Aunque los apodos cariñosos suelen usarse como muestra de amor, algunos podrían estar saboteando tu vínculo de pareja sin que te des cuenta. Así lo advierte el psicólogo estadounidense Mark Travers, egresado de las universidades de Cornell y Colorado en Boulder, quien identificó tres términos que podrían ser señales de alerta en una relación destinada al fracaso.
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El lado oculto de los apodos en el amor
Travers explicó al medio Psychology Today que el lenguaje afectivo activa la liberación de oxitocina, conocida como la hormona del apego. Sin embargo, también puede generar una falsa sensación de intimidad si se utiliza antes de que exista un compromiso real.
Según el especialista, cuando las parejas se llaman con ciertos apodos de manera impulsiva o forzada, pueden estar escondiendo conflictos no resueltos o una conexión emocional débil.
Estos son los tres apodos que, según Travers, podrían estar dañando tu relación sin que lo notes:
1. “Bebé” o “nena”: la ilusión de intimidad
Usar “bebé” o “nena” al comienzo de una relación puede parecer tierno, pero Travers advierte que estos términos activan mecanismos de apego prematuros. Es decir, pueden hacerte sentir emocionalmente conectado con alguien antes de construir una base sólida de confianza y compromiso.
“Este tipo de lenguaje puede funcionar como un disfraz emocional que evita mostrar la verdadera vulnerabilidad”, señaló el psicólogo.
2. “Cariño”: cuando el apodo tapa el problema
Aunque parece inofensivo, el uso de “cariño” puede convertirse en una herramienta para evitar conflictos reales. Frases como “no te preocupes por eso, cariño” pueden minimizar los sentimientos del otro y dificultar la validación emocional.
Travers relaciona esta práctica con la “infantilización emocional”, un patrón que a largo plazo puede dañar la autoestima de quien lo recibe.
3. “Ángel”: un calmante emocional que evita resolver
Decirle “ángel” a tu pareja justo después de una discusión puede sonar dulce, pero muchas veces es una estrategia para calmar las aguas sin encarar el problema de fondo.
“Expresiones como ‘mi ángel, no te enojes’ pueden parecer reconfortantes, pero suelen usarse para evitar el conflicto, no para resolverlo”, explicó el especialista.
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El lenguaje cariñoso no es el problema, pero sí cómo y cuándo lo usás
Travers aclara que no se trata de eliminar los apodos afectivos, sino de usarlos con conciencia. Si no hay una comunicación abierta ni compromiso real, el lenguaje tierno puede convertirse en una barrera para construir una intimidad auténtica.




