Por Astrid Galetti
La medicina tiene muchas especialidades. Albertina, con tan sólo 15 años, tiene muy claro a lo que quiere dedicarse.
“De grande quiero estudiar medicina, pero no la medicina convencional, sino la medicina estudiando el cuerpo, cómo reacciona frente a otros espacios, otros ambientes, cómo se va a poder vivir en condiciones de poca gravedad y qué alimentos llevar. Esta experiencia me va a dar la oportunidad de saber cómo se enfrenta el cuerpo, cómo se tiene que preparar un cuerpo para poder llegar al espacio, que no es algo fácil, no es algo que se pueda hacer de un día para otro, lleva muchos meses de práctica”. Así se expresó la joven para Aire de Santa Fe.
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Albertina se refiere a la Medicina Aeroespacial. Si estudia en Argentina, tras concluir la carrera de Médico en la Facultad de Medicina, deberá hacer un posgrado de 3 años que brinda la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Instituto Nacional de Medicina Aeronáutica y Espacial.
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El interés de Albertina es el de toda la comunidad científica espacial del mundo. Desde que la NASA se propuso reactivar las misiones al espacio (con la vuelta a la Luna en el 2024 y el viaje a Marte en el 2033) los estudios sobre cómo reacciona el cuerpo humano en trayectos tan lejanos y largos se han vuelto fundamentales. Además, recientemente la Estación Espacial Internacional decidió comercializar los vuelos con fines turísticos. Pero no podrá viajar nadie que no esté preparado.

Desde este enorme laboratorio en órbita, se han realizado decenas de estudios relacionados a la medicina espacial, a cómo el ser humano se adapta a ambientes de microgravedad y a cómo la exposición a radiación solar y cósmica puede afectarlos.
La microgravedad genera en los humanos pérdida de peso, reducción de masa muscular, una posible reducción de la visión, lesiones por el ejercicio que hacen para contrarrestar todo esto e incluso, podría ser causante de una anemia. Estudios de la NASA informaron que los astronautas han vuelto del espacio con un serio descenso del número de células óseas, una multiplicación de los glóbulos rojos y una reducción del número de leucocitos.
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Según explicó a este medio Gastón Achard, piloto esperancino de la Escuela de Vuelo “dentro del ámbito de la Medicina Aeronáutica y Espacial, se efectúan investigaciones científicas y entrenamientos especializados vinculados a la protección y seguridad al personal aeronavegante”.
Y siguió: “Se realizan estudios vinculados con los problemas relacionados a la navegación humana en la atmósfera y el espacio. De esta manera, se estudian los fenómenos propios de este medio, su influencia sobre el organismo humano, la adaptación del hombre a la aeronave, como así también los mecanismos que faciliten dicha adaptación”.
La medicina espacial no sólo contempla la salud física sino también la salud mental del individuo: “El estrés, por ejemplo, es la respuesta del cuerpo a condiciones externas que perturban el equilibrio emocional de la persona”explicó el piloto.

Además, como mencionó Albertina, también es fundamental tener en cuenta la alimentación de los astronautas en el espacio y su preparación para llegar a habitar ambientes tan inhóspitos como es el caso de Marte.
Preparar a los humanos para enfrentar todo esto necesitará muchísimo de la medicina espacial ¿Qué oportunidades tiene una niña como Albertina de formar parte de estas investigaciones?
Yamila Miguel, nació en Banfield (Buenos Aires) y hoy tiene 37 años. La mujer le mandaba cartas a la NASA cuando era pequeña y de adolescente le pedía a sus padres que la llevaran al Planetario. De grande, después de completar sus estudios de astronomía, se mudó a Francia y tras presentar su postulación para lograr una beca en el Observatorio de la Costa Azul, logró formar parte del equipo de la misión de la sonda a Júpiter.

En el 2018, 7 jóvenes argentinas ganaron un concurso gracias a un proyecto que consistía en la construcción de una ciudad en el satélite natural de la tierra. En 3 días, lograron defender su proyecto en el Centro Espacial Kennedy.
Albertina ya consiguió su primera beca, a través del concurso que patrocinó la Embajada de Estados Unidos en Argentina junto al instituto Alicana, en Santa Fe. Como contó a este medio la joven, ella y Santiago se someterán a los mismos entrenamientos que un astronauta y tendrán una charla con un ex tripulante de la Estación Espacial Internacional.
Esta oportunidad les permitirá experimentar en primera persona qué siente el cuerpo en el espacio y en el caso de Albertina, llegará a la universidad con una ventaja que pocos alumnos tendrán. Y tal vez sea la primera de muchas becas que la lleven a perfeccionar sus estudios y protagonizar las misiones futuras al espacio.
Si Santiago quiere cumplir su sueño de formar parte de la NASA, necesitará perseverar en su entrenamiento físico. Desarrollar y mantener la fuerza, movilidad, potencia, resistencia y propiocepción es fundamental para formar parte de las misiones espaciales.

Deportistas, aficionados por el espacio y bilingües. Ambos, Albertina y Santiago, tienen las condiciones para iniciar una carrera que los lleve a integrar la nueva generación de científicos del mundo.



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