Cada año, el Foro Económico Mundial elabora un informe en base a una encuesta a 650 grandes empresarios y tomadores de decisión sobre los grandes riesgos que enfrenta la humanidad en el futuro inmediato y de mediano plazo. Este año, las respuestas estuvieron dominadas por el temor a los “cisnes verdes”: las consecuencias de la crisis ambiental y sus diversas formas, que van desde la recurrencia de pandemias de enfermedades infecciosas a la pérdida de biodiversidad, el fracaso de la acción climática, la crisis de los recursos naturales, el daño causado por el hombre a los ecosistemas y el clima extremo.
Clima extremo: un riesgo mayor
El trabajo deja en claro que el clima, o mejor dicho los cambios a los que está siendo sometido por la acción humana y sus consecuencias sobre la propia vida humana, es un riesgo inminente a medida que se debilita la cooperación mundial en ese sentido.
“El cambio climático, al que nadie es inmune, sigue siendo un riesgo catastrófico”, se señala en la investigación, que explica que, si bien las cuarentenas y las restricciones a la actividad en gran parte del mundo en la primera parte de 2020 generaron un descenso en las emisiones globales contaminantes, esto fue un fenómeno acotado en el tiempo.
Ya quedó establecido que las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2) cayeron un 9% en la primera mitad de 2020, con economías que cancelaron actividades durante semanas o meses. Pero esto no alcanza: “se requiere una disminución similar cada año durante la próxima década para limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados y evitar los peores efectos del cambio climático”.
El antecedente de la anterior gran crisis económica mundial, la crisis financiera de 2008/2009, no es positiva, ya que las emisiones de gases de efecto invernadero se recuperaron rápidamente a medida que las grandes potencias recuperaron ritmo de crecimiento económico.
Hacia una economía verde
En opinión de los empresarios consultados por el World Economic Forum, la transición hacia economías más verdes “no se puede retrasar hasta que desaparezcan los impactos de la pandemia”, y perciben que el fracaso de la acción climática (las políticas de adaptación y mitigación al cambio climático que deben adoptar los países) “es el riesgo a largo plazo con mayor impacto”.
Con gobiernos en plena deliberación sobre cómo pasar de la emergencia planteada por la pandemia a un proceso de recuperación, y con empresas que anticipan un escenario económico inédito “existen oportunidades para invertir en un crecimiento inteligente, limpio e inclusivo que mejorará la productividad y potenciará las agendas sostenibles”.
Se trata de potenciar los esfuerzos colectivos para cambiar el paradigma dominante y desacoplar el crecimiento económico de un aumento de las emisiones, para avanzar hacia una nueva economía que sea baja en emisiones de carbono. El documento del WEF recuerda que, en la actualidad, solo cuatro de las economías más grandes del mundo elaboraron paquetes de recuperación que con un beneficio ambiental neto.
La agenda que se viene
Tras haberse suspendido el año pasado por la pandemia de covid 19, la retrasada Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático COP26 tendrá lugar en Escocia durante el mes de noviembre. Después de la parálisis de casi un año, se espera que los países que más contaminan (China, Estados Unidos e India) se comprometan con objetivos nacionales más agresivos y acuerden reglas para el comercio de carbono.
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La Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica COP15 y la Convención de las Naciones Unidas para Combatir la Desertificación COP15 también deben generar ambiciones para la protección de especies y la gestión sostenible de la tierra. “La falta de acción conduciría inevitablemente a impactos físicos catastróficos y daños económicos severos que requerirían respuestas políticas costosas” destaca el informe difundido esta semana.
Injusticia climática, la otra pandemia
Como pasa con el combate a la pandemia y como grafica el muy desigual acceso a las vacunas a nivel global, es muy probable que los impactos del cambio climático se desarrollen de manera desigual según las regiones y los países, afectando más todavía a las poblaciones ya relegadas desde lo económico y lo social.
“Los gobiernos deben canalizar una transformación que combine la inversión en la recuperación económica ecológica e inclusiva, con medidas a corto plazo para cerrar las brechas en salud, educación, perspectivas de empleo y redes de seguridad social. Se puede evitar un futuro fracturado reduciendo estas brechas y permitiendo oportunidades para todos”, concluye el trabajo.
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