Rompió el silencio el médico que destruyó la Pampa del Leoncito con su camioneta en San Juan
El profesional se presentó voluntariamente ante el juzgado, alegó oscuridad y falta de señalización, pero las pericias revelaron la insólita maniobra que realizó para escapar en moto tras dejar huellas de 25 centímetros en la arcilla.
Gendarmería Nacional custodia la camioneta en la Pampa del Leoncito mientras las autoridades diseñan un protocolo seguro para su extracción.
La indignación nacional que generaron las imágenes virales de una camioneta en la Pampa del Leoncito, San Juan, sumó un nuevo episodio. Agustín Añó, un médico nefrólogo de 26 años de la ciudad de Mendoza, se presentó de forma voluntaria ante el Juzgado de Paz de Calingasta para presentar su descargo formal en la causa contravencional que abrieron en su contra.
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El responsable del hecho se puso a derecho tras el masivo repudió público que desató la difusión de los destrozos en la emblemática planicie arcillosa de la zona protegida de San Juan.
La insólita justificación del médico mendocino que entró con su camioneta a una zona protegida de San Juan
Agustín Añó justifico su acción diciendo que desconocía las normativas ambientales de la zona y atribuyó el incidente a una supuesta falta de cartelería visible en los accesos. Asimismo, el profesional sostuvo que la oscuridad de la noche y la presencia imprevista de agua sobre el terreno condicionaron su andar.
Sin embargo, el magistrado desarmó la estrategia defensiva al confirmar que las entradas principales a la reserva natural cuentan con la señalización correspondiente que prohíbe el ingreso de vehículos.
Una maniobra destructiva y la huida en moto por el barro arcilloso
El hecho ocurrió cuando la camioneta Toyota Hilux ingresó aproximadamente un kilómetro y medio dentro del sector restringido de la reserva. Debido a las lluvias recientes, la superficie de arcilla blanda cedió bajo el peso del rodado y lo dejó completamente atrapado.
En un intento desesperado por liberar el vehículo, Añó realizó maniobras marcha atrás durante 300 metros, provocando grietas y surcos de hasta 25 centímetros de profundidad sobre la corteza protegida. Al percatarse de la imposibilidad de salir, el conductor bajó una motocicleta de la caja de la camioneta mediante una escalera plegable y huyó del lugar a bordo del rodado menor, dejando una segunda huella sobre el ecosistema.





