jueves 6 de enero de 2022
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La bajante del Paraná: el río se alejó del peor escenario, pero seguirá bajo todo el verano

Si bien hubo oportunas lluvias en Brasil, el caudal del río seguirá en niveles muy inferiores a los promedios históricos durante el verano, según las proyecciones del Instituto Nacional del Agua.

Alejado definitivamente el escenario de una bajante aún más severa que la de 1944, cuando el río Paraná marcó sus peores niveles desde que existen registros, el río tuvo en las últimas semanas un repunte que permitió aflojar las tensiones sobre la navegación, la provisión de agua dulce y el propio ecosistema. Aun así, el Paraná no salió todavía de un panorama marcado por las aguas bajas y tiene perspectivas no muy alentadoras para los próximos meses. “Dentro de un marco de sequía general que no terminó todavía, si bien ya no estamos en un escenario súper crítico todavía seguimos en el mismo cuadro de aguas bajas que empezó en junio de 2019”, dijo Juan Borus, experto del Instituto Nacional del Agua (INA).

Desde ese Instituto estimaron que, en las próximas semanas, desde Corrientes hacia el sur, el Paraná se mantendrá en niveles oscilantes que, si bien no son críticos, seguirán siendo bajos y muy alejados de los promedios históricos. Rosario, donde el río ahora oscila cerca de los 80 centímetros, estará entre los 50 y los 60 centímetros con picos de 0,80. “No son alturas tremendamente críticas, pero sí son bajas, esto no va a terminar pronto, aunque es mejor de lo que meses atrás imaginábamos para el verano”.

Para la ciudad de Santa Fe, donde el río oscila cerca del metro, se esperan alturas similares al menos hasta mediados de diciembre, muy por debajo de los 3,37 metros promedio del río para esta época del año.

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Lluvias oportunas y significativas

¿Por qué el río no cayó a niveles de peor bajante histórica, como se pronosticaba hasta hace unos meses? El experto señaló que hubo lluvias en la primera quincena de octubre que trajeron una mejora, con varias características: una magnitud significativa, el lugar donde ocurrieron (de respuesta hidrológica rápida) y el momento. “Comenzó a llover cuando estábamos en una tranquilidad artificial, ya que el caudal que estaba entrando a Argentina estaba manejado sobre todo por la regulación de los embalses. Se estaban usando reservas de los embalses en la alta cuenca del Paraná, y cuando se estaban agotando esas reservas vinieron estas lluvias”.

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La cuenca del Paraguay también mejoró sus caudales de agua “cambiando el humor a todos: brasileños, paraguayos y argentinos, sobre todo en materia de generación de energía eléctrica”. “En estas últimas dos o tres semanas cambió el patrón climático, se ha mejorado a tal punto que en noviembre las lluvias serán superiores a las normales contra lo que se pensaba. La cuenca alta ha tenido lluvias muy importantes, en las nacientes del Paraguay”, puntualizó Borus.

Cuenca del Paraná

El ingeniero explicó que la cuenca del Paraná atravesó en las últimas semanas una mejora “muy acotada” en los niveles de embalse en su mitad superior, lo que no quita que su nivel de aguas sigue siendo inferior a lo normal del aporte que llega desde esa región. En la mitad inferior de la cuenca, aguas arriba de Itaipú, los aportes están en disminución: “esa región no tiene mucha regulación por lo que tiene una respuesta directa rápida. Allí hubo un corrimiento fuerte de la frontera agrícola y cuando llueve se nota enseguida, pero como no está lloviendo el aporte de esa región está en disminución”.

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Por otra parte, la descarga de toda la alta cuenca del Paraná en Brasil que abastece a Itaipú está con tendencia descendente predominante. Por el lado del Iguazú, esa cuenca volvió a padecer una escasez de lluvias muy persistente que hace que el caudal en las Cataratas esté en el orden de los 400 metros cúbicos por segundo, cinco veces menos que el promedio histórico. “Hay pocas perspectivas de cambio para adelante”, señaló el experto.

Clima: un verano complicado

Hasta el momento, existe entre los especialistas preocupación por lo que puede presentar el verano ya que hay varias forzantes regionales que se están acoplando al fenómeno de la Niña, que habitualmente es sinónimo de lluvias deficitarias. “Hay forzantes regionales y varios índices que van en el sentido de un verano complicado” detalló Borus, para quien enero “vuelve a constituirse como un cuco porque sería desfavorable desde lo climático”. Es así que el combo de temperaturas altas, gran demanda de agua y concentración de contaminantes con floración de cianobacterias” dibujan un escenario donde pueden llegar a aparecer “todos los problemas juntos”.

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Para el experto del INA, la preocupación más grande no es la temporada estival, sino el otoño 2022, ya que si los pronósticos se cumplen “el primer cuatrimestre del año estaríamos en seca y difícilmente durante el otoño repunte mucho”, lo que significaría el tercer otoño de niveles fluviales reducidos desde Santa Fe a San Pedro.

Problemas para la navegación

Con bajo caudal los buques se ven obligados a cargar menos dificultando toda la logística de la salida de granos. La falta de agua dificulta sobre todo el paso de los trenes de barcazas que bajan los granos desde Paraguay hasta los puertos del Gran Rosario: “la salida de los granos de Paraguay está complicada porque viene en barcazas, y a diferencia de 2020 no vamos a poder contar con descargas especiales de los embalses en Brasil para favorecer una ventana artificial para que bajen los trenes de barcazas, esa probabilidad es mínima”, detalló Borus.

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