Con balas de goma y a escondidas. Así se aprobó la megaminería en Chubut, provincia donde ese tipo de actividad estaba ya prohibida por una ley provincial. La consigna de las masivas protestas sociales que tuvieron lugar en las principales ciudades de esa región fue pedir que no se aprobara la nueva ley, y ahora, la derogación de la misma. El argumento es la clara evidencia científica que explica que, en un territorio con severos problemas de déficit hídrico, introducir ese tipo de actividad trae altísimos riesgos ambientales y sociales.
En un comunicado difundido este viernes por el centro científico del Conicet/Cenpat se pide que el gobierno del peronista Mariano Arcioni “vuelva atrás” y derogue la normativa, ya que la actividad minera a cielo abierto representa “un alto riesgo ambiental, genera una alta tensión social y posee una muy baja transformación genuina de la economía provincial”.
Ya en febrero pasado, desde ese centro de investigación elaboraron un documento llamado “Zonificación minera en Chubut: una mirada interdisciplinaria”, explicando que en una región con clima árido a semiárido donde el agua es un recurso escaso, “la megaminería representa un escenario de amenaza”.
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“Las reservas hídricas, como los acuíferos de las cuencas de Gastre y Sacanana -ubicados en la meseta chubutense, donde se instalarán los proyectos mineros- son recursos cuya calidad no se debería poner en riesgo, ya que representan alternativas de uso para las generaciones futuras”. Contra toda evidencia científica, el gobierno de Arcioni decidió incumplir sus propias leyes y habilitar el desembarco de proyectos de megaminería por la fuerza y con represión a manifestantes, sin estudios previos serios ni sistemas de gestión del agua eficientes.
La decisión no respeta ningún criterio de desarrollo sustentable: no garantiza el desarrollo económico integral, no incluye -por el contrario, reprime- la participación ciudadana en la toma de decisiones, no explicita cómo se repartirá la renta minera, no promueve la equidad social y, menos todavía, garantiza el cuidado del ambiente.
“Esta dependencia del Estado de los capitales privados e intereses mineros sobre una estructura preexistente de gobernanza débil y fragmentada de los recursos naturales genera desconfianza y preocupación”, escribieron los científicos del Conicet. Algo que se constata día a día en las calles de Chubut.
Disponibilidad de agua
Uno de los mayores problemas que plantea la megaminería es su uso descomunal del recurso agua, algo que se potencia en una provincia seca y árida como Chubut. El documento recuerda que las principales ciudades de la región se abastecen de agua para consumo del lago Musters y del río Chubut. En el caso de las poblaciones de la meseta, -donde se establecerán las multinacionales mineras- se abastecen de perforaciones que captan el agua subterránea de acuíferos. Estas localidades “sufren crisis de abastecimiento de agua, especialmente durante el verano”, tanto por cuestiones estructurales, de calidad como de déficit hídrico.
Por su parte el río Chubut, que abastece de agua potable a la mitad de la población de la provincia, tiene poco caudal en comparación con otros ríos patagónicos y “presenta importantes variaciones de caudal”.
El cambio climático ya llegó
Sobre la base de un escenario natural de déficit hídrico, el cambio climático viene a sumar más tensión a un territorio donde el agua ya era un bien escaso. “Los escenarios de cambio climático por sí mismos generarán situaciones preocupantes de estrés hídrico en el futuro”, explican los académicos en su investigación, para agregar que en las últimas décadas ya se han registrado cambios en las variables climáticas que regulan la disponibilidad de agua dulce en esa región de la Patagonia argentina.
“Los efectos del cambio climático se continuarán intensificando con aumentos en la temperatura, disminución en las precipitaciones y disminución del agua de las cuencas del norte de la Patagonia”. En este punto los investigadores aportaron un dato impactante: según explican, para las nacientes de la cuenca del Río Chubut “se proyecta una disminución del orden del 40% en la disponibilidad del agua hacia finales de siglo”, algo que repercutirá en el caudal de todo el río.
Manejo y gestión
No se puede esperar ningún plan de manejo ni de gestión del escaso recurso agua que sea razonable y sustentable de la parte de un gobierno, como el de Arcioni, que incumplió sus propias promesas de campaña y que habilitó la zonificación minera a pesar de que la provincia ya contaba con una ley que la prohibía.
Los científicos del Conicet/Cenpat recordaron que tanto el manejo como la gestión “equitativa” del recurso agua en contextos de cambio climático, desertificación, expansión de actividades y aumento de la población “deben contemplar la compleja realidad social, económica, política y ambiental”.
El spot de campaña de Mariano Arcioni que lo llevó a la gobernación en 2019
El impacto de la megaminería
Además de utilizar grandes cantidades de agua, la megaminería como parte de su modelo de producción, destroza y acumula grandes fracciones de roca molida potencialmente muy nocivas. “Se trata de grandes cantidades de sedimentos acumulados de manera artificial que dejan expuestas concentraciones anómalas de minerales y ponen en superficie altas concentraciones de materiales”, subrayan los especialistas.
En un escenario de mayor vulnerabilidad climática y mayor recurrencia de eventos extremos como lluvias muy fuertes, crecen los riegos de que estos materiales contaminantes “sean transportados hacia los cauces de agua que se activan temporalmente y se infiltren hacia los acuíferos”. “Por tal motivo, esta actividad aumenta las probabilidades de contaminación del agua superficial, subterránea y de los suelos”, concluyeron los expertos del Conicet.



