Fred Haise iba a vivir muchísimos años más, sin embargo, en ese viaje pensó que moriría. El Apolo 13 iba rumbo a la Luna, pero, durante una maniobra de rutina, hubo una explosión que puso en riesgo su vida y la de sus compañeros de misión, Jim Lovell y Jack Swigert.
En ese entonces, Haise, que era el piloto del módulo lunar, tenía 36 años. Sus 37 iban a llegar el 14 de noviembre de ese 1970.
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Este martes, el ex astronauta cumple 90 años. Su sueño de haber podido explorar la región Fra Mauro de la Luna no se harán realidad, pero nadie le quita el protagonismo de haber sido uno de los integrantes de la misión de rescate más impactante de la NASA en el espacio, la del Apolo 13.
¿Qué pasó con el Apolo 13?
Para entender lo que ocurrió con la misión del Apolo 13, AIRE habló con Diego Córdova, el especialista en misiones espaciales y autor de Huellas en la Luna, un documento completo sobre el programa Apolo. "Todo el perfil de la misión cambió cuando se declaró el accidente", explicó el especialista, que conoce detalles de la historia como pocos.
La explosión en el Apolo 13 ocurrió tras una maniobra de rutina.
"Ellos llevaban tanques esféricos de oxígeno y de hidrógeno a muy baja temperatura. Al estar a tan baja temperatura, el oxígeno ya no es ni gaseoso, ni líquido, ni sólido. Es como un estado en medio de los tres estados. Para que no se vaya todo al fondo y los instrumentos de medición hagan una lectura errónea de la cantidad que tienen, esos tanques tenían una varilla adentro para agitarlos. Cada tanto los astronautas apretaban un botón en el tablero y esa varilla se agitaba y hacía que el contenido se disperse de una manera uniforme en todo el tanque", contó.
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Y fue en una de estas maniobras de "agitar los tanques" cuando se produjo un corto circuito.
"Un chispazo en un tanque de oxígeno puro provocó una explosión, la cual hizo que se desparramara todo el oxígeno adentro del módulo de servicio y la presión tan grande provocó que se soltara un panel —una parte de la pared interna del módulo de servicio— donde no estaban los astronautas. El panel entero se voló", relató el investigador.
"Houston, tenemos un problema"
El astronauta James Lovell contó lo que se vivió adentro del Apolo 13 esa noche terrible, en un artículo que difundió la NASA en su página oficial.
Esto fue lo que describió Lovell: "El mensaje llegó en forma de una fuerte explosión y vibración. Jack Swigert vio una luz de advertencia que acompañó la explosión y dijo: 'Houston, hemos tenido un problema aquí'. Eran las 21:08 horas del 13 de abril. Trece minutos después de la explosión, miré por la ventana de la izquierda y vi la evidencia final apuntando hacia una posible catástrofe. 'Estamos ventilando algo en el espacio', informé a Houston". Lovell hablaba del tanque de oxígeno 2.
"En ese primer momento nadie sabía lo que estaba pasando. Ni los astronautas ni en Houston", explicó Córdova.
"El accidente ocurrió en el módulo de servicio, que es la nave principal, donde está el motor principal que los iba a traer de regreso a la Tierra. Ese motor ya no se iba a poder usar", dijo.
"Vieron el panel que se iluminó con un montón de alarmas y lo primero que dijeron es 'acá tenemos un problema eléctrico, no puede ser que todo esté funcionando mal'. Y sí. Todo estaba funcionando mal", advirtió el investigador.
Al principio, los astronautas sospecharon de un meteorito, pero luego pensaron que de ser así, ya estarán muertos.
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"Se dieron cuenta porque Lovell vio a través de un espejo retrovisor una nube blanca saliendo del módulo de servicio de la nave y eso era inequívocamente oxígeno que estaban perdiendo y si estaban perdiendo oxígeno estaban perdiendo la capacidad de maniobrar y así no iban a poder llegar a la Luna", contó el entrevistado.
Ordenan cancelar la misión del Apolo 13
Los astronautas tenían que asimilar que no llegarían a la Luna en estas condiciones.
Gene Kranz, el director de control, ordenó la cancelación de la misión y el regreso inmediato a la Tierra, si eso era posible. Él estaba convencido de que podían lograrlo, al menos, eso era lo que se había propuesto con firmeza.
Fue una noche larga. Desde entonces, se vivieron cuatro días de drama extremo en las instalaciones de la NASA y en el mundo. En la sala de prensa de la NASA en Houston, que hacía 48 horas había estado vacía, no cabía ni un alfiler.
Un desafío por sobrevivir en el Apolo 13
A partir de la explosión, los ingenieros de la NASA vivieron una carrera mental por encontrar las soluciones a todos los obstáculos que tuvieron.
Para cada decisión, tuvieron que tener en cuenta que un error podía ser fatal, como lo fue un corto circuito en un cable de un tanque, que generó semejante drama. Muchos ingenieros se lucieron.
Los astronautas no podían usar el módulo de mando, ya que debían reservarlo para el regreso. Tenían que usar ahora el módulo lunar, una cápsula diseñada para el alunizaje, no para un vuelo. Sin embargo, había que intentar continuar el viaje con ella.
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El Aquarius llevaba mucho oxígeno porque estaba programado para tres caminatas espaciales que nunca se realizaron. "Pudieron regresar con esa nave improvisada, volando el módulo lunar", dijo Córdova.
Lovell, Swigert y Haise debieron pasar la información del módulo de mando al módulo lunar y apagar el primero.
El siguiente desafío fue lograr una posición que les permitiera seguir su trayectoria hacia la Luna, rodearla sin lograr una inserción orbital y luego tomar impulso hacia la Tierra.
Cuando todo parecía ir bien, los astronautas notaron que el dióxido de carbono exhalado por ellos estaba empezando a aumentar y los estaba "envenenando".
Los cartuchos de hidróxido de litio utilizados para controlar esto estaban fuera de su alcance, almacenados en la etapa de descenso del módulo lunar.
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El próximo desafío de los ingenieros fue poder hacer que los filtros cúbicos diseñados para el módulo de mando pudieran encajar en el espacio cilíndrico del módulo lunar. Y lo lograron. Pero a estas alturas, Swaiger y Haise estaban débiles, sin haber podido beber agua por racionarla, con frío y sin dormir.
Apolo 13 y el lado oculto de la Luna
Cuando llegó el momento de rodear la Luna, el Apolo 13 pasó por su lado oculto, volando a unos 254 kilómetros de ella, y en medio de tanto drama, se estaban convirtiendo en los humanos que más lejos viajaron en el espacio. Por una media hora, perdieron la conexión con Houston.
Swigert y Haise tomaron fotos del lado oculto de la Luna y pudieron ver el Mar de la Tranquilidad, donde Neil Armstrong bajó con el Apolo 11 y se convirtió en el primer hombre en caminar por nuestro satélite.
Además, Lovell llegó a observar el Monte Marilyn, una región que él mismo bautizó con ese nombre en el Apolo 8.
Ya en el lado visible de la Luna, pudieron ver la región de Fra Mauro, donde deberían haber alunizado de no ser por el accidente.
Los astronautas del Apolo 13 regresan a la Tierra
Terminada la órbita por el satélite, el Apolo 13 logró avanzar con el motor del módulo lunar hacia la Tierra.
"Debían amerizar el 17 de abril de 1970, en el océano Pacífico, en la zona de la isla de Samoa. Pero el Aquarius no tenía que volver a la Tierra, tenía que quedar abandonado en la Luna (cuando descendieran). Tenía una batería a base de plutonio que le daba energía a los experimentos científicos que iban a desarrollar ahí. Ahora, esa batería estaba volviendo a la Tierra. En la NASA tenían miedo sobre en dónde iba a caer el módulo lunar porque iba a contaminar la Tierra", explicó Córdova.
Y dijo que "tuvieron que recalcular una vez más la trayectoria para asegurarse que cuando el módulo lunar fuera descartado cayera en la parte más profunda del océano Pacífico". Los astronautas debieron deshacerse tanto de él como del módulo de servicio.
Cuando se separaron del módulo de servicio, pudieron ver a través de una ventana cómo había sido el daño, y le tomaron una serie de fotos.
Pero la odisea no había terminado. Como se esperaba que el módulo de mando tuviera unos 50 kilogramos de más a la vuelta, ya que debían traer rocas lunares, los tripulantes del Apolo 13 debieron llenarlo con elementos que tenían en los otros módulos, antes de descartarlos.
Ahora, había llegado el momento más dramático. Tenían que atravesar el calor abrazador de la atmósfera. A todos los invadía el temor de que el escudo térmico se hubiese dañado y que los paracaídas se hubiesen congelado y no se abriesen cuando fuese el momento.
"Les pasó de todo", dijo Córdova. "Justo donde iban a amerizar en el Pacífico había una amenaza de tormenta (tifón) y tuvieron que recalcular la trayectoria", contó.
Pero esta historia debía acabar de alguna manera. Lovell, Swigert y Haise se acomodaron en el módulo de mando, mojados por la humedad que caía como lluvia desde las consolas de la nave. Se miraron y el comandante les dijo unas palabras. "Ha sido un honor volar con ustedes".
En el cielo, el Apolo 13 se veía como una bola de fuego. Estaban atravesando la atmósfera. Arriba, los astronautas respiraban profundo. Abajo, en Houston y en los televisores del planeta, los envolvía el nerviosismo. El paso del Apolo por la ionosfera debía durar unos cuatro minutos, en los que las comunicaciones se cortaron. Habían pasado esos minutos y en Houston no recibían señales.
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A los seis minutos, llegó el respiro. Y los paracaídas se abrieron.
Todo el mundo vio esos instantes. Frente a las islas Cook, amerizó el módulo de mando con Lowell, Swigert y Haise. El portaaviones Iwo Jima los esperó.
Volvían a casa habiendo dejado atrás el polvo de la Luna que esperaban tocar, las piezas de la nave averiadas y el módulo lunar que fue su refugio y salvavidas.
"Los restos del módulo lunar cayeron en el Pacífico, a la altura de la fosa de las Marianas (la depresión oceánica más profunda del planeta) a 11 mil metros de profundidad", contó Córdova.
"Tras el episodio del Apolo 13, la NASA debió reforzar el sistema eléctrico de los tanques de oxígeno. Tardaron casi un año para Apolo 14, que despegó el 31 de enero de 1971", dijo el investigador.
La misión del Apolo 13 había sido un fracaso exitoso.
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