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Ambiente | Trigo | Brasil | Argentina

Cuenta regresiva: este jueves Brasil podría aprobar el polémico trigo transgénico HB4

Se trata del principal importador de trigo argentino, por lo que la producción masiva de la semilla con tecnología HB4 resistente a la sequía y al glufosinato de amonio, queda supeditado a la Comisión Internacional de Biotecnología que se reunirá en Brasil.

El trigo con tecnología HB4 creado y desarrollado por científicos del Conicet y la empresa Bioceres podría tener el aval del gobierno de Brasil este jueves cuando se reúna la Comisión Técnica de Bioseguridad (CNTBio). El okey del país vecino es más importante que el del gobierno argentino, ya que Nación decidió que el comienzo de la producción masiva de ese trigo esté supeditado a lo que decida su mayor comprador. El rechazo al trigo resistente a la sequía y al glufosinato de amonio que se utiliza para cultivarlo (herbicida 15 veces más tóxico que el glifosato según la FAO) se acentúa en comunidades científicas y ambientalistas.

El pan de cada día, un alimento básico para un gran consumidor de harinas como Argentina, podría llegar a la mesa con más carga tóxica que nunca. "El trigo es la base de nuestra alimentación", recordaron desde el Colectivo Trigo Limpio, una de las cientos de agrupaciones que solicitaron al gobierno de Alberto Fernández dar marcha atrás con la preaprobación del trigo transgénico. "En Argentina no hay ley de etiquetado de alimentos, por lo que de aprobarse el trigo HB4 toda la población estaría aún más expuesta a la ingesta diaria de herbicidas y en particular glufosinato de amonio, tanto en los alimentos como en el agua de consumo", expresa la declaración haciendo referencia a solo uno de los riesgos de la producción de la semilla manipulada.

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Entender por qué Brasil tiene la última palabra tiene su lógica industrial. Casi el 50% del trigo embarcado en puertos argentinos tiene a Brasil como destino, según la Bolsa de Comercio de Rosario, por lo que el visto bueno para la producción en masa del trigo transgénico no dependerá de consultas populares en las comunidades campesinas que viven en inmediaciones de los campos fumigados, tampoco del análisis de estudios de impacto ambiental.

En noviembre de 2020, dos de los subcomités de la CTNBio del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Brasil que analizan las solicitudes de liberación comercial del trigo transgénico concedieron la solicitud y otros dos la pusieron bajo investigación, aseguró el multimedio UOL. La periodista Gama Mara dialogó con Rubens Nodari, ex miembro de ese comité, profesor de la Universidad Federal de Santa Catarina, agrónomo y doctor en Genética y Mejora Vegetal, quien analizó para ese medio el expediente de solicitud de aprobación y consideró que falta información para aprobar o desaprobar el producto. "No hay evaluación de riesgos. No realizaron análisis bioquímicos. Seremos conejillos de indias", expresó el experto.

El pan nuestro de cada día

El 2 de junio pasado se desarrolló un conversatorio virtual sobre Derecho a la alimentación, Agroecología y Políticas Públicas, impulsado por el Concejo de Santa Fe. En el debate participaron concejales de la ciudad y referentes en la materia. Entre ellos, Marcos Filardi, abogado miembro de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la UBA, del Museo del Hambre y REDASA. Filardi recordó en esa oportunidad la reunión del comité brasilero del próximo 10 de junio. "En vez de consultarnos a nosotros que somos los principales consumidores de trigo, el gobierno argentino supedita a Brasil la aprobación", marcó. "Ha habido un lobby muy fuerte por parte de Argentina a través del embajador argentino en Brasil (Daniel Scioli) para que la Comisión de Biotecnología apruebe ese evento transgénico. Estamos hablando del pan nuestro de cada día", expresó.

En el mismo sentido se expresó el ingeniero agrónomo Eduardo Cerdá, director nacional de Agroecología de la Nación. Como profesor en la Universidad de La Plata, Cerdá investigó el uso de agroquímicos en Argentina y comprobó que "estamos cerca de los 525 millones de litros o kilos de agroquímicos por año", es decir 12 litros por habitante, y señaló estudios científicos que confirman la presencia de "agroquímicos en las nubes, en las matrices de nuestros ríos y en muchas ciudades". "Estamos ante una situación de cambio de paradigma", sentenció el ingeniero.

Derecho a la alimentación. Agroecología, y políticas publicas.

El paradigma acentuado por el trigo transgénico

La periodista y escritora Soledad Barrutti, quien también participó de la mesa virtual del Concejo de Santa Fe, hizo referencia a este cambio de paradigma que plantea el rechazo al trigo transgénico desarrollado por el Conicet y Bioceres.

"Hay dos modelos de producción que no pueden convivir. Uno es el agronegocio, un modelo que ha adoptado nuestro país y desde 1996 deviene en campos fumigados, bosques arrasados y animales hacinados en granjas industriales". En contraposición "va consolidándose el movimiento de la agricultura y la agroecología, que es la producción alimentaria en relación a los vínculos que puede establecer la humanidad con lo que lo rodea sin declararle una guerra". Va ganando un espacio de legitimidad, va teniendo cada vez mas éxito", sostuvo.

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Para la escritora de los libros "Mala Leche" y "Malcomidos", el debate en torno al trigo transgénico pone sobre el tapete que "nuestro sistema alimentario está en manos de unas pocas corporaciones". "Las víctimas más directas son las personas que viven en las cercanías de los campos fumigados y después está la gente que lo come".

Entre los fundamentos contra la aprobación del trigo que esboza el colectivo Trigo Limpio también se encuentra la interpelación al sistema de agricultura industrial "que apuesta al extractivismo para producir commodities y beneficiar a una minoría de la población argentina que acumula las ganancias". Lejos de apuntar a una transformación paulatina de este sistema, la aprobación del trigo HB4 y la iniciativa que propone incrementar en más de un 50% la producción de granos para 2030, refuerzan el modelo sin ninguna consideración respecto a las consecuencias socio-ambientales, señala la declaración que lleva la firma de científicos. El documento ya cuenta con cientos de adhesiones.

La petición de las agrupaciones ambientalistas, civiles y comunidades científicas tiene también un fundamento legal ratificado recientemente por el Congreso de la Nación. Se trata del cumplimiento del Acuerdo de Escazú (ley 27.566), por el que el Estado debe garantizar el acceso del ciudadano a la información sobre asuntos ambientales, abriendo así el debate del trigo transgénico HB4 más allá de las cuatro paredes que rodean escritorios políticos y empresariales.