El comisario Cristian Di Franco, conocido por su sobrenombre “Chamuyo”, su otro arte, quedará libre en junio próximo y deberá empezar de cero su vida por fuera de la policía. Durante años “ayudó” al presunto narco Esteban Alvarado en distintas situaciones, como revisar en el sistema de secuestro y registro automotor los dominios que le marcaba su jefe, que luego se encargaba de robar.
Di Franco fue condenado el martes a tres años de prisión en un juicio abreviado. Sólo le pudieron probar esos detalles en una historia que marca algo que se repite: sin una pata policial estas organizaciones criminales no podrían funcionar, porque sus propios defectos, su precariedad, los lleva a buscar estos pactos debido a que requieren algo vital que provee la fuerza de seguridad: información.
Di Franco es el segundo policía de Santa Fe condenado por jugar del lado de Alvarado, que está preso en la cárcel de Piñero desde febrero de 2018, con dos frentes judiciales abiertos; por un lado en la justicia provincial y por otro en el fuero federal.
En el primero está acusado de asociación ilícita y el homicidio del prestamista Lucio Maldonado, cuyo cadáver apareció en la colectora de la autopista Rosario-Buenos Aires, donde Alvarado montó un rústico mecanismo para culpar a Los Monos de este asesinato. Por otro, enfrenta una causa por narcotráfico, la matriz de su actividad económica y delictiva, por el envío de un camión de su empresa de transporte con 493 kilos de marihuana que fue secuestrado en Río Negro.
Por una década, este hombre que se dedicó en sus inicios al robo de autos de alta gama, fue un fantasma, una categoría espectral que sin la ayuda de la policía fue imposible que ascendiera en la escala delictiva.
Por una década, este hombre que se dedicó en sus inicios al robo de autos de alta gama, fue un fantasma, una categoría espectral que sin la ayuda de la policía fue imposible que ascendiera en la escala delictiva.
Pablo Bancora fue el otro efectivo condenado a un año de prisión -otra pena baja- por brindar ayuda a este personaje. Este oficial era el que trabajaba con los fiscales Luis Schiappa Pietra y Matías Edery y era el encargado de desgrabar las escuchas telefónicas que se realizaron en el marco de la investigación contra Alvarado.
Al entonces director del Organismo de Investigación Marcelo Sain, actual ministro de Seguridad, le cayó la ficha que se filtraba información de la investigación y sospechó de este policía que manejaba esa área sensible. Esto ocurrió en un allanamiento en la zona de islas de Rosario, en la zona de Charigué, donde un arrepentido de la causa marcó que se escondían armas.
Alvarado tejió el apoyo de un sector de la fuerza focalizado en la Policía de Investigación. En la pesquisa judicial hay otros efectivos involucrados, que marcan y definen la estrategia de este presunto narco. Sus alfiles en la policía delimitan su campo de acción.
En el entretejido con la policía que definieron fiscales Schiappa Pietra y Edery aparecen miembros de la alta jerarquía de la Policía de Santa Fe. El 21 de noviembre pasado fueron detenidos el ex jefe de Drogas Peligrosas Gustavo Spoletti –actualmente en libertad-, el comisario Luis Quevertoque, quien además de familiar del supuesto narco fue uno de los que encabezó en sus inicios en 2013 de la investigación contra la banda de Los Monos, y Cristian Di Franco, otro comisario que pertenecía a la camada de efectivos que actuaron en la brigada de Drogas.
Más policías detenidos
El cuarto detenido fue Javier Makhat, ex jefe de Drogas de la Policía de Investigaciones, que protagonizó un hecho sorprendente en noviembre de 2018, cuando tras allanar una quinta en la intersección de las rutas A012 y 18 encontraron recibos de servicios de 14 propiedades. Los efectivos de la Tropa de Operaciones Especiales fueron a allanar esas viviendas, y en una de ellas, en un edificio lujoso a metros de las barrancas del río Paraná, vivía Makhat, quien tenía dos autos de alta gama.
Ya hay otros policías imputados en esta causa, como los hermanos Martín y Marcelo Rey. El primero era jefe operativo de la Policía de Investigaciones y el segundo su estrecho colaborador. También fue detenido en junio pasado una suboficial de la comisaría 24ª de Granadero Baigorria, Jorgelina Chávez.
Como ocurrió con Los Monos, Alvarado tenía más policías en su banda que civiles. Esa pata policial le garantizaba su inmunidad para poder funcionar en la clandestinidad, con la garantía de que nadie lo iba a tocar. Esos pactos en Santa Fe quedan relegados a la policía y hasta ahora ninguna causa judicial avanzó sobre la complicidad política. Hasta este momento los efectivos involucrados con el narcotráfico son sólo ovejas descarriadas.
Como ocurrió con Los Monos, Alvarado tenía más policías en su banda que civiles. Esa pata policial le garantizaba su inmunidad para poder funcionar en la clandestinidad.
En la causa de Los Monos nueve policías fueron condenados en la causa por asociación ilícita, entre ellos el sargento Juan Delmastro, el oficial Juan Raffo, Eduardo Enríquez, Ángel Avaca, Omar Lescano, el comisario Sergio Blanche, y Diego Javier Cárdenas. También fueron sentenciados miembros de fuerzas federales, como el prefecto Roberto Otaduy y el policía federal Waldemar Gómez.
El principal aliado que Los Monos tenían dentro de la policía y en el gobierno era Juan Maciel. Este suboficial, que pasaba información confidencial a Ramón Machuca diariamente, está en libertad y no fue juzgado, porque fue uno de los beneficiados con el acuerdo de juicio abreviado que firmaron once miembros de Los Monos en la justicia en abril de 2015.
Maciel, quien trabajaba en la Secretaría de Delitos Complejos del Ministerio de Seguridad, recibió tres años de prisión, luego de admitir en el proceso abreviado haber cometido delitos de gravedad quizá incomparables a la de muchos de sus camaradas juzgados como haber entregado nombres de policías que perseguían al grupo ahora juzgado, lo que es explícito en escuchas telefónicas. Y aportar información sobre personas que luego fueron asesinadas. El Chavo era clave para Los Monos.
Una figura estelar
El sargento Juan Del Mastro está involucrado en otra causa junto con otro policía que fue una “figura estelar” en la gestión anterior, como es ex jefe de Inteligencia de la zona sur de la ex Drogas Peligrosas, Alejandro Druetta.
Desde abril pasado de 2018, Druetta está en la mira de la justicia federal, luego de que se realizaron cuatro allanamientos en distintos domicilios vinculados al jefe policial. El juez federal Marcelo Bailaque lo procesó por confabulación con el narco Actis Caporale. Hasta ese momento sólo existían unas escuchas telefónicas de la causa, que se inició en 2012 contra Caporale.
El fiscal Claudio Kishimoto encontró en el expediente de Caporale, que estaba prófugo desde 2012 cuando la Policía de Seguridad Aeroportuaria allanó su departamento en el centro de Rosario, unas escuchas telefónicas en las que se sospechaba que este narcotraficante hablaba con un policía. Estaba prófugo desde esa época cuando alguien le avisó cuando volvía de un viaje a Colombia que estaba allanando su casa. El vuelo hizo una escala en Lima y allí se perdió su rastro.
En esas conversaciones entre Druetta y “Ojito” se desprendía que había una relación entre ambos. Druetta fue apartado de la policía luego de que fuera procesado. Pero la investigación siguió y tuvo un punto de inflexión cuando en agosto de 2018 uno de los narcos imputados decidió declarar como arrepentido. Era el propio Caporale.
En ese momento la investigación tomó otro curso y se centró en Druetta porque el arrepentido reveló detalles de cómo el comisario le entregaba drogas para que vendiera. Y además el narco le daba información de compradores de estupefacientes para que Druetta los detuviera.
En el departamento del narco
El narco arrepentido contó de un caso en el que Druetta, según el expediente, le dio 500 troqueles de LCD, con dosis con forma de bicicleta. El vendedor de esta sustancia tenía un comprador. El jefe policial se quedaba con el dinero. La entrega del estupefaciente se produjo en el parque España, en pleno centro de Rosario. Druetta pasó a buscar por el departamento del narco el dinero que había obtenido.
Druetta tuvo una participación importante en el caso de la causa del ex jefe de la Policía Hugo Tognoli en 2012, quien fue absuelto el año pasado en la causa en Rosario. Eso fue lo que lo salvó para que no cayera antes. Si quedaba preso la causa contra Tognoli se caía antes de lo que después ocurrió cuando quedó en libertad por el beneficio de la duda.
El narco arrepentido contó de un caso en el que Druetta, según el expediente, le dio 500 troqueles de LCD, con dosis con forma de bicicleta.
Este policía detuvo a dos de los narcos que estuvieron involucrados con Tognoli, como Carlos Ascaíni y Aldo Orozco, quienes manejaban, según la causa, el tráfico de estupefacientes en el sur de la provincia de Santa Fe. Ahora surgen sospechas sobre porqué cayeron esos jugadores del narcotráfico en esa región.
Detuvo a Ascaíni en la intersección de las rutas 90 y 94, donde secuestró en su auto un kilo de cocaína. El peritaje que se hizo en la causa dio una sorpresa. Eran 960 gramos de azúcar impalpable y solo 40 gramos de cocaína. Ascaíni fue liberado y luego detenido, con más pruebas, el 9 de marzo de 2013 por orden de los fiscales Federico Reynares Solari y Juan Murray, quienes lo acusaron de formar una empresa criminal conjunta con Tognoli. El narco de Villa Cañás fue condenado en junio de 2018 a diez años de prisión.
A Orozco, alias Totola, lo detuvo junto con 16 personas en Firmat, en un operativo que también terminó mal, con el narco en libertad porque las actas no coincidían. Se sospechaba que Druetta pretendía correr del negocio de la venta de drogas a Totola para instalarlo a Actis Caporale, su supuesto narcosocio de Rosario.
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