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Actualidad Rosario | Juan Manuel Fangio | Automovilismo

Rosario y su autódromo, una carrera en la que el conflicto siempre se queda con la pole position

El autódromo Juan Manuel Fangio, de la ciudad de Rosario, volvió a poner en conflicto al mundo tuerca, a las autoridades políticas y a los propios vecinos por un proyecto que propone aumentar la cantidad de carreras permitidas.

A veces las ciudades entran en una alocada carrera por crecer y expandirse y… despitan. Esa parece ser el caso de Rosario y su autódromo Juan Manuel Fangio, que por estos días volvió a poner en conflicto al mundo tuerca, a las autoridades políticas y vecinos.

El disparador fue un proyecto de ordenanza mandó la Intendencia al Concejo Municipal para modificar la cantidad de carreras permitidas al año. En la actualidad son cinco nacionales y una internacional (que se reemplaza por una nacional, si no hay), con actividad restringida de 9.30 a 18.30, solo viernes, sábado y domingos, y una vez por mes como máximo. La propuesta oficial quiere ocho carreras, estira horarios de 9 a 17 y no dice nada de días preestablecidos.

La razón de que el Concejo Municipal habilite un calendario tan restringido se explica con solo observar desde el aire la ubicación del autódromo, enclavado dentro de la trama urbana y rodeado de barrios.

Pero no siempre fue así. Cuando en 1981 comenzó a funcionar, y por muchos años, esa zona noroeste estuvo escasamente poblada. El área está próxima al aeropuerto Internacional Islas Malvinas, ubicado más hacia el oeste, entre Rosario y Funes. Eran tiempos que ambos emplazamientos quedaban lejos de todo. Ese es un primer dato que abona la controversia entre los vecinos y el autódromo por los ruidos que genera: el autódromo estuvo primero, y quienes compraron en la zona conocían de su existencia y la actividad. Podría pensarse que falló el estado municipal en la planificación, pero al mismo tiempo ¿alguien se imagina a una ciudad resignando miles de hectáreas ociosas por la existencia del autódromo?

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Con los años, a medida que se hicieron obras hidráulicas que permitieron descatalogar progresivamente como inundables esas zonas, avanzaron las urbanizaciones, a veces con habilitación, a veces de prepo.

Con los años, a medida que se hicieron obras hidráulicas que permitieron descatalogar progresivamente como inundables esas zonas, avanzaron las urbanizaciones, a veces con habilitación, a veces de prepo.

Con los años, a medida que se hicieron obras hidráulicas que permitieron descatalogar progresivamente como inundables esas zonas, avanzaron las urbanizaciones, a veces con habilitación, a veces de prepo.

En su gran mayoría no se trata de barrios precarios ni asentamientos, sino loteos de grandes desarrolladores inmobiliarios de la ciudad, que derivaron en countries de alto poder adquisitivo, barrios cerrados para clases medias acomodadas y barrios abiertos de clase media. En los últimos 15 años el Estado intervino con obras muy trascendentes: canalizó los arroyos de la cuenca noroeste que atraviesan la zona norte de la ciudad rumbo al Paraná; construyó un aliviador subterráneo del arroyo Ludueña; y por último concretó la transformación a nivel definitivo de la avenida Jorge Newbery, que conecta el norte de Rosario con el aeropuerto y pasa adelante del autódromo.

Esa avenida, que fue uno de los dos ejes sobre los que se fue urbanizando la zona noroeste (el otro es la ruta nacional N° 34), también pasa enfrente del histórico complejo de viviendas populares 7 de Septiembre y de barrios que florecieron año tras año. La mayoría sobre grandes áreas de tierra que fueron adquiridas por desarrolladores a precios irrisorios décadas atrás, cuando era inundable y no se podía construir nada definitivo.

A medida que pasaron los años y el estado invertía e incorporaba nuevos usos a ese enorme espacio urbano de conquista para los negocios inmobiliarios, se fueron sumando piezas y más piezas, como si de un Tetris se tratara. Llegaron supermercados, shoppings, más barrios, empresas de logística, comercios de toda escala, salones de bailes y fiestas, entre otros, en especial a los costados del autódromo. En el contorno norte se ubica a alguna distancia el barrio Nuevo Alberdi, asentamientos irregulares y zonas casi rurales que están destinadas a urbanizarse, aunque a un ritmo más lento.

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Esa composición de la geografía urbana del noroeste de Rosario conduce a la pregunta que motivó este artículo: ¿Y ahora qué hacemos con el autódromo? Quedó tan metido dentro de la ciudad, que si quisiéramos jugar de forma irónica podría pensarse en abrirlo y usarlo como circuito callejero, al estilo de Santa Fe ciudad.

Hay quienes creen que la única solución es la mudanza del circuito. Probablemente sea así. Ocurre que dentro de la ciudad ya no hay lugar.

El presidente de la Empresa Municipal que administra el autódromo, Claudio Díaz, no lo descartó, pero lo ve difícil. “Hay que conseguir un privado que invierta en adquirir cien hectáreas de tierra productiva para después montar un autódromo nuevo”. Cree además que en las ciudades aledañas a Rosario la convivencia con el entorno generaría los mismos problemas.

El nuevo conflicto

Díaz defiende la idea de ampliar el calendario de competencias porque “cada auto de carrera es una pequeña pyme y en algunos casos una gran empresa. Trabajo calificado, trabajo de mecánicos, de ingenieros, de logística, gastronomía, de los periodistas que hacen la difusión, y así podemos seguir mencionando la cadena de trabajo”.

Cuenta que los equipos de las distintas categorías le piden ir a Rosario a competir porque está conectada por autopistas y en una ubicación equidistante para la mayoría de los equipos, además de tener enorme oferta de servicios, tanto para las escuderías como para el público.

La concejala Fernanda Gigliani es la voz cantante de quienes se oponen. Recordó el fallo judicial de 2012, tras el juicio iniciado por los vecinos del autódromo. “Ese juicio ganado por los vecinos dice que no puede haber actividad automotor hasta que se hagan las obras de mitigación de ruidos, pero son obras millonarias, medio imposibles. En ese momento teníamos el autódromo clausurado, entonces el Concejo intervino con una ordenanza transitoria con el espíritu de que se pudieran hacer carreras para juntar dinero para hacer las obras. Sin embargo, las obras definitivas no se hicieron. El Concejo renovó la ordenanza y así funciona, pero son ordenanzas transitorias, y hay quienes opinan que inconstitucionales. El juez avaló la primera ordenanza porque era para resolver el problema con acuerdo de las partes”.

La concejala de Iniciativa Popular cree que el Ejecutivo “está tirando tanto de la soga que van a lograr que se ejecute el fallo que hoy permite esta solución transitoria, y si eso pasara no vamos a tener ni 6 ni 8 ni 10 carreras; no vamos a tener ninguna”.

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Un proyecto de ordenanza que mandó la Intendencia al Concejo Municipal pretende modificar la cantidad de carreras permitidas al año.

Un proyecto de ordenanza que mandó la Intendencia al Concejo Municipal pretende modificar la cantidad de carreras permitidas al año.

Los vecinos fueron esta semana al Concejo Municipal. No tenían cita previa, pero fueron recibidos en la Comisión de Gobierno. Uno de ellos contó que los días que hay actividad “son 8 o 9 horas y son 90 o 100 decibeles que soportar durante viernes, sábados y domingos, de 9 a 19”. Pidió a los ediles que “piensen en los nenitos autistas que se tienen que ir de sus casas”. Otro de los vecinos, parafraseando uno de los eslóganes más repetidos del gobierno de la ciudad, les pidió a los concejales que “hagan su parte”. Según los vecinos, los fines de semana que hay actividad los que pueden se van del barrio: “Seis carreras son 18 días al año afuera” de su casa. Un detalle: al menos tres concejales de la ciudad son vecinas del autódromo.

El abogado de los vecinos Jorge Resegue anticipó la oposición a cualquier modificación. “Estamos totalmente en desacuerdo con el pedido y si esto avanza volveremos a la Justicia”.

Resegue cree que el intento del gobierno de la ciudad y de la empresa municipal que administra el autódromo “altera todo” y “pone en juego el régimen consensuado y pacífico” que venía funcionando. “Cuando aparece algo de esto, a los abogados nos empiezan a pedir dictámenes y básicamente si tenemos que escribirlo, lo que hay son todos incumplimientos. Se les pidió que hagan obras y no lo hicieron. El Concejo habilitó un régimen excepcional para que juntaran el dinero, pero lo destinaron a ampliar la pista y generar más perjuicio. Todo esto agudiza la situación”.

El abogado recuerda que “la prohibición está vigente” hasta que se hagan obras de mitigación de ruido, porque así lo dice el fallo judicial de 2012. “El Concejo promovió esta salida en su momento con una ordenanza de excepción. La otra parte (los vecinos) acepta la excepcionalidad, pero resulta que se está usando para otra cosa”.

Desde que la ciudad se fagocitó el autódromo, la actividad de competencias está condenada a una convivencia de tensión permanente. Pasa con los aeropuertos, con las industrias que deben mudarse o con la diversión nocturna. En este caso, esa tensión entre vecindarios y autódromo se ha convertido en una carrera sin bandera a cuadros posible.