. El malagueño pensaba que en el arte ya estaba todo hecho y que la obra de los artistas del pasado no podía ser superada.

Siendo un gran observador de la evolución de la pintura, sus estudios derivaron en uno de los movimientos prolíficos del siglo XX y junto a George Braque fueron los creadores del cubismo. La inserción de Picasso se la dio una tela tan revolucionaria que modificaría la historia del arte: "Las señoritas de Avignon", donde abundaba el geometrismo y las deformaciones.

"Las señoritas de Avignon", el inicio del cubismo en la vida de Pablo Picasso

Una visita a las colecciones de arte primitivo en el museo etnográfico del Trocadero y una exposición de Gauguin, fueron los motores que inspiraron el camino de Picasso hacia el cubismo, ya que intentó fusionar ambos estilos para poder exponer el resultado de su investigación.

El artista estuvo más de nueve meses para terminarlo, donde no permitió que ningún visitante viera el proceso de elaboración, a excepción de sus colegas. Durante los seis primeros trazó más de 800 estudios preliminares, aunque el primer boceto general de la obra data de 1907, en el que se puede observar siete personajes: cinco mujeres desnudas y dos hombres. Sin embargo, en junio de ese año, Picasso obtuvo las cinco mujeres que compondrían el reconocido lienzo.

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"Las señoritas de Avignon" de Pablo Picasso se encuentra ubicado en el MoMA (Museum of Modern Art) en la ciudad de Nueva York.

Según el propio autor, la escena inspiradora es en el interior de un reconocido burdel de la época, donde él mismo se alojó por varios meses, ubicado en la calle Avincyó de la ciudad de Barcelona. Si bien Pablo consideró que "Las señoritas de Avignon" no estaban terminadas, las tomó como la consumación de sus largos estudios y una simplificación de los elementos básicos mezclados con el contacto con la realidad.

El óleo sobre tela tiene una superficie de 243,9 x 233,7 cm. donde hay un total de cinco mujeres desnudas, o casi totalmente desnudas, producto del cubismo y la pintura abstracta. Allí se puede ver que dejó de lado la perspectiva, dejando tanto a las mujeres como el fondo descompuestos por planos geométricos y angulosos.

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"Las señoritas de Avignón": un análisis parte por parte

Al estar inspirada en un burdel, en primer lugar, se observan tres prostitutas que ofrecen de manera sensual sus cuerpos al espectador, aunque las dos mujeres del centro se presentan con curvas que le dan mayor suavidad al hecho. La primera dama, que está de perfil, refiere al arte egipcio y las dos centrales al ibérico.

Por otro lado, el bodegón de frutas, formado por una sandía, manzana, pera y uvas, es una naturaleza muerta, que en realidad busca homenajear al entonces fallecido Cézanne. Las frutas están reducidas a formas geométricas y Picasso no le da importancia al color.

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La obra fue repudiada por sus amigos, quienes no comprendieron la revolución que provocaba y se indignaron.

La obra fue repudiada por sus amigos, quienes no comprendieron la revolución que provocaba y se indignaron.

En las dos figuras de la derecha se observa una prostituta sentada de espaldas que mira al frente con un rostro deformado por una nariz torcida y ojos en cada extremo, acompañado de una forma que simula ser una mano, queriendo mostrar un giro rápido de sorpresa. A su lado, de pie, con una máscara que denota la influencia que recibió del arte primitivo, con un gesto corre las cortinas para que se visualicen mejor las figuras.

Pese a que el cuadro fue terminado en 1907, Picasso lo mantuvo guardado en su estudio de Montmartre. Por aquel entonces, sólo algunas personas fueron invitadas especialmente a verlo, incluyendo a sus amigos, quienes no entendieron la obra y se mostraron indignados a tal punto que Matisse lo calificó como "abominable y amorfo".

Sin embargo, en 1916 el cuadro vio la luz al ser expuesto por primera vez al público y recibió el nombre por el que lo conocemos en estos tiempos, "Las señoritas de Avignon".

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