Es el de Barra, ubicado en las islas Hébridas Exteriores, al norte de Escocia. Solo se puede operar en el mismo cuando la marea está baja y, las tres “pistas”, no cuentan con las señalizaciones, luces u otras ayudas habituales para los pilotos, comunes en cualquier aeródromo comercial, sino que unos postes de madera clavados en la arena –los que quedan sumergidos cuando suben las aguas del Atlántico Norte– marcan las cabeceras de las mismas.