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Default ambiental: en seis meses, Argentina consumió los recursos naturales de todo el año

El país ya llegó a su "día de sobregiro", que marca el momento del año en el cual ya se consumieron los recursos naturales que el planeta puede producir en 365 días.

Argentina ya consumió todos los recursos naturales que su territorio puede generar durante un año. Por eso, desde el pasado 26 de junio el país entró en “deuda ambiental”, lo que significa que a partir de ese momento la demanda de bienes y servicios ambientales será a cuenta de las generaciones futuras, que son las que terminarán pagando este mal uso de la naturaleza relacionado con las formas de producir y consumir de las sociedades humanas.

El llamado “overshoot day” o día de sobregiro marca el día del año en el cual la demanda de recursos por parte de la humanidad excede lo que el planeta puede regenerar ese mismo año. “Necesitar más de un planeta Tierra para abastecer las demandas mundiales es insostenible. Es como gastarse el sueldo mensual en los primeros 18 días” graficaron desde Re Sapiens, una plataforma de educación ambiental ligada a la ONG rosarina Soluciones Tecnológicas Sustentables (STS).

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Desde Vida Silvestre, que forma parte del Global Footprint Network (la organización “madre” de esta iniciativa) lo explicaron así: “al día al de hoy ya consumimos los recursos naturales previstos para todo el año, y estamos tomando a préstamo los recursos futuros que nos proporciona la Tierra”.

Argentina, peor que el promedio mundial

A nivel mundial, el día de sobregiro se cumplirá el próximo 29 de julio. Esto significa que para mantener el ritmo de consumo global de un año, se precisaría 1.7 planeta Tierra, con el agravante que ese día llega cada vez más temprano en el calendario: en 2018 se cumplió el 1 de agosto, y en este 2021 será el próximo 29 de julio. “Es un indicador de la presión sin precedentes que las actividades humanas están ejerciendo sobre los recursos naturales. Estamos usando un 70% más de recursos de lo que los ecosistemas de nuestro planeta pueden regenerar en un año”, señalaron desde esa organización, para agregar que lo más alarmante es que, a nivel global, las cifras de este año son un 16% más altas y se anticiparon un mes en comparación a las del 2020.

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En este escenario, la situación de Argentina es particularmente mala, ya que llegó a su día de default ambiental más de un mes antes, por delante de varios de los países de la región como Brasil, México, Uruguay o Colombia. El perfil agroproductor de Argentina, así como una matriz energética y de transporte aún demasiado dependiente de los combustibles fósiles, son las razones que explican porqué el país hace uso de su capital natural a una velocidad aún mayor que el promedio planetario.

Consecuencias a la vista

Las consecuencias de sobreexplotar los recursos naturales están a la vista y vienen siendo estudiados desde hace ya largos años por científicos de todo el planeta. Algunos de los efectos más visibles y conocidos son el calentamiento global, la pérdida de biodiversidad, la erosión del suelo, la deforestación, la sobrepesca, la escasez de agua de alimentos y la contaminación. “Todo resultado de una deuda ecológica que nos podemos ocultar”, subrayaron desde Vida Silvestre.

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El perfil agroproductor de Argentina, así como una matriz energética y de transporte aún demasiado dependiente de los combustibles fósiles, son las razones que explican porqué el país hace uso de su capital natural a una velocidad aún mayor que el promedio planetario.

El perfil agroproductor de Argentina, así como una matriz energética y de transporte aún demasiado dependiente de los combustibles fósiles, son las razones que explican porqué el país hace uso de su capital natural a una velocidad aún mayor que el promedio planetario.

Existen números y datos duros que ratifican estas tendencias: según la ONU, las poblaciones mundiales de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces sufrieron una disminución promedio del 68% debido a la destrucción ambiental por las actividades humanas. En América Latina, ese promedio llegó al 94%.

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Según la FAO, cada año se deforestan 10 millones de hectáreas de bosques. El Gran Chaco que comparten Bolivia, Paraguay, Brasil y Argentina se encuentra entre los 24 grandes frentes de deforestación a escala global. Desde la sanción de la Ley de Bosques en 2007, se perdieron en Argentina unos 3,5 millones de hectáreas de bosques nativos y con ellos todos los beneficios asociados.

Repensar la producción y el consumo

Para revertir esta tendencia, urge modificar los modos de producción y consumo y tomar un camino de desarrollo sostenible. “Hay muchas estrategias que permiten combinar lo económico, lo social y lo ambiental y no podemos seguir esperando para ponerlas en marcha” argumentaron desde Vida Silvestre. En ese punto, las estrategias de recuperación económica posterior a la pandemia de Covid 19 “solo pueden tener éxito a largo plazo si abarcan la regeneración, la eficiencia y la sostenibilidad en el uso de los recursos ecológicos”.

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Cada ciudadano tiene a su alcance pequeños gestos o comportamientos que pueden ayudar a comenzar a reducir el impacto humano en el planeta.

Cada ciudadano tiene a su alcance pequeños gestos o comportamientos que pueden ayudar a comenzar a reducir el impacto humano en el planeta.

A pesar de su presente deficitario, Argentina todavía tiene un plus a su favor: se encuentra dentro de los países que aún cuentan con reserva de biocapacidad (reservas en términos ecológicos) para producir recursos y proveer servicios ambientales.

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Los pequeños gestos suman

Aunque la solución a los problemas ambientales debe estar a cargo de los tomadores de decisión a gran escala, cada ciudadano tiene a su alcance pequeños gestos o comportamientos que pueden ayudar a comenzar a reducir el impacto humano en el planeta: separación de residuos domiciliarios, evitar malgastar o tirar comida, bajarse todo lo posible del auto para viajes individuales y privilegiar el transporte público, la bici o la caminata y hacer un uso racional del agua, la electricidad y el gas son algunas de las formas de reducir al máximo la huella de carbono que cada habitante deja sobre la Tierra.