Se llama Mara, tiene siete años de edad y convulsionó cuando escuchó que le habían robado su silla de ruedas adaptada, dispositivo especial que le permitía movilizarse a pesar de la discapacidad que padece. Mara vive en un primer piso y no tiene movilidad propia.
“Ella no siente sus piernas”, contó Lorena, su mamá, consternada porque la silla adaptada no aparece. “La obra social tardó un año en conseguirnos la silla”, que cuesta $460 mil.
La familia recorrió el barrio donde viven (en el Barrio 31 de Retiro, Caba) para ver si encontraba el elemento ortopédico de Mara. Difundieron el hecho en redes sociales y hasta comenzaron una campaña para recolectar fondos. “Hicimos una rifa para juntar plata para volver a comprarla, pero no conseguimos mucho”, explicó la mamá.
“Mara convulsionó cuando se enteró del robo. No le queríamos contar, pero fue inevitable”, recordó Lorena. La nena no puede manejarse en su vida diaria sin su silla: no puede ir a la plaza, no puede ir a sus terapias y cuando emíecen las clases no podrá ir a la escuela.
La mamá, afligida, no puede contener las lágrimas por la indignación que le causó el robo. Su hija, con la sabiduría de la inocente infancia, la consuela: “Mamá, no llores. Ya va a aparecer”, la consuela Mara.
CILSA donará la silla de ruedas adaptada que le robaron a Mara
Con el anuncio de CILSA, a Mara le volvió la alegría, porque podrá retomar sus actividades.
CILSA lleva entregados miles de elementos ortopédicos como sillas de ruedas, muletas, trípodes, andadores y bastones canadienses. Lo hace de forma gratuita como resultado del aporte solidario de los socios colaboradores, quienes son los pilares indiscutidos de la obra y grandes donantes para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad.
Para obtener más información o colaborar con la institución sin fines de lucro, consultar www.cilsa.org.
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