A la luz de Luna sobre la orilla del río Paraná: dos leyendas guaraníes que narran cómo el amor dio forma a la flor de Yrupē
Bajo la luz de la luna, sobre la orilla del río Paraná, Yrupē, Morotĩ y Pytã protagonizan dos leyendas guaraníes de amor que cuentan el origen de la flor de Yrupē.
Dos leyendas guaraníes narran la creación de la flor de Yrupē.
Se dice que el origen de San Valentín, aquella festividad que se celebra cada 14 de febrero, se remonta al emperador romano Marcelo Aurelio Claudio (214-270), más conocido como Claudio II el Gótico, quien decidió prohibir a los soldados casarse pues creía que sin lazos de amor que los unan, menos miedo tendrían a morir.
Pero hay muchas leyendas que pueden poner en duda la teoría del emperador romano y que, al contrario, quieren demostrar que por el amor quizás no hay sacrificio imposible.
Ese es el caso de la flor del Yrupē (irupé o victoria cruziana), cuyo origen es relatado en el relato de dos reconocidas leyendas guaraníes, las cuales entrecruzan el amor, la obsesión, el sacrificio, la tragedia y el renacimiento.
Qué es la flor de Irupé o Yrupē
La flor de Yrupē es una planta acuática perteneciente a las cuencas de los ríos Paraná y Paraguay. Su apariencia es de color verde y en forma de hojas circulares flotantes que pueden llegar a media hasta dos metros de diámetro una vez maduras. Es debido a este tamaño y su flotabilidad que muchos pájaros deciden posarse sobre ellas y, hasta en algunas ocasiones, anidar en ellas.
Es recién al mes de la aparición de las hojas definitivas, a mediados de la primavera, que aparece un capullo floral. Sus pétalos cambian de color durante su ciclo de vida: al abrirse, son de color blanco y su interior se va tiñendo de un rojo suave. Tras cerrarse y volverse a abrir, se transforman a un color rosado. Los frutos que ofrece reciben el nombre de “maíz de agua” porque sus semillas sirven de alimento para pájaros y hombres.
Esta flor es una flor como cualquier otra. Sin embargo, como es común, existen leyendas y mitos que buscan relatar los orígenes a partir de historias, ya sean trágicas, de romance o terror, muchas veces con la intención de transmitir mensajes y enseñanzas, o tan solo para encontrar una explicación divina a su creación. La flor de Yrupē no es la excepción.
flor de irupé
La flor de Yrupē es una planta acuática perteneciente a las cuencas de los ríos Paraná y Paraguay.
La leyenda de Pytã y Morotĩ
Todo comienza en las orillas del río Paraná. Allí vivía un cacique llamado Rycha Tãku, gobernador de una tribu guaraní y padre de Morotĩ (‘blanco’ en guaraní). En dicha tribu, de entre todos los hombres, destacaba uno en particular: Pytã (‘rojo’), pues era el guerrero más fuerte, audaz y valiente pero, por sobre todas las cosas, porque estaba enamorado profundamente de Morotĩ.
Aunque su amor siempre se veía obstaculizado, el amor de Pytã nunca se apagaba. Y Morotĩ más que nadie estaba al tanto del amor profundo que Pytã sentía por ella. El joven guerrero, tan enamorado estaba, que hacía cualquier cosa que su amada le pidiese: trepar a lo más alto de los árboles para alcanzarle un fruto, hasta disparar flechas a los pájaros para que Morotí pudiera vestir sus plumas.
Es por eso que un día, mientras caminaba por las orillas del río Paraná junto a sus amigas, Morotĩ quiso poner a prueba el amor de Pytã y presumírselo a sus amigas. De esta manera, se quitó el brazalete de oro que usaba en su muñeca y lo arrojó a las profundidades del río. Sin preocupación, Morotĩ les aseguró a sus amigas que Pytã lo recogería pues la amaba tanto que estaría dispuesto a hacer lo que ella le pidiera.
A pesar de que su petición era demasiado peligrosa pues los vientos y lluvias recientes habían dejado una peligrosa caída y las aguas turbias, Morotĩ llamó de forma desesperada a su amado en busca de su ayuda. Sin pensarlo dos veces, Pytã se arrojó al río.
Pytã era de los mejores nadadores de la tribu, conocía al Paraná como la palma de su mano, y podría haberlo logrado sin problemas. Pero fue Tupã, el Gran Espíritu, quien decidió castigar a Morotĩ por su coquetería. Pytã logró asomar la cabeza, para al momento siguiente ser atrapado por un remolino y desaparecer para jamás volver.
Morotĩ y sus amigas, desesperadas, recorrieron la orilla del río de abajo a arriba y gritaron su nombre. Pese a sus esfuerzos, cayó la noche y Pytã no regresó a la tribu. Por su capricho y orgullo, devastada y enloquecida de dolor quedó Morotĩ .
flor irupe
La flor cambia de color durante su ciclo de vida.
Pero no se quedarían sin respuestas. El chamán de la tribu habló con los dioses, quienes le revelaron que Pytã no estaba muerto sino que se encontraba en el centro del río, en el lugar más profundo donde ningún mortal había antes llegado. Allí vivía Kuña Paje, la hechicera de las aguas. Era hermosa, pero también antigua, maligna y enamorada de Pytã. Fue por su amor que atrapó al joven guerrero con uno de sus remolinos para mantenerlo retenido en su palacio de agua.
Al conocer la verdad, Morotĩ, arrepentida y desesperada, escapó antes del amanecer y se arrojó al río. A pesar de no contarle a nadie y hacerlo a escondidas, una de sus amigas la siguió y pudo ver cómo Morotĩ se hundía. A los gritos, pidió ayuda a su tribu.
Fue entonces cuando los hombres y mujeres corrieron hacia al río a ayudar que vieron salir de las aguas una enorme y extraña flor que nunca antes habían visto.
Sus pétalos del centro eran rojos, como la sangre bravía y enamorada de Pytã, y los bordes blancos como la pureza de Morotĩ. Fue gracias a Tupã, quien perdonó la locura de los jóvenes y decidió unir para siempre a las dos almas de los jóvenes en una flor conocida como la flor de Yrupē, un símbolo del renacimiento y amor.
La leyenda de la luna y una joven llamada Yrupē
Yrupē era una joven de gran belleza. Su apariencia hacía que destacara de entre el resto de jóvenes de la tribu. Pero, además de ello, destacaba por una pequeña particularidad: estaba enamorada de la luna. Y, sobre la orilla del río Paraná, noche tras noche, Yrupē se sentaba para admirarla.
Yrupē deseaba con poder tocarla. Para poder hacer posible su anhelo de tenerla en sus brazos, Yrupē decidió subir a la cima de la montaña más grande. Así podría por fin estar cerca de la luna. Pero, a pesar de estar en lo más alto posible, no era suficiente para tocarla: estiró sus brazos, se puso de puntitas de pie, pero seguía sin alcanzarla.
flor de irupé y luna
Tras cerrarse y volverse a abrir, sus pétalos se transforman en un color rosado.
Yrupē, devastada, se echó de llorar desconsoladamente. Tupã, al ver el sufrimiento de la joven, decidió ayudarla. Al día siguiente, al caer la noche, Yrupē una vez más se encontraba a la orilla del río para observar a su amada. Como siempre, estaba en el cielo. Pero, al bajar la vista, para su sorpresa, Yrupē la vio allí, cerca de ella, blanca y redonda, reflejada en el agua.
Emocionada, Yrupē quiso acariciarla. Pero cayó al agua. Se dice que Irupé cayó en las profundidades del río para nunca más volver a aparecer.
Al otro día, tras la desaparición de la joven, el resto de habitantes de la tribu se encontraron con la laguna repleta de plantas hermosas, de color blancas que miraban hacia el cielo. Los habitantes decidieron llamar a la flor Yrupē.
El único que conocía el secreto era Tupã. Fue él quien decidió transformar a la joven en una de aquellas flores, cuya apariencia era similar a la de la luna y que, durante las noches, reflejan su brillo en el agua de la laguna.