Los rayos del sol de enero se reflejan sobre la superficie de la Laguna Setúbal. Eso no le impide a dos kayakistas navegar por debajo del Puente Colgante. A pocos metros de ahí, en la playa, un grupo de amigas charlan bajo una sombrilla mientras intercambian el tereré. En otro sector, dos mujeres toman sol y al lado una nena juega en la arena. Desde temprano, cientos de personas se acercan a la costa para disfrutar del verano en la ciudad de Santa Fe.
Ubicada en el valle aluvial del río Paraná, la Laguna Setúbal es el elemento principal de un complejo de arroyos y lagunas que ocupan extensas depresiones. A solo diez minutos del centro de la ciudad de Santa Fe, es un lugar perfecto para aquellos que desean estar en contacto con la naturaleza sin alejarse demasiado del ritmo urbano.
La historia dice que la laguna lleva su nombre desde el siglo XVIII y es un homenaje al portugués Juan González Setúbal, el propietario de las tierras que estaban en la zona oeste de la laguna, donde hoy se levantan los barrios 7 Jefes y Guadalupe. El primer nombre con la que se la conoció fue Quiloazas –en relación a los primeros habitantes de sus orillas– y se dieron varias modificaciones hasta su denominación final.
Una laguna que no permite aburrirse
La Laguna Setúbal presenta un lecho arenoso con suaves ondulaciones y tiene un caudal de agua que puede llegar a los cinco metros de altura. Estas características geográficas la convierten en un sitio ideal para la práctica de diferentes disciplinas acuáticas en su superficie como el kitesurf, el windsurf, el canotaje, el velerismo o la natación en aguas abiertas, entre otros. Sin embargo, se trata de deportes que requieren una preparación previa, por lo que se practican principalmente en clubes de la ciudad.
En cambio, hay dos disciplinas que se convirtieron en favoritas al momento de navegar y estar en contacto con la naturaleza en Santa Fe. Son relativamente sencillas, de rápido aprendizaje y aptas para todo público.
El kayakismo es una de las opciones más divertidas y populares durante el verano en la Laguna Setúbal. Se trata de pequeñas embarcaciones para una o dos personas que se impulsan sobre el agua con un remo que se maneja manualmente.
Los kayaks son de fácil maniobra y muy estables por lo que permiten a los aventureros desplazarse entre los obstáculos del agua sin esfuerzos. Además, son muy intuitivos y con solo algunas mínimas recomendaciones ya se puede salir a navegar.
Sin límite de edad para iniciar a remar, puede disfrutarse por todo aquel que se lo proponga y quiera estar en contacto con el ecosistema presente en la laguna.
La otra actividad que está en auge desde hace tiempo es el Stand Up Paddle, también conocida como SUP. Es una disciplina relativamente joven que se practica en Santa Fe desde el 2016 aunque sus orígenes se remontan a 1996 en la isla de Hawaii, Estados Unidos. En líneas generales, consiste en remar parado sobre una tabla inflable –también hay rígidas– y cada vez más gente se anima a intentarlo.
Aquellos que lo practican aseguran que no solo es un excelente ejercicio físico, sino que, al interactuar con el agua, también se puede relajar y distraer la mente.
Al igual que el kayak, el SUP es una actividad apta para toda la familia. Pueden practicarlo niños de ocho años o adultos de 80 años. Y, aunque no presenta mayor dificultad, es necesario un asesoramiento en tierra para incorporar conceptos y después poder disfrutarlo al máximo.
Silencio, paz, naturaleza
Practicar cualquiera de estas disciplinas no solo da la posibilidad de navegar y olvidar los ruidos de la ciudad por un momento, sino que además permite deslumbrarse con la diversidad del ecosistema que habita la zona. La Laguna Setúbal es un reservorio muy importante de especies vegetales y animales nativos.
Ante los ojos de los aventureros puede aparecer los bosques de alisos, elegantes guardianes de los márgenes de la laguna, como también helechitos de agua, camalotes y cola de zorro. La sensación de paz que se experimenta en medio de la naturaleza invita a fascinarse con las más de 60 variedades de aves que pueden encontrarse: las pollonas, el macá, el biguá y las garzas, se suman a las que podemos ver cotidianamente en la ciudad como los benteveos, cardenales, calandrias y carpinteros, entre otros.
Disfrutar de la arena en los pies
Este espejo de agua tiene una superficie de 92 kilómetros cuadrados y el lugar en el que está emplazado posibilita que haya diferentes playas en ambas costas para la recreación. A lo largo de 3,5 kilómetros (norte-sur) se asientan los balnearios Espigón I, Espigón II y Playa Grande sobre el margen izquierdo y el Paseo de la Laguna y Costanera Este sobre el margen derecho.
Cualquier persona puede acercarse hasta la orilla de la Laguna Setúbal y disfrutar de un día completo de relax y descanso. El acceso a las playas es gratuito y cuenta con los servicios necesarios para quedarse en la arena y ya no moverse de allí. Además, hay guardavidas presentes a lo largo de toda la costa, atentos a lo que ocurre a su alrededor.
Los paradores también son espacios perfectos para divertirse y pasar un buen momento. Están dispuestos en diferentes puntos de los balnearios y tienen una importante oferta gastronómica. Allí, los visitantes pueden sentarse a tomar un trago o degustar unas rabas contemplando la Setúbal hasta que la luz de la luna se refleje en el agua.
A poco de cumplir 450 años de vida, la ciudad de Santa Fe atrae a miles de turistas por la riqueza de su historia y patrimonio cultural. Conocer la Laguna Setúbal es una oportunidad a descubrir otra faceta de un lugar único. Es una invitación a relajarse y disfrutar de la naturaleza sin alejarse demasiado de la ciudad.
















