Por el momento, la hipótesis más firme sostiene que los dos protagonistas de esta historia tuvieron el miércoles una pelea que terminó a los golpes y con uno de ellos muerto. El presunto asesino, Luis Rosales, descartó parte de los restos de su amigo en el arroyo Las Piedras, mientras que otra parte del cuerpo la escondió en su propia casa.
El hecho fue descubierto esta mañana, aunque se cree que fue cometido entre la noche del martes y la madrugada del miércoles de esta semana, en un barrio lindero al arroyo Las Piedras, en la localidad quilmeña de San Francisco Solano, en el sur del conurbano.
Todo comenzó esta mañana cuando un testigo se presentó ante la Policía y denunció que el ahora acusado le confesó que había matado a la víctima, un joven de 19 años. La familia de este muchacho se presentó en la seccional para denunciar su desaparición, por lo que los efectivos comenzaron a investigar bajo las directivas de la fiscal Mariana Curra Zamaniego, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 6 de Quilmes.
Casi al mismo tiempo que descubrían el homicidio, la hermana de Kevin Leandro González presentaba en la comisaría una denuncia por su desaparición sin sospecharque el joven había sido asesinado. La clave para vincular ambos casos fue la declaración de un testigo que denunció al ahora detenido.
“Me mandé una cagada..., maté a uno... lo tengo en el fondo de casa”, habría sido la confesión que esta persona escuchó de la propia boca del asesino. Ahora investigan si Rosales cometió el crimen bajo los efectos del alcohol o drogas.
El testimonio y otros indicios llevaron a los investigadores a la casa del presunto autor del ataque y encontraron un brazo izquierdo y partes de un torso quemados, ropa y armas blancas. Luego, en el arroyo Las Piedras, cerca de allí encontraron más restos de la víctima: la pierna derecha y el tronco. “Los vecinos dijeron que en la mañana del miércoles, este chico, que vive solo, prendió una gran fogata que llenó todo el barrio de humo e, incluso, fue a quejarse de esta situación”, explicó a Télam una fuente cercana a la investigación.
A pesar del trágico desenlace, los testimonios coinciden en que la víctima y su asesino solían reunirse todas las semanas. Rosales y González habían estado parte de la noche en la casa de otro amigo, y ya de madrugada habrían vuelto solo ellos al domicilio del acusado.
La fiscal Mariana Curra Zamaniego, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 6 de Quilmes, investiga el caso.


