Los aranceles impuestos por EE.UU. a la carne de Brasil reconfiguran el mercado global, abriendo una ventana comercial para Argentina, que además mejoró la competitividad gracias a la baja de retenciones y la suba del dólar. Mientras los precios internacionales suben, la faena local cae y se proyecta menor oferta ganadera para el consumo interno.