A través de sus obras, Vincent Van Gogh logró plasmar sus trastornos psicológicos y sociales, es decir, que su vida personal fue la gran influencia para sus pinturas. Cada pincelada en distinta dirección y la intensidad del color cobran fuerzas según el período psíquico que atravesaba.
¿Existe relación entre cada etapa pictórica de Van Gogh y su vida personal?
Primera etapa: Realista
Con un espíritu rebelde, Vincent deja de lado las ideas clásicas que aprendió en la Escuela de Bellas Artes y decide continuar con sus propios conocimientos sobre el color. El pintor, caracterizado por tener conciencia de clases, inaugura su primer período conocido como “Realista” y con él madura su vocación artística.
Esta etapa tiene como protagonistas a los trabajadores rurales, quienes eran claros representantes del proletariado con el que él se sentía a gusto. Se caracteriza por sus colores oscuros y terrosos, porque según Van Gogh los campesinos debían pintarse con los mismos tonos de la tierra que cultivaban, y por texturas que sugieren un intenso frío.
Un ejemplo es su gran obra temprana “Los Comedores de Patatas”, resultado de su obsesiva mirada hacia los campesinos, que trató de dar un valor claro por medio de tonos relativamente oscuros, es decir, trató de expresar la luz por oposición a la oscuridad. Podríamos decir que Van Gogh y dicho cuadro marcan dos fronteras personales: la época de aprendizaje y los comienzos de la profesionalidad; entre el dominio del color oscuro y del color claro, marcó una etapa fundamental dentro de su obra por la cual no admitía críticas, porque consideraba en ese momento que era su pintura más acertada.
La inspiración pictórica y sus relaciones personales siempre estuvieron entrelazadas. La falta de interés y el escepticismo del padre hacia su pintura -quien fallece de manera repentina y deja un vacío en su vida-, su forma de ser atípica que no coincidía con las prácticas sociales del pequeño pueblo donde vivía y generaban aún más rechazo, y una ruptura amorosa son algunas problemáticas que nos explican por qué en esta etapa hay un uso excesivo del negro, por qué a simple vista cada obra genera tanta tristeza y melancolía sin saber que Vincent estaba dejando una huella de sus sentimientos. Además demuestra que su criterio era reflejar la vida misma en sus obras, por eso su carrera pictórica está marcada por los lugares donde vivió y trabajó.
Segunda etapa: Parisina
En medio de una frustración personal por no poder vender ningún cuadro, Vincent se traslada a París junto a su hermano Theo, y con las ideas claras de lo que estaba buscando: perfeccionar su técnica, conocer las tendencias artísticas del momento y tratar de superar el fracaso comercial de su obra. Se encuentra con el mundo de lo bohemio, de los cafés, de los cabarets, pero por sobre todo el mundo del arte.
El barrio de Montmartre en la capital francesa fue la cuna de su amistad con artistas como Pissarro, Toulouse Lautrec y Signac, quienes de diversas formas marcaron su vida y obra. El impresionismo y puntillismo que conocía sólo de las revistas ahora lo veía directamente, y los pintores que lo practicaban compartían mucho más que la pasión.
Durante su primer año, llama la atención el bienestar de Van Gogh. Dejando de lado los complejos que lo habían llevado a mudarse, se aclimata a la ciudad y es aceptado por los demás pintores, a tal punto que Theo le escribe a su madre: "No podrías reconocer a Vincent de lo mucho que ha cambiado, y esto impresiona a los demás (…) Hace progresos formidables en su trabajo, y la prueba es que empieza a tener éxito. Aún no ha vendido ningún cuadro, pero intercambia sus cuadros con los demás. De esta manera hemos conseguido tener una bonita colección que, naturalmente, tiene un cierto valor."
Sin perder su sólida personalidad artística y acercándose a sus colegas, Vincent comprende que debe actualizar su paleta: elimina los negros de la época holandesa y los cambia por azules, verdes, amarillos y naranjas con los que logra una mayor luminosidad; empieza a copiar láminas japonesas y descubre una nueva percepción de la luz y el color; en cuanto a las pinceladas, si bien realiza algunos cuadros con pequeños puntos de color como Signac, lo abandona para buscar su estilo y convierte los puntos en guiones que a veces toman direcciones onduladas -son claros impulsos de sus propios sentimientos-. Así fue que París convierte a Van Gogh en colorista y Holanda en tonalista.
Pero el tiempo nunca trabajaba a favor de Van Gogh: se sumaron el abuso de la bebida y los ataques constantes a Theo porque como comerciante de arte era un claro representante de la burguesía opresora. No toleraba que nadie le llevara la contra bajo ningún concepto. Además se sumaron las malas relaciones con algunos pintores que catalogaba de “egoístas y envidiosos” con los que tenía largas discusiones sobre arte.
Este nerviosismo significaba que París ya nada le aportaba. Ya no podía escribir que “el aire francés despeja el cerebro y hace bien, muchísimo bien” como lo hizo al poco tiempo de llegar a la ciudad. Ya no le hacía bien el aire parisino porque él no era un hombre de ciudad, ya lo había agotado todo lo que el ambiente de la ciudad de las luces podía darle. Como era costumbre, se marchó cuando le parecía que su entorno estaba agotado, pero esta vez con una paleta mucho más clara.
Tercera etapa: Arlés
Siguiendo el consejo del pintor Toulouse Lautrec, Van Gogh parte hacia el sur de Francia. El pueblo de Arlés era el sueño de formar la comunidad de artistas que quiso iniciar en París; a su vez fue la búsqueda de nuevos estímulos y sobre todo, de su propia Japón, de la que recibía inspiración de las láminas. Su conducta siempre ocasionó una incomprensión, por que empezó el principio del fin.
Si en París había descubierto el color, en Arlés descubrió la luz. La misma que intentó proyectar en cada pincelada y que trató de explicar en palabras en sus cartas. Se enfrenta a los azules, amarillos y violetas que tanto lo obstinaban; queda empeñado en lograr el contraste de los colores de la naturaleza, y sobre todo lo llama la transparencia con la que el sol permite admirar el color.
Como siempre que llegaba a un lugar Vincent exultaba interiormente, su salud mejoraba dentro de lo posible y su trabajo era excesivo. La alimentación siempre fue escasa y desordenada, pero en este tiempo bebe mucho y en ocasiones pasa días alimentado sólo a café, pan y alcohol. Estas condiciones fueron un detonante para que estalle su enfermedad.
En esta etapa incorpora un factor que lo mantenía ocupado y lograba que pueda desahogarse a través de sus cuadros: el uso de un color para cada estado de ánimo; logrando así crear un lenguaje propio para transmitir sus sentimientos.
Junto con su nueva casa en el pueblo, llega su amigo Gauguin y consigo unas discusiones de arte, acompañadas de alcohol, que sólo lograba una enorme carga de nervios en Van Gogh. Pasaba el tiempo y la tensión entre ambos artistas crecía. A su vez sufrió de varios episodios de epilepsia, ataques psicóticos e ideas delirantes. Tan graves fueron los incidentes, que cuando Vincent se dio cuenta que Gauguin lo abandonaría intentó agredirlo con una navaja de afeitar, y se termina cortando el lóbulo de una oreja.
Primero fueron ingresos y salidas del Hospital Principal de Arlés. Pero al poco tiempo ingresó voluntariamente en el Sanatorio de Saint Remy de Mausole, donde se lo diagnostica y trata como enfermo epiléptico.
Cuarta etapa: Saint Rémy
Aunque su idea era realizar un tratamiento de unos tres meses, las recaídas se tornaron frecuentes y le obligaron a permanecer casi un año en el sanatorio. Los altibajos de ese período fueron tan profundos que llegó a escribir: “Tanto en mi vida como en la pintura, puedo muy bien pasarme sin Dios; pero no puedo, sin sufrir, pasarme sin algo que es más grande que yo, que es mi vida entera: la fuerza de crear”.
Estuvo un año aislado de las influencias artísticas y rodeado de enfermos mentales. La convivencia con el resto de los pacientes del centro le permitió perder el miedo a la "locura", algo que él mismo creía que padecía. Los internos, según afirmaba en sus cartas, le generaban gran ternura y les tenía afecto.
Pese a su intento de tener buena predisposición de ánimo, con el paso del tiempo la atmósfera deprimente del Hospital terminan imponiéndose. Acostumbrado a ser una persona libre, que encontraba su inspiración en la naturaleza, se halla bajo reglas que sólo permitían salidas al exterior acompañado de un enfermero que lo observaba y lograba interrumpir su entusiasmo para pintar. Se le hizo difícil encontrar una ocupación durante todo el día. Entonces, la pintura deja de ser una actividad artística y se transforma en una terapia ocupacional para distraerse. Pintar le permitía vivir.
Van Gogh afirmaba que los colores en sus trazos eran efectos beneficiosos del alcohol, por ello cuando entra en abstinencia comienza a pintar más gris; el colorido que tenían sus cuadros en Arlés queda atrás. Las pinceladas siguen siendo pastosas y exageradas, las líneas se ondulan aún más formando espirales, y logra darles relieves. Aunque tiende a cerrar su ciclo como artista, a su vez lucha contra su destino y une sus recursos para convertirlos en creatividad.
Pero como si presintiera que el final estaba cada vez más cerca, empezó a pensar en su retorno al norte. Su estancia en Saint Rémy fue muy dolorosa y confusa: sus sentimientos se transformaron en el reflejo de las obras y mostraron sus vivencias y la dura realidad.
Quinta etapa: Auvers- Sur Oise
Dejando atrás sus días de encierro y recuperando la libertad, Vincent se vuelve a sentir pleno al llegar a un nuevo lugar. Se reencuentra con paisajes similares a los de su pueblo natal, tiene a Theo y su familia a sólo 30 kilómetros, y está al cuidado de un doctor, Gachet.
Estando cerca de otros pintores y sintiéndose parte del pueblo, su salud mejora al punto que él mismo escribe a su hermano que “sus pesadillas han desaparecido y que ha dejado de beber”. Deja de lado sus traumas del pasado y se dedica a pintar. Sus cuadros muestran pinceladas rápidas, corta y empastadas; juega con la luz primaveral y abunda el verde, es decir, sus cuadros vuelven a tomar color como su vida. Vincent renace una vez más.
Su ritmo de producción rápido va de la mano con la rutina ordenada: en 75 días pintó 78 cuadros y realizó 32 dibujos. Sus obras son el claro reflejo del bienestar y equilibrio tan esperado.
Pero durante esa primavera donde Vincent parecía florecer, una carta de su hermano Theo rompe con su paz y proyectos. En ella su hermano le contaba las dificultades por las que atravesaba y de nuevo le teme al abandono. Con sus sentimientos en el medio, elabora cuadros más dramáticos y con colores menos vivos. De nuevo su expresionismo intenta mostrar qué le pasaba y sus obras sólo transmitían tristeza.
El mes de julio de 1890 fue uno de los más lluviosos de los últimos años. O sea, mientras Vincent estaba más afectado por su hermano, parecía que la naturaleza se había aliado para aumentar su melancolía. En medio del campo, el 27 de julio se disparaba una bala en el estómago y logró regresar a su casa. Pero dos días después murió en presencia de su hermano. El día de su entierro el sol hizo justicia por su gran admirador y el cielo se despejó.
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