Ciudades que cuentan historias: el día que los vecinos de Helvecia se atrincheraron para defender el muelle

La historia de un gigante de hierro que fue el corazón económico de la región y la valentía de un pueblo que se negó a ver cómo se lo llevaban.

Ciudades que cuentan historias: el muelle de Helvecia

Ciudades que cuentan historias: el muelle de Helvecia

En el silencio de la madrugada santafesina, el aire de la radio se llenó de nostalgia y memoria. El micro "Ciudades que cuentan historias" del programa La Noche al Aire recibió la voz de Elvira Reversat, autora del libro "Historia de un sentimiento" que se centra en el histórico muelle de Helvecia, ciudad cabecera del departamento Garay.

Con la sensibilidad de quien busca honrar sus raíces, Elvira desandó los años para rescatar la figura de su padre, Cecilio Reversat, el eterno guardián del muelle, y narrar un episodio que parece sacado de una película de época: el día en que los helvecianos se unieron para proteger su patrimonio material frente a la amenaza de ser trasladado a otro puerto.

"¡Vayan, suban, que el muelle se lo llevan!": el grito de Cecilio que movilizó a todo un pueblo

Corría el año 1959 y el muelle de Helvecia, que en sus épocas de gloria había sido el tercero en importancia en la provincia detrás de Rosario y Santa Fe, ya no prestaba la misma función portuaria de antaño. Ante este escenario, las autoridades decidieron que la estructura era necesaria en otro lugar y enviaron un remolcador y una draga para iniciar el traslado. Sin embargo, no contaban con el lazo invisible pero inquebrantable que unía a los vecinos con esa estructura de hierro.

"Historia de un sentimiento" fue presentado en Abril del 2026 por su autora en Helvecia

Cecilio Reversat, encargado del muelle desde 1948, fue quien dio la alarma. Según relató su hija en la entrevista: "Él fue uno de los que salió a caminar las calles de Helvecia a decir: 'Vayan, suban, porque el muelle se lo llevan'". La convocatoria de Cecilio no fue en vano; el pueblo entendió que con el muelle no solo se iba una construcción, sino una parte fundamental de su propia historia.

El muelle no se toca: niños y adultos como escudos humanos sobre el río

La respuesta de la comunidad fue inmediata y contundente. La noticia corrió de boca en boca por las calles de tierra de Helvecia, y lo que comenzó como un rumor se transformó en una movilización masiva hacia la costa del río. Elvira recordó con emoción cómo los vecinos decidieron usar sus propios cuerpos para impedir el avance de las máquinas: "Empezaron a subir personas y niños y adultos... al muelle para que no lo llevaran, para protegerlo".

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Esa resistencia civil logró lo impensado: el remolcador tuvo que apagar sus motores y la draga detuvo su trabajo ante la presencia de un pueblo atrincherado sobre las maderas y bodegas del muelle. "Lograron impedir que se lo lleven", afirmó Elvira, destacando que para los helvecianos aquel muelle era "un icono, el encuentro de la gente, algo muy preciado".

Aunque lamentablemente la estructura terminó hundiéndose en 2004 debido a la falta de mantenimiento estatal, aquel acto de valentía de 1959 quedó grabado como el máximo símbolo de la defensa de la identidad local.

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