Mauro Icardi comprobó con sus propios ojos que Wanda Nara está muy enganchada con L-Gante. Según contaron en Socios del Espectáculo, el fin de semana la siguió para saber si se iban a encontrar y cuando los vio besándose el mundo se le vino abajo. Sin embargo, pese a la desilusión, siguió su camino y se reunió con amigos a degustar platos caros en un restaurante cercano a donde estaban los tortolitos.
Al futbolista debieron consolarlo porque estaba devastado. Viajó desde Estambul con la idea de jugarse su última carta pero ella le cerró la puerta de forma definitiva a la reconciliación, y no le quedó otra que comunicarse con Ana Rosenfeld para ultimar detalles de la división de bienes.
Icardi todavía no comprende en qué momento perdió el amor de la empresaria, que el año pasado lo perdonó pese a que la engañó con la China Suárez. En una reciente entrevista con Vanity Fair, ella sostuvo que uno de los motivos que la impulsaron a pedirle el divorcio fue que se había disgustado con la idea de que retomara su carrera mediática.
“No le gusta la idea de que le quite la atención a la familia. Hace poco le expresé a Mauro mi deseo de volver al trabajo y no le gustó. Es raro que la mujer de un futbolista trabaje. En la Argentina me siguen ofreciendo programas para conducir, me gusta mucho la televisión, también en Italia tengo dos proyectos que deberían empezar en marzo. Pero todo esto no significa descuidar a mis hijos. Mauro entrena solo dos horas al día, el resto del tiempo está en casa. Él puede ayudarme, ¿no?”, se preguntó.
Lo cierto es que el matrimonio está terminado y en los próximos meses podría salir el divorcio. Ella se quedaría con todas las propiedades -tienen 4 en Italia-, y él con los autos de lujo.
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