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Actualidad Paraná |

Murió Rudy Astudilla, el profesor universitario que había sido apartado por graves acosos

El docente falleció esta madrugada tras estar varios días internado en el Hospital San Martín, en el estadío final de una enfermedad terminal.

Conrado Rudy Astudilla, el profesor universitario que había sido cesanteado en diciembre de 2019 tras denuncias de acoso y violencia de género contra estudiantes en la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales -Fhaycs- de Paraná, de la Universidad Autónoma de Entre Ríos -Uader-, murió este martes por la madrugada, luego de haber transitado los últimos días de una severa enfermedad terminal.

Según informó el portal de noticias Ahora, el docente estaba internado desde la semana pasada en el Hospital San Martín de Paraná. Tenía 51 años.

El docente daba clases de Semiótica y Filosofía en la Licenciatura de Psicología. Luego de un largo camino administrativo que incluyó un histórico procesamiento a través del Tribunal de Juicio Académico, el Consejo Directivo de la facultad decidió dejarlo cesante en su cargo. Estaba separado de sus funciones desde marzo de 2018, cuando una de las acusaciones en su contra se hizo pública por primera vez.

En diciembre de 2019, Sofía, una de sus víctimas, contó en Aire de Santa Fe el calvario que Astudilla le hizo atravesar en sus años de estudiante en la Uader. La joven, acompañada por su familia, llevó el caso a la Justicia.

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La entrevista a Fabiana y Sofía

En el programa Ahora Vengo, que conduce Luis Mino en Aire de Santa Fe, Sofía contó su historia, relató lo que debió sufrir y remarcó el apoyo de sus padres y de profesionales que resultaron esenciales para que lograra salir del pozo.

— ¿De qué manera se dieron estas situaciones?

— Había 24 años de diferencia entre este profesor y yo. Y hay muchos tipos de violencia, sobre todo aquellos en los que se pierde de vista lo que no se puede ver. Los efectos invisibles son los más difíciles de sobrellevar. Son efectos nefastos que puede provocar en un estudiante.

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Fabiana Diego, madre de Sofía, estuvo también presente en los estudios de Ahora Vengo y relató también los hechos.

Habló la mamá de la joven santafesina que fue víctima del docente cesanteado en la Uader.

Lo primero que hacía Astudilla al ingresar al aula era presentarse como el macanudo, el copado, el profe que te permitía hacer y decir lo que quieras.

Pero había un costo en ese juego. Llegaba el momento del “vos también decime algo” y así iba captando a los compañeros que se podían sumar.

Terminaba siendo una relación intimidatoria, con una asimetría de poder y de saber enorme.

Cuando ingresás a la universidad te encontrás solo. Es un lugar de cierto desamparo. Y este tipo se encargaba de acercarse por ese lugar. No elegía cualquier persona, cualquier mujer. Yo quiero hablar como sobreviviente, como estudiante, compañera. No lo hago en nombre de ningún credo, ni del feminismo.

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— ¿Era cautivante estar con él?

— “Rudy” no te enamora, sino que te captura. Es muy distinto. Con su irreverencia, con su pinta de macanudo, lo primero que decían en la universidad era “tengan cuidado las mujeres con el minotauro Rudy Astudilla”.

Al principio todos lo ven como algo gracioso. Qué copado, qué libre, qué abierto.

— ¿Cómo se activaba esta pesadilla?

— Tiene un modus operandi fino. un trabajo de hormiga. Primero se acercaba por algún punto con acceso más privado. Te preguntaba si tenías alguna red social. Luego llegaban los mensajes privados: mañana quiero que me cebes mate, ojalá no faltes quiero caminar con vos a la salida, acompañarte a la terminal.

Después llegaban las miradas, de manera que te hacía sentir que eras único y especial.

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En la entrevista con Luis Mino, Sofía Galán contó que una fiscal dispuso una medida de restricción insólita para su expareja y docente: sólo diez metros.

En la entrevista con Luis Mino, Sofía Galán contó que una fiscal dispuso una medida de restricción insólita para su expareja y docente: sólo diez metros.

— Hay decenas de estudiantes que sufrieron lo mismo y que no denunciaron.

— Él decía “denúncienme tranquilas, porque nadie me va a sacar de donde estoy. Nadie va a poder conmigo”.

Incluso, cuando yo lo comencé a denunciar otro profesor me llamó por teléfono para decirme que yo estaba equivocada, que él tenía mucho poder y que no iba a lograr nada.

— ¿Es verdad que llegó a pegar fotos con poemas en edificios cercanos?

— Es cierto. Fue el primer día después de terminar la relación. Cuando lo pegué un grito y salí corriendo. Eso era hostigamiento.

— ¿Enviaba mensajes por el teléfono y por mail?

— Sí. Incluso cuando mi mamá estaba frente a la fiscal Claudia Montenegro, le mandó un mensaje con el número de teléfono del cementerio municipal. Él intentó alejarme de mi familia. Quería manejar mi tarjeta de crédito, mis contactos. Yo empecé a advertir que había cosas no saludables… yo le decía… Pero me tenía capturada, hipnotizada.

"Incluso cuando mi mamá estaba frente a la fiscal Claudia Montenegro, le mandó un mensaje con el número de teléfono del cementerio municipal.

— ¿Llegaste a tener un botón antipánico?

— Había una medida de restricción para que no se acercara a menos de 10 metros. Parecía una burla. Me protegieron mis amigas. Yo tenía el botón y este tipo me pasaba por al lado sin escrúpulos. Yo iba a rendir con el botón.

En febrero de 2018 fui a rendir con mis amigas y cuando bajo del colectivo estaba en medio de la plaza, vestido de traje y simplemente me miraba. No usé el botón porque quería rendir.

Había policías cerca y les pedí que ese tipo no se me acercara. Pero yo quería rendir.

Me mandaba cantidades de mensajes por día. A veces, vacíos. O con una sola palabra o una foto. El mensaje era que yo tuviera en claro que él estaba allí.

— ¿Cuál fue el peor momento?

— Recién ahora puedo escuchar lo que atravesé. En su momento tuve que poner el alma en pausa para resolverlo. Salir de los lugares atroces en que había terminado. Recién ahora puedo dimensionar y empezar a sentir, bronca, tristeza. Estos últimos meses fueron los más difíciles.

"Este tipo no puede estar delante de un aula. Yo necesitaba que esto no le vuelva a pasar a nadie. Y por los chicos que en su momento no pudieron denunciar.

Yo estaba angustiada y sabía qué era lo que me pasaba. Me di cuenta ese jueves en el que la Universidad resolvió apartarlo del cargo. Al otro día me sentó ora persona, con otra energía. Me di cuenta que necesitaba que se termine.

Este tipo no puede estar delante de un aula. Yo necesitaba que esto no le vuelva a pasar a nadie. Y por los chicos que en su momento no pudieron denunciar.

Algunos no pudieron porque él les dijo que su voz no valía, que no los iban a escuchar. Y hubo desamparo institucional, pero esto no va a pasar nunca más.

Fue muy difícil. Si no fuera por mi psicóloga no sé dónde estaría. Me hizo dar cuenta que no era una forma sana, que era perversión, maltrato, hostigamiento. No hubo violencia física, pero él quería ocupar todos los lugares. Es una forma de vaciarte.

"Es difícil asumir lo que a uno le está pasando porque sabés que implica un dolor al otro. Yo muchas veces me privé de llorar delante de mis papás, porque yo no quería verlos sufrir a ellos.

Es importante poder escucharse en esos momentos. Si algo caracteriza al perverso es hacer sentir mal al otro, socavar la autoestima, generar sentimiento de culpa. Es una manipulación muy silenciosa.

— ¿Qué les dirías a los padres que pueden estar atravesando una situación parecida con sus hijos?

— Que hay muchas formas de escuchar a los hijos y no siempre podrán poner en palabras lo que les está pasando. Que presten atención. Ellos saben cómo son sus hijos, y si de repente cambian, acérquense, escúchenlos, no hace falta acribillarlos a preguntas.

Es difícil asumir lo que a uno le está pasando porque sabés que implica un dolor al otro. Yo muchas veces me privé de llorar delante de mis papás, porque yo no quería verlos sufrir a ellos.

Recién ahora me puedo dar esta posibilidad, porque los necesitaba, porque mi papá estuvo siempre, esto se puede trabajar cuando aparece una familia. Si los hijos no quieren escuchar, que los padres insistan, que pidan ayuda. Sus hijos en algún momento los van a escuchar.

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