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De Santa Fe a China y Japón: el camino internacional de la artista Silvia Torres Luyo
Especializada en sumi-e, la pintura tradicional de tinta japonesa, la artista visual participó de una residencia internacional cerca de Shanghái junto a creadores de distintos países. Su obra dialoga entre Oriente y Occidente y ya fue premiada en Japón.
Silvia Torres Luyo desarrolla actualmente una residencia artística internacional en China, donde comparte experiencias con creadores de distintos países.
Mientras muchos artistas sueñan con exponer en el exterior, la santafesina Silvia Torres Luyo atravesó una experiencia mucho más profunda: integró una residencia artística internacional en China, donde compartió semanas de trabajo con creadores de distintos países y continuó desarrollando una investigación que lleva años construyendo alrededor del sumi-e, la tradicional pintura de tinta japonesa.
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No se trataba únicamente de producir nuevas obras. La residencia implicó convivir con otros artistas, conocer la cultura china desde adentro y sumergirse en una rutina donde la creación ocupa prácticamente toda la jornada. Para Torres Luyo, el viaje representó un nuevo paso dentro de un recorrido que ya había recibido un importante reconocimiento en Japón y que hoy continúa consolidándose en Asia.
Una residencia en China que va mucho más allá de pintar
La invitación llegó luego de una convocatoria internacional. Tras presentar la documentación requerida y superar el proceso de selección, la artista fue elegida para participar del programa que se desarrolló en un complejo cultural ubicado cerca de Shanghái.
Allí los días comenzaban temprano. A las siete de la mañana los artistas desayunaban juntos y luego cada uno se dirigía a su espacio de trabajo. Después del almuerzo, la actividad continuaba hasta la tarde, cuando nuevamente se reunían para compartir la cena.
Sin embargo, lo más llamativo no fue el ritmo de trabajo. "Lo que más me sorprendió fue el espacio natural, la historia del lugar y la posibilidad de conocer una realidad que solamente puede aprenderse viviéndola", contó la artista en diálogo con AIRE.
El complejo donde se desarrolló la residencia posee museos, lagunas, construcciones ancestrales y una fuerte conexión con la historia cultural china, elementos que terminaron enriqueciendo también su proceso creativo. Pero, además, la convivencia con artistas de distintas nacionalidades se transformó en uno de los mayores aprendizajes. "Cada uno compartía su experiencia, su modo particular de expresar el arte y su forma de ver el mundo", explicó.
El sumi-e: una disciplina donde importa más el camino que el resultado
Aunque en Occidente suele conocerse simplemente como pintura con tinta, el sumi-e representa mucho más que una técnica. Su origen se remonta a la antigua pintura china y posteriormente fue desarrollado por los monjes del budismo zen en Japón, donde adquirió una identidad propia. Se realiza con tinta negra, pinceles tradicionales y papel washi, aunque su esencia está profundamente ligada a la contemplación de la naturaleza y al estado interior del artista.
Torres Luyo estudia desde hace años con maestros japoneses y continúa perfeccionándose constantemente. "Lo que me enamoró y me sigue enamorando no es tanto el resultado final sino el momento en que se está pintando", afirma.
Para ella, cada obra nace de un estado meditativo. Antes de comenzar, dedica un tiempo a la respiración y a la concentración. Durante la pintura, todo el cuerpo participa del proceso. "La mano, el brazo, el pincel, el papel y la tinta forman parte de una misma experiencia", explica.
El vacío también crea
Uno de los conceptos más importantes dentro de su obra es el vacío. Pero no se trata del vacío entendido desde la mirada occidental, asociado muchas veces a la ausencia o al dolor.
En la tradición oriental, el vacío representa un espacio fértil, un lugar donde puede aparecer la creación. "En la pintura de tinta importa tanto lo que está pintado como aquello que queda sugerido. Muchas veces lo más importante sucede justamente en ese espacio en blanco", sostiene la artista. Ese pensamiento atraviesa buena parte de sus series, donde los silencios visuales tienen tanta fuerza como las propias pinceladas.
Oriente y Occidente en un mismo trazo
La identidad artística de Silvia Torres Luyo nació del encuentro entre dos mundos. Su formación académica como diseñadora en comunicación visual, docente e investigadora convive con décadas de estudio del pensamiento oriental, la meditación y las antiguas tradiciones de la pintura japonesa y china.
Ella misma define su obra como un diálogo permanente entre Oriente y Occidente. "Aplico técnicas antiguas con una mirada occidental", resume al recordar el reconocimiento recibido en Japón, donde una de sus obras fue premiada por artistas especializados en sumi-e.
Ese reconocimiento también llegó de una manera muy especial: su maestra japonesa le otorgó el nombre artístico Shi-Ru-Bi-A, una tradición reservada para quienes alcanzan determinado nivel dentro del aprendizaje del sumi-e. El nombre quedó representado en un sello japonés —hanko— grabado especialmente para firmar sus obras.
Mujeres, literatura y movimiento
En los últimos años, la investigación de Torres Luyo se fue concentrando en otro gran universo: las mujeres de la historia oriental. Sus obras dialogan con emperatrices, guerreras, poetas, cortesanas y figuras mitológicas japonesas y chinas. También con los antiguos kimonos y las vestimentas tradicionales, cuyos pliegues, nudos y movimientos se transforman en símbolos dentro de sus pinturas.
La danza ocupa también un lugar importante en ese proceso creativo. "Soy bailarina de tango y practiqué distintas danzas durante mi vida. El movimiento es otra forma de expresión que aparece naturalmente cuando pinto", cuenta. Esa combinación entre literatura, historia, antropología, diseño y movimiento corporal termina dando forma a una producción artística singular que busca tender puentes entre culturas.
Los proyectos que vienen para la artista
Luego de su residencia en China, Silvia Torres Luyo ya trabaja en nuevas exposiciones internacionales. Tiene prevista una muestra en Brasil y avanza en gestiones para exhibir su obra en Buenos Aires. Además, sueña con realizar futuras residencias en Kioto, una ciudad que considera fundamental dentro de su camino artístico.
Lejos de pensar que ya encontró una voz definitiva, la artista sostiene que todavía continúa aprendiendo. "Más que encontrar una voz propia, siento que sigo encontrándome a mí misma en nuevas formas de expresión", concluye.
Con una trayectoria que une Santa Fe, Japón y ahora China, Silvia Torres Luyo demuestra que el arte también puede ser un puente entre culturas. En cada pincelada conviven la tradición milenaria del sumi-e, la contemplación de la naturaleza y una mirada profundamente latinoamericana que sigue abriéndose camino en el escenario internacional.







