En la heladera de cualquier casa argentina suelen convivir varios tipos de quesos frescos. Queso crema, queso untable y ricota son los más comunes, pero aunque a simple vista parecen lo mismo, tienen diferencias clave que pueden definir el éxito o el fracaso de una receta.
Elegir el correcto no es un detalle menor: cada uno tiene su textura, sabor y función en la cocina. Saber cuándo usar cada uno puede marcar la diferencia entre un plato cremoso y uno que no termina de convencer.
¿En qué se diferencian el queso crema, el untable y la ricota?
Aunque los tres son lácteos frescos, su proceso de elaboración y su textura los hacen únicos.
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- Queso crema: Tiene una textura suave y cremosa, perfecta para untar, sumar a salsas o preparar postres. Es el clásico que le da cuerpo a una cheesecake o a un dip para picadas.
- Queso untable: Es más procesado, suele tener agregados y una textura más liviana. Es ideal para untar en tostadas o galletitas, y se destaca por su practicidad y sabor suave.
- Ricota: Es la más granulada y seca de las tres, con un sabor muy suave. Se usa sobre todo para dar estructura a rellenos, como en una lasaña, canelones o tartas.
¿Cuál conviene usar en cada caso?
- Para cocinar: El queso crema es el rey de la cremosidad, ideal para darle textura a salsas y postres. La ricota, en cambio, es la aliada perfecta para rellenos porque aporta cuerpo sin invadir con su sabor.
- Para untar: Si buscás algo liviano y fácil de esparcir, el queso untable es la mejor opción. El queso crema, por su parte, suma un toque más intenso y cremoso.
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