jueves 9 de abril de 2020
Cultura | Isla | Marcos López | Provincia de Santa Fe

Marcos López y su Rancho: “Es de lo más importantes que hice en los últimos años”

“Todavía no estoy tomando conciencia”, afirmó a Aire de Santa Fe. El artista santafesino transformó la sede del Colegio de Arquitectos en un paisaje isleño con una fuerte evocación a su historia personal y su arraigo a la ciudad.

 

Por Coqui Toum

La fachada del edificio de calle San Martín al 1700 ahora tiene techo de paja. En el ingreso hay tierra, gomas, redes de pesca, chapas, camalotes y hasta una víbora. Es un viaje a la isla en el centro de Santa Fe. Es el Rancho que ideó Marcos López en plena sede del Colegio de Arquitectos local.

En el interior, en la sala en que habitualmente se exponen cuadros, fotos y esculturas, una canoa con un cuerpo maniatado rodeado del camalotal marcan el centro. En las paredes, a los costados, recuerdos de la infancia en Gálvez, un altar, una manta, reminiscencias que desde lo particular aluden a lo colectivo. Arte o artesanía, no hay más división, sentenció López en la apertura la instalación este viernes (28 de junio) por la noche.

Reconocido a nivel nacional e internacional, el artista se referencia de manera constante con la ciudad y con la zona. La misma zona que delimitó Juan José Saer en sus textos, que ilustró celosamente Juan Arancio, que documentó y filmó Fernando Birri.

Es el momento de la interpelación al ser santafesino, a la santafesinidad. Es el turno de Marcos López, que según sus propias palabras, inauguró ayer una de las intervenciones más importantes y significativas para su carrera.

—¿Cómo surge la idea de convertir el Colegio de Arquitectos en un rancho?

—En principio, la directora del Colegio, Griselda (Bertoni) siempre tuvo ganas de que haga algo ahí. Somos de la misma generación. De la misma época, ella estudiaba arquitectura y yo ingeniería. Hay algo con lo que yo trabajo siempre que es la transgresión. Hay como un espíritu adolescente e irreverente en mi obra. Y cuando ví esa fachada tan vanguardista, con esas líneas tan armónicas, con esos agujeros, lo primero que se me ocurrió es decir, ¿por qué no la transformamos en un rancho de paja? Para dialogar sobre la identidad local, el color local, la isla… y me dijo que sí.

—¿Cómo fue el proceso de transformación?

—Contratamos un maestro quinchero y el tipo empezó a poner las pajas. Ahora invité a un artista de Buenos Aires, que es especialista en gomas de autos, Jorge Moyano, y en tres días que estamos acá, recubrimos todas las columnas de goma y parece una gomería. Eso es lo que me divierte y al mismo tiempo creo que es una profunda reflexión sobre la textura de lo local y sobre ciertos aspectos azarosos. Por ejemplo, pasó un tipo de la calle, paisano de campo se ve, de isla, y me dijo: “Esto parece el rancho de la cambicha”. Ahí me puse a investigar. Cambicha viene de cambá que significa negro. O sea que la cambicha es como un diminutivo de la negrita. Es interesante adonde me lleva la obra. Investigar otras cosas en lenguaje local, texturas.

El altar de Marcos López – Fotografía Carolina Tarré

—¿Cómo te sentís con el resultado?

—Estoy muy contento. Pusimos una canoa, inspirada en Horacio Quiroga, en Cuento a la deriva, que marcó mi adolescencia. Terrible cuento que les sugiero busquen en internet. Es un cuento muy trágico. Además, es la primera vez que me animo a poner pinturas al óleo. Hay instalaciones, obras de arte público, dibujos, fotografía documental. Para mi es una muestra muy importante, porque trabajo en todas las disciplinas y con un equipo de gente multidisciplinario, así que los invito a que se den una vuelta por el Rancho.

—Desde lo significativo en lo personal, ¿es lo más trascendente que has hecho en los últimos años?

—Muy significativo. Yo trabajo mucho fuera de Argentina, pero sinceramente esta muestra es muy significativa y trabajé con un equipo de jóvenes artistas de Santa Fe, en un diálogo, llamemos transversal. Así que pienso que es de las cosas más importantes que hice en estos últimos años y todavía no estoy tomando conciencia. Porque yo trabajo desde la experimentación, no con certezas. Es como un trabajo en proceso permanente e investigando sobre la identidad local. Este rancho de calle San Martín está metros de Alto Verde y a una cuadra de Inmaculada, a una cuadra de Casa de Gobierno. Hay como un diálogo cruzado de formas de identidad de Santa Fe.

—Por esta idea permanente de lo local, de lo santafesino, ¿te referenciás también en Saer, Arancio y otros artistas locales?

—De hecho, Saer y su novela Glosa, es una caminata por calle San Martín. Saer es uno de mis referentes. Siempre lo vuelvo a leer. El Entenado, por ejemplo, es una lectura que fue marcante. También estudié cine en la Escuela de Cuba que fundó Birri. O sea que Fernando fue maestro mío. O sea, todo me sigue trayendo a Santa Fe. En mi página hay un texto (*) que se llama Rancho, en donde hablo de hacer un rancho en calle San Martín, digamos. Es un momento de mi vida en el que yo creo que estoy uniendo mi propia historia. De adolescencia, de juventud, o sea que por muchos aspectos, es muy significativo. No es algo que pueda decir yo, queda feo hablar de uno mismo, pero me parece que va a ser un hecho con relevancia nacional, porque está muy potente.

Juan José Saer y su perro en Colastiné por Marcos López – Fotografía Carolina Tarré

“Si hay algo que atraviesa mi ser, mi estructura emocional, psicofísica, mi memoria emotiva, mi eje de conexión entre el cielo y la tierra es la calle San Martín de Santa Fe, mi ciudad. La ciudad donde nací y viví más o menos una tercera parte de mi vida. El primer tercio. La primera cuarta parte. Adolescencia y juventud. La niñez fue en Gálvez. Un pueblo cercano, 80 kilómetros. Pampa gringa.”, refleja López en el comienzo del texto Rancho(*).

—¿En los últimos años ha sido mayor esa necesidad de cosas en Santa Fe? ¿Por qué?

—Siempre me situé en la cuestión de ser provinciano. Siempre me situé en el epicentro de mi lugar de origen para generar mi obra. De ahí, porque siempre me gustó exagerar, me lanza una cosa bolivariana, como latinoamericanista. Bueno, ahí también me sale un diálogo con Birri de cuando fundó la Escuela de Cine de Cuba. A mi me interesa mucho que mi obra se identifique con esto de la textura de lo local. De hecho hice una película sobre Ramón Ayala, que está en internet. El que la quiera buscar está subida en Vímeo, se puede ver. Siempre trabajé con una cosa de una investigación de una identidad local.

RAMON AYALA TRAILER from Leningrado Films on Vimeo.

 

—Por último, estás usando últimamente las redes y la tecnología también como modo de expresión. ¿Qué te genera lo que sucede en ese mundo virtual?

—Aprendí a usar Instagram para ganarme la vida y me interesan las nuevas formas de comunicación. Genero contenidos solo para Instagram. Ya no uso más cámara de fotos. Hago videos de 30 segundos y me interesa la estructura dramática, la narrativa de Instagram. Todo el mundo mira las fotos en el teléfono. Es tan fuerte el cambio tecnológico que ni siquiera tenemos conciencia de lo que ha pasado en estos últimos diez años. Las formas del cambio de comunicación son absolutamente desmedidas, todavía creo que no sabemos bien. Si me olvido el cargador de celular me agarra un ataque.

 

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#rancho #santafe @capsf.ds @moyano8548 #jorgemoyano | Producción: @oficinaok

Una publicación compartida por Marcos Lopez (@marcoslopezvirtual) el 27 de Jun de 2019 a las 1:47 PDT

“Luis Mino se va de vacaciones y me contesta los mensajes. Entonces, ¿cómo es? ¿está de vacaciones o no?”, concluyó entre risas Marcos López.

 

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